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¿CUANTAS VECES DEFINIMOS ESTA VARIABLE?

Por Darío Lavia

 

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

El profesor Alabaum estaba ya un poco nervioso. El alumno Petrossi no había estudiado y trataba de zafar de la mala nota.

- Mire sr. Petrossi, usted me está tratando de pasar por encima, pero le aviso que no lo va a lograr. Vaya a sentarse, tiene una mala nota.

- Pero, profesor, yo estudié - dijo con vehemencia el joven Petrossi.

- Si, claro - se limitó a replicar el profesor.

La escuela es muchas veces un ámbito extraño al misterio, pero distintas aberraciones electromagnéticas provocaron alguna especie de ruptura a partir de la última palabra del profesor. Por alguna razón volvimos al momento en que Petrossi pasaba al pizarrón.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

El profesor Alabaum estaba ya un poco nervioso. El alumno Petrossi no había estudiado y trataba de zafar de la mala nota.

- Mire sr. Petrossi, usted me está tratando de pasar por encima, pero le aviso que no lo va a lograr. Vaya a sentarse, tiene una mala nota.

- Pero, profesor, yo estudié - dijo con vehemencia el joven Petrossi.

- Si, claro. - repitió el profesor. Todos estaban seguros que el profesor ya había dicho esa misma frase, pero no estaban seguros de cuando. Yo me percaté del pasaje. Pero al no estar seguro, permanecí en silencio. La frase volvió a provocar el mismo efecto. Volvimos al momento en que Petrossi pasaba al frente.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Esta vez dejé de prestar atención al escritorio del profesor. También dejé de lado el libro de algebra avanzada. Estaba seguro que esta escena ya había pasado antes, apenas unos segundos. Ahora tenía memoria lúcida. Estaba protagonizando una situación repetida a causa de una ecuación cerrada. Las moléculas que formaban la materia se habían curvado de tal materia que habían provocado un tapón que impedía el normal curso del tiempo.

La curva se extendía a lo largo de un intervalo de veinte segundos. Entre este lapso de tiempo teníamos dos frases dichas por el profesor. Ambas provocaban y desencadenaban el bucle. Y resultaban nefastas.

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

En cada uno de los episodios el profesor perdía el recuerdo de la anterior experiencia y volvía a iniciar el ciclo. Aparentemente no había salida. Y tampoco tiempo de calcular las variables de la ecuación del bucle. Veinte segundos de tiempo era un lapso muy corto. Cualquier movimiento que hiciera, al finalizar el tiempo, volvía a la posición original.

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Nunca se me había ocurrido tratar de solucionar un bucle espacio-temporal. De hecho no los había estudiado más que en un par de lecturas autodidactas. Algunos compañeros, al igual que yo, eran mudos e impotentes testigos de esta aberración. Pero, teníamos que hacer algo.

Según habíamos estudiado el tiempo y el espacio son magnitudes que no pueden ser tomadas por separado. Van unidas, como si fueran una sola.

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Pero veamos, de qué estaba hablando el profesor. ¿A qué variable se refería? Extrañamente recuerdo muy bien los veinte segundos del bucle, pero no tengo suerte intentando recordar el momento previo al inicio del bucle. Será porque estaba absorto en la lectura del libro.

Pero, claro, en el libro debería estar leyendo el tema que el profesor estaba tomando a Petrossi. Eso es...

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

De todas maneras, no tenía muchos datos. Estaban algunas explicaciones del cálculo de la capacidad de los cuerpos... pasé algunas páginas. No podía recordar el tema sobre el que respondía Petrossi.

Un compañero estalló en desesperación y se clavó una escuadra en la garganta. Su boca escupió varios borbotones de sangre. El profesor no se percató, y continuó el ciclo.

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Obviamente el compañero volvió a la vida, como por arte de magia, una magia matemática, tan real y exacta como lo que nos estaba ocurriendo a todos. A todos... ¿en cuántos lugares debería estar pasando lo mismo? ¿Sería solo en la escuela, en el mundo, en este universo?

