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LO SENTIMOS, CAMBIÓ EL SISTEMA

por Lola Ramone

Después de cinco horas de trabajo sobre la plancha, el doctor López salió a darle la noticia a la familia Quintana, recorrió el pasillo con lentitud y cansancio mientras se limpiaba la cara con un pañuelo. Estaba cansado y en uno de los cuartos había un niño llorando y gritando escandalosamente, "muy probablemente se cayó, los niños no tienen cuidado y yo tengo que llegar tarde a mi casa... Dios, haz que se calle" mientras una enfermera gritaba no impaciente sino desesperada "¡ya cállate escuincle!" el Doctor pensaba en si le daría tiempo de llegar a ver la repetición de Saturday Night Live. Cómo amaba los programas gringos, tan estúpidos, tan simples, no necesitaba mucho para entender sus chistes bobos y las carcajadas estentóreas grabadas y repetitivas le ahorraban el esfuerzo de hacer una sonrisa asimétrica.

El Doctor López dijo a la familia lo que en la escuela de medicina le dijeron que debía decir, esperó unos segundos intentando con el poco esfuerzo que le quedaba, sostener una mueca de "mi más sentido pésame" y después se retiraba aliviado cuando en la sala de espera se oían los gritos y gemidos de la madre de la niña en la plancha , mientras el padre inútilmente trataba de ahogarlos con su pecho. Margarita, la niña de la plancha, sólo observaba extrañada a su madre y al mismo tiempo se preguntaba cómo es que estaba ahí y allá a la vez y por qué su madre la ignoraba. No le dio tiempo de responderse estas preguntas porque todo a su alrededor comenzó a desvanecerse y sus pensamientos fueron envueltos por la oscuridad.

* * *

Sue Oropeza se encontraba formada en una fila enorme, al parecer ella era la última, pero había algo extraño, era como si supiera que tenía que esperar y lo que vendría después y aún más extraño era que definitivamente a pesar de sus presentimientos no entendía un demonio lo que estaba ocurriendo. Se alzaba de puntas y se asomaba intentando ver lo que sucedía al principio de la gran fila pero no consiguió ver nada, las personas ahí formadas tenían un aspecto muy extraño, algunas habían entablado ya una conversación y otras parecían estar tan confundidas como ella pero aparentemente tranquilas, pacientes, como alguien que resuelve un crucigrama que apenas está comenzando y no sabe cuál es la palabra número uno de nueve letras en horizontal. De repente sintió que alguien tiraba del saco de su traje sastre marca Pierre Cardine, volteó hacia abajo para ver al que tiraba de su prenda, era una niña de no más de siete años con el pelo castaño y quebrado, tenía dos mechones sobre la frente que la hacían ver muy linda y tierna, o sería que Sue adoraba a los niños.

-¡Hola! ¿Cómo te llamas?- dijo Sue en un tono amigable.

-Margarita - respondió la niña con timidez mientras abrazaba a un muñeco de peluche y miraba hacia su pie izquierdo que parecía querer taladrar inútilmente el piso con la punta.

-Ah, mucho gusto Margarita, yo me llamo Sue ¿Y él cómo se llama? - dijo Sue agachada para que su rostro quedara frente al de la niña y poder observar al muñeco de peluche que cargaba con ella.

-Se llama Lupito Payeyez... me lo regaló mi mamá.

-Ah, qué bien... ¿Vienes sola?- La niña miró hacia arriba para pensar su respuesta y después de un largo "mmmmmmmmh" asintió con la cabeza. Sue no estaba extrañada por su respuesta, pero sí lo estaba por no estarlo ante la situación en la que se encontraba. Margarita señaló una especie de tubo de metal en el tórax de Sue, el artefacto se hallaba incrustado en el pecho, justo en el corazón de la chica, también había algunos vidrios en su sien y sus uñas estaban rotas.

-Bueno, si no mal recuerdo, creo que tuve un accidente automovilístico. O sea que choqué mi auto contra algo... eso sí no puedo recordarlo. ¿Qué es lo último que recuerdas tú?

-Que mi mamá me dio la bendición, que estaba en la clínica y que me iban a curar del corazón.- dijo la pequeña enlistando encantadoramente cada una de las cosas que había dicho.

"Es cierto" pensó Sue mientras veía una enorme y fea abertura en el pecho de la niña, a la cual le dijo que probablemente lo mejor sería que esperaran en la fila hasta que "alguien" les indicara qué es lo qué seguía.

* * *

-Entonces qué Panchito ¿Nos vas a dar la lana si o no?¿O te vamos a tener que reventar? - Decía el sujeto al que sólo se le conocía como "El Zarampahuilo", sabría sólo aquel que le puso el apodo por qué.

-Güey... ¡te digo que lo puse donde me dijistes! Puse el número que me dijistes... neta... ¡ay, ya por favor, por su madrecita, ya no me peguen!

Todos dirían que Francisco había nacido marcado para ser un perdedor. Era feo, era chaparro, usaba lentes, su madre lo dominaba y era malo en todo lo que hacía. Diario compraba una revista pornográfica, se metía al baño y una anciana de blancos cabellos lo iba a sacar diario a escobazos, repitiendo mitos acerca de pelos en la mano y de cómo ésta se podía caer o de un tal "Diosito" que lo veía todo. Sólo a Francisco se le pasaba, siempre, ponerle el pasador a la puerta. Después de que la anciana a la que él llamaba "jefecita" terminaba de sermonearlo y obligarlo a rezar cinco avemarías, dos padrenuestros y un credo (el cual Francisco detestaba, por ser el más largo), Francisco o Panchito como despectivamente lo llamaban los demás, comía su sopa aguada y sus alas de pollo en chile pasilla, se limpiaba la boca con el mantel (por lo que su "jefecita" le propinaba golpes en la cabeza, por supuesto, a Panchito jamás se le ocurrió dejar de hacerlo) y se iba a conseguir "chamba". Una persona normal pensaría "si ya lo he hecho todo y no logro nada, esto debe funcionar, de todos modos no tengo nada que perder", Panchito pensaba "pus se ve que es una chamba fácil la del Zarampahuilo, sirve que me compro dos revistas en vez de una y le compro otro niño Dios a mi jefecita". No, Panchito tampoco era bueno haciendo mandados, y el Zarampahuilo pues, aunque fuera de los criminales más mediocres y de más baja ralea en la comunidad delictiva, era el menos imbécil de la colonia y tenía que actuar como uno profesional si quería llegar a las grandes ligas.

Así que después de escribir el Zarampahuilo, con pésima caligrafía un número de cuenta bancaria en un trozo de papel estraza, en la que Panchito (quien cabe mencionar, no sabía leer nada bien, a él sólo le gustaban las fotos y los dubujos) debía depositar un dinero que el gato del gato de un asistente de una secretaria de un abogado de un burrero que conocía a un tipo que sembraba hierba, le había pedido al Zarampahuilo que depositara. El Zarampahuilo quería llegar a las grandes ligas, pero para eso necesitaba tener otros "asistentes" por lo que encargó a Panchito su mandado, él tenía que ir a ver a Juana Hilda, su novia quien quería ir al baile de "Intocable".

* * *

-¡Yaaaaaaaaaa güeey, que ya no me peguen! - gritaba Panchito

-¡¿Pues dónde fregados pusiste la lana?! ¿Te la clavaste? ¿Quieres que le tumbemos su puesto de tamales a tu jefa? ¿eh? ¿Dónde pusiste la lana?

-...Donde tú me dijiste... te lo juro por la virgen, por San Antonio, por Diosito que todo lo ve y sabe que soy hornr.. ¡aay!

¿Era el Zarampahuilo un asesino? No, se necesita mucha sangre fría para ello. ¿Era el Zarampahuilo lo suficientemente inteligente como para saber que si se está jugando con una pistola cargada y sin seguro, probablemente le podría disparar a alguien? No, el Zarampahuilo no era inteligente.