No podía ahora estar seguro de que el profesor fuera la causa del desorden que estábamos presenciando. El compañero le arrojó el pesado manual de álgebra directo a la cabeza del profesor. El manual le provocó una seria herida en el ojo. El profesor se levantó airado e hizo a un lado a Petrossi, caminando tambaleante rumbo al pupitre de Zariocchi, el compañero en cuestión...

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Esta vez volvió todo a comenzar sin que el profesor dijera su ya clásico "si, claro". Zariocchi, quien al igual que yo, guardaba recuerdos de los anteriores bucles intentó hacer contacto conmigo. Comenzó a escribir una nota rápidamente y me la lanzó. El profesor no se dio cuenta. Cuando abrí el bollito de papel, pude leer:

" Black hole? Boquete espacio-temporal? "

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

El bollito desapareció de mi mano. Zariocchi volvió a escribir nuevamente y me arrojó el papel. Pero esta vez cayó en el pupitre de Ariazmendi, una jovencita no muy atractiva, pero si muy traviesa. Quizás incapaz de tomar conciencia de la situación le devolvió el bollito a Zariocchi.

Esta vez el profesor lo vio, y levantándose llamó a todos la atención, con un fuerte:

- ¡Orden! No se hagan los vivos...

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Zariocchi se dio cuenta rápidamente de lo que sucedía aunque no tenía idea de como detenerlo. Por lo pronto yo estaba ya bastante desorientado. El guardar la memoria de todos estos sucesos no era asimilable de un principio. Requería bastante paciencia.

Comencé a pensar una manera de terminar con esta situación.

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Ya Zariocchi había intentado suicidarse con ningún éxito. Su intento de eliminar al profesor fue nulo asimismo. De nada valía inentar darse cuenta o avisar a los compañeros. Al terminar el plazo de los veinte segundos, todo volvía a empezar, sin rastro de lo anterior. Como si se resetea una computadora.

Había una última esperanza. Eliminar al profesor. Zariocchi estaba por probarlo, pero tenía que hacerlo antes de que sea pronunciada la temida frase de inicio...

- Si, claro.

- ¿Cuantas veces definimos esta variable?

Justamente, Zariocchi comenzó a pensar en algún objeto contundente, cosa de arrojarlo al profesor antes de que la frase sea dicha. Para ello, cronometró la relación de sucesos anotando en segundos la ocurrencia de cada uno. La pregunta del profesor ocupaba el segundo 2 del lapso de veinte.

Zariocchi me hizo algún gesto, ya que se había dado cuenta que yo también permanecía con recuerdos sobre el bucle.

- Si, claro.

Zariocchi en ese momento, en un acto descomunal se paró en su pupitre y se abalanzó sobre el profesor con una furia increíble, como jamás había visto a nadie atacar a su prójimo.

Petrossi retrocedió asustado. Arizmendi se orinó encima. Yo observé mi reloj. Habían pasado cinco segundos cuando el cuerpo sin vida del profesor cayó sobre el escritorio. Zariocchi le había rebanado la yugular con su bolígrafo Parker.

Las chicas comenzaron a gritar. Los profesores de aulas vecinas acudieron. Estábamos cursando el segundo diez cuando entraron y vieron el sangriento espectáculo. Nadie se atrevía a tocar a Zariocchi. Él mismo estaba esperando que en cualquier momento todo se reseteara.

Pasaron quince segundos la rectora de la escuela hizo salir a todos los alumnos. Petrossi también se orinó. Zariocchi no manifestó ninguna violencia más, pero fue dejado en el interior del aula.

Yo salí también, confiado en que el tiempo volviera a resetearse. Estabamos en diecinueve segundos cuando la rectora telefoneó a la policía.

Lo último que recuerdo antes de desmayarme fue el rostro de Zariocchi. Reflejaba un sentimiento muy extraño, lector, ¿alguna vez te sentiste como Zariocchi? Ya iban 21 segundos y sin novedad.

(c) Darío Lavia, 2001
 
 

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