* * *

Sue se había unido al grupo de conversadores, hablaba con una anciana que parecía una abuela de película. La anciana se sentía terriblemente arrepentida por jamás haber perdonado a su hija de casarse con aquel muchacho, no le había dado tiempo de despedirse de ella y decirle cuánto la quería. Pero también sentía que había vivido una vida plena y que su hija entendería que ella creía hacerlo por su bien.

-¿Y tú hija, tú qué haces... o hacías? - preguntó la anciana a Sue con un tono lleno de comicidad.

-Bueno, yo era estudiante de derecho y voluntaria en un albergue de niños con pocos recursos. Les llevaba ropa, les leía, a veces fungía como maestra. Eran unos niños lindísimos, muy nobles. Supongo que era por su condición económica.

-¿Y ella? - la anciana señaló a Margarita.

-Bueno, esta niña preciosa jugaba con sus muñecas, iba a la escuela y se dedicaba a ser muy traviesa ¿verdad? Su nombre es Margarita- La niña se sonrojó (al menos, eso parecía que pasaba en sus pálidas mejillas) y rió tímidamente mientras abrazaba el regazo de Sue.

-Hola joven, ¿Cómo está? - El hombre recién llegado miró con extrañeza a la mujer vieja, casi como si estuviera oliendo algo realmente desagradable, miró a todos lados mientras se tocaba y frotaba un orificio en su garganta. Se formó tras la anciana y se dedicó a esperar.

¿Qué es el tiempo cuando no hay necesidad de medirlo? Tal vez nada, tal vez el no medirlo ayude a que a voluntad las cosas pasen "más rápido" o "más lento" o más bien, a que ni siquiera se le de importancia a ese aspecto y pase desapercibido.

Finalmente Sue, la niñita, la anciana y el fracasado parecían estar cerca de lo que parecía una habitación. No, no era una habitación, era una enorme luz por la que se podía atravesar, era como una puerta de esas que en la ciencia ficción te ayudan a trasladarte de una dimensión a otra. Entonces, si eso era una puerta, lo que había del otro lado podía ser una habitación.

Las cuatro personas, si es que aún se les podía considerar así, sintieron el cosquilleo que se siente en el estómago cuando algo bueno o malo va a pasar, como mariposas en el estómago. Sue pensó en el hecho de que verdaderas mariposas estuvieran en su estómago, retorciéndose porque los jugos gástricos les quemaban las alas y el cuerpo; abandonó de inmediato ese pensamiento al escuchar la voz de la niña.

-¿Dios va a contar mis pecados para ver si me voy al cielo?- preguntó Margarita con voz tierna llena de incertidumbre.

-¡Pero si tú no tienes pecados! ¿Qué podría haber hecho una niñita tan linda como tú que fuera tan malo?- esta vez, Margarita no rió tímidamente esta vez, más bien frunció su boquita y volteó a ver a Sue con decepción.

-Es que, antes de ir al hospital me hice pipí en la ropa, a propósito, comí y mi mamá me dijo que no debía hacerlo. Pero no le dije nada, cuando me querían llevar al hospital mordí y arañé a mi papá en el brazo, es que me daba miedo la operación. Qué tal si diosito me manda al infierno por eso.- una lágrima cayó por la mejilla de la niña y Sue la abrazó inmediatamente jurándole que Dios jamás sería capaz de hacerle eso a una niña.

En la mente de los cuatro se escuchó una voz o mensaje que más o menos quería decir "Los siguientes cuatro".

Al atravesar se dieron cuenta que lo que había al otro lado del portal, era una especie de cámara obscura, pero no se distinguían ninguna de las paredes, quién sabe que forma tendría el cuarto. El cuarto no parecía tener ninguna fuente de luz, sin embargo, parecía que cada uno de los integrantes del grupo de cuatro tenía luz propia, era como si se hubieran puesto una lámpara bajo el mentón, sólo se podía distinguir del pecho hacia arriba.

La iluminada y pálida cara de Margarita se escondió en el vientre de Sue, que la abrazó para confortarla.

-¿Qué es esto? ¡¿Qué es esto?! ¡¡Mamáaaaa!! ¡Ya no lo vuelvo a hacer... te lo juro, mamacita, jefecita, perdóneme... ya no quiero que me pase esto... ¿eres tú Zarampahuilo? ¡Te digo que yo no te robé tu lana! ¡Auxilioooo!-

Panchito por supuesto, jamás fue bueno para las situaciones que lo ponen bajo presión y al escuchar a esa niña hablando sobre sus estúpidos pecados él comenzó a recordar todas las veces que se había metido al baño con las revistas, las veces que había robado dinero a su mamá para comprarlas, las veces que se imaginaba a sí mismo cometiendo pecado carnal con su vecina de trece años y la vez que de hecho obligó a su vecina de 13 años a cumplir su fantasía y sólo sus almacenes de memoria oxidados sabrían cuántas más cosas.

-Joven, joven, ya cálmese, Dios es bueno, si usted se arrepiente sinceramente de sus pecados, como yo, seguramente lo va a perdonar...

-¡Usted cállese mugre viejita castrosa! ¡Yo no quiero estar aquí, no estoy listo!

Sue permanecía solemne, parecía un tanto frívolo pensar en ello en ese momento pero se decía a sí misma "qué bien, yo he sido buena chica toda mi vida, buena hija, buena estudiantes, hago lo de los niños pobres, me he portado amable con todos en este lugar tan extraño, creo que no hay nada de qué preocuparme".

El escándalo y sus pensamientos no les permitieron percatarse de que había una quinta ¿persona? En la habitación, parecía ser una chica. Era una joven de cabello rizado, tez pálida o mejor dicho, amarilla, ojos cafés y apagados. Parecía ir vestida con una camiseta que decía "I love New York". La chica sólo los observaba como quien observa la nada.

-Hola- dijo Sue- ¿tú también estás aquí por lo mismo?

La muchacha permaneció callada, no era muy bonita, de hecho, no era algo abominable pero no era definitivamente algo hermoso, probablemente eso hacía más molesto su rostro, no era... interesante del todo. Panchito guardó silencio y dejó de sollozar.

-Oye, niña ¿qué haces aquí? - preguntó la anciana con tono severo

-¿Estás aquí por la misma razón que nosotros?- preguntó Sue con ese estúpido tono condescendiente que comenzaba a hartar a todos.

-Nop- dijo la muchacha sin aparente expresión en su frase, sólo un "nop" indiferente. Sacó una libreta y comenzó a hojear; habló nuevamente para nombrarlos a todos mientras leía de la libreta.- bien, bueno, sabrán que el sistema ha cambiado, así que, su eh... destino, será decidido según las reglas del nuevo sistema.

-¿Nuevo sistema? ¿Qué es eso del nuevo sistema?- Dijo Sue perdiendo la paciencia de la que se jactaba hace algunos minutos. Por fin la extraña niña mostraba una expresión de mal modo y fastidio.

-Bueno, sí, ya saben, antes venían, analizábamos su vida y los mandábamos a un lugar según su comportamiento o bien regresaban a la tierra en una forma de vida distinta, luego se morían y volvía a pasar lo mismo. Ahora, otro ha tomado el cargo y parece que los parámetros han cambiado.

-¿Dios va a juzgarme?- dijo Margarita sollozando.

-¿Quién es Dios?- preguntó la extraña mujer que hablaba de un nuevo sistema.

-¿Cómo que no sabes quién...? ¿Para quién trabajas? ¿quién es tu nuevo patrón? ¿te dijeron el nombre? ¡¡Habla estúpida!!- Sue gritaba con una visible desesperación, estaba perdiendo el control, incluso arrojó a Margarita hacia otro lado.

-¡No sé, no sé!- dijo finalmente la chica- sólo sé que el sistema cambia cada determinada etapa. Nunca he conocido a ninguna administración, yo sólo recibo órdenes de otros. Ya les dije, antes la gente regresaba en otras formas de vida, ahora parece que según una lista de acciones prohibidas y permitidas que tengo aquí, debo determinar si se van a un lugar donde son torturados durante toda la duración de esta etapa, o a otro donde esperarán a que pase no sé que cosa y alguien venga por ustedes para llevárselos a otro lugar.

-¿Qué son esas acciones no permitidas?- preguntó la anciana mientras Panchito hacía lo más inteligente que jamás había hecho en su vida, quedarse callado.

-Bueno... eh, creo que, no deben de acabar con formas de vida similares a la suya, parece que sí pueden acabar con otras... mmh... no deben ejecutar actos ¿Sexuales? Con formas de vida como las suyas a menos que sea para crear más vida... eh... deben honrar, venerar, amar sobre todas las cosas y sobre otras formas de vida a la nueva administración... y yo qué sé...

Sue suspiró aliviada, parecía no importarle lo extraño que sonara todo aquello de los cambios de sistema, únicamente el hecho de que parecía que su vida la había regido según "la nueva administración".

-En fin, apresuremos esto- dijo la extraña joven- ¿Quién es Margarita?

La niña avanzó con inseguridad y se presentó, la joven comenzó a murmurar unas cosas según la libreta y finalmente dijo:

-Según esto, tú debes ir a un lugar denominado "infierno", vaya creo que antes tenía otro nombre- dijo la joven con aparente ignorancia de lo que estaba hablando.

-¿Qué? ¡Pero no hice nada tan malo como para que me mandaran allá! No quiero ir... nooooooo- Margarita sollozaba con desesperación blandiendo su muñeco y presionándolo contra su pecho abierto, su cuerpo comenzó a convertirse en polvo y se desmoronó como una estatua de arena. No quedaba rastro alguno de ella.

Los otros quedaron atónitos ante el hecho... alguien definitivamente debía ir al infierno pero se suponía que Dios amaba a los niños ¿no? Sue inmediatamente pensó "fue por los orines, la comida y los arañazos, fue eso, fue eso, la mocosa no debió ser tan mala con sus padres, yo he sido buena toda mi vida, lo he sido, lo he sido..."

La siguiente en la lista, fue la anciana, quien se sorprendió que el arrepentirse de jamás haber aceptado al esposo de su hija no fuera suficiente como para merecer que su cuerpo comenzara a caerse en pedazos de carne como un rompecabezas que irían directo al infierno. La anciana se había ido también.

-Yo... h-he... sido buena, nunca hice nada malo, ni de niña, me reprimí por completo, incluso, soy virgen, se supone que eso me da... puntos... ¿no?

-Bueno, es que el sistema cambió señorita Sue, parece que a falta de abasto para analizar la vida completa de todos ustedes, la nueva administración sólo toma los últimos momentos de ésta... y usted... parece que al estrellar su automóvil contra un poste de luz provocó que éste se cayera y matara a una anciana que iba pasando, y como aquí menciona, acabar con formas de vida similar a la suya está prohibido, me temo que deberá ir al infierno también....

Sue no podía creerlo, qué podía pensar ¿Maldito Dios? Ni siquiera estaba segura de que existiera o de que fuera el que ella pensaba, sólo se percató de que sus terminales nerviosas parecían empezar a funcionar de nuevo y sólo sentía dolor y mucho miedo.

-Bueno señor, usted parece ser el último- dijo la chica dirigiéndose a Panchito, quien ya se había resignado a su destino, al menos, se iría con dignidad como solía decirle su jefecita (en esos momentos formada en la fila donde él había estado a causa de un poste de luz en su cabeza)- Ah, qué le parece, usted irá al otro lugar donde deberá esperar el otro gran suceso- Panchito no lo podía creer, las tres mujeres escandalosas se habían ido al infierno y él, bueno, no sabía con certeza a dónde iría, pero sabía que no era al infierno, confundido preguntó a la joven rara cuáles habían sido sus acciones en los últimos momentos de su vida.

-Bueno, aparentemente hizo un generoso donativo a la cuenta bancaria de un Albergue de Niños pobres que recién acababa de perder a su protectora y principal donadora. Bueno, atraviese ese umbral por favor, es su camino.

-¿Y luego qué hago? - preguntó Panchito aún confundido..

-Eh... pues, no lo sé, esperar, supongo. Sabría qué decirle en estos casos pero el Sistema cambió.

(c) Lola Ramone
 

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