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EL SEXTO MANDAMIENTO


por Karina N. Giannetti


No sería sencillo deshacerme del cadáver, después de dos días escondido en mi habitación y a pesar de la bolsa plástica ya comenzaba a despedir un olor pestilente, pero era imposible sacarlo ya que mi hermana decidió quedarse unos días y yo con ese pedazo de carne en descomposición, que alguna vez he querido, escondido en mi closet.

Delia, mi hermana, me había llamado preguntándome si sabía algo de mamá, dijo que se iba a pasar el día a las montañas con una amiga pero ya habían pasado dos y mamá no llamaba, y como sabía que Raúl, mi marido, estaba de viaje me pidió si podía quedarse para que la ayude a encontrar a nuestra madre, una mujer tacaña y desleal que siempre se olvidó de sus hijas pero que tuvo muy presente cuanto hombre se haya cruzado en su camino olvidándose también de su marido, mi pobre padre murió cuando ella nos abandonó por tercera vez para ir detrás de uno de sus amigos, era tanto el amor que él sentía hacia su mujer que no pudo soportarlo y se quitó la vida, desde aquel día el cariño que sentía hacia mi madre se desvaneció completamente y llegó hasta el deseo de verla muerta.

No pude negarme a alojar a Delia en casa aún sabiendo en la difícil situación que me encontraba.

Al otro día de la llegada de mi hermana tuve que ayudarla a hacer unos llamados telefónicos a los amigos de mi madre sabiendo que era inútil buscarla, así que acudí a mis capacidades histriónicas y demostré una preocupación que ni en las mejores obras teatrales se ha visto, aún así mi madre no aparecía por ningún lado y mi hermana estaba cada vez mas afligida mientras que yo por demás satisfecha, es importante destacar que Delia no padeció tanto la muerte de mi padre, era muy pequeña y en ese momento no entendía muy bien que era lo que había sucedido es por eso que la desaparición de mi madre la tenía sobre ascuas, ella no sentía el desprecio que yo profesaba hacia aquella mujer.

Mi habitación quedaba junto a la que en aquel momento ocupaba Delia, así que tenía que evitar por todos los medios posibles que ella sintiera algún olor desagradable o ingresara al lugar, aunque estábamos en invierno tenía las ventanas de esa parte de la casa abiertas, principalmente la de mi dormitorio y el suyo pero Delia no podía entender como yo no sentía el frío y cerraba la ventana de su cuarto así que, en cuanto veía que ella se alejaba del lugar, volvía a abrirla argumentando que la casa era demasiado pequeña y debía ventilarse para que el aire no se enviciara.

A los dos días de la llegada de Delia y cuarto de tener el cuerpo en mi closet, decidí sacarlo para ponerle mas bolsas ya que el olor resultaba intolerable y Delia lo notó muy mínimamente sin darle demasiada importancia, esperé hasta estar segura que ella dormía y puse manos a la obra, cuando estaba por concluir la tarea mi hermana entró al lugar totalmente desquiciada diciendo que ya no soportaba mas y que creía que a nuestra madre le había ocurrido algo, que no podía dormir y que necesitaba desahogarse un poco, se encontraba tan mal que no notó que a mis pies había un cuerpo, se acercó a mí y me abrazó llorando desconsoladamente, en ese momento me sentí desfallecer, pero su congoja no le permitía ver mas allá del sufrimiento que sentía, intenté sacarla del lugar, pero me fue imposible, se sentó en mi cama diciéndome lo desesperada que se encontraba y yo estaba inmovilizada en el centro del cuarto, hasta que en un momento dado reparó en el bulto que había a mis pies, me preguntó que era lo que contenía aquella bolsa, intenté decirle que simplemente se trataban de unas mantas enrolladas, pero la siguiente pregunta me hizo estremecer y no pude articular palabra alguna, quería saber que era el líquido que despedía aquella bolsa, yo no había reparado en ello hasta que bajé la vista y vi que parte de ella tenía una fisura, luego se levantó de la cama y pude percibir como olía la habitación, volvió a mirar hacia abajo y cuando levantó la mirada sentí que todo mi plan se había ido por la borda, se agachó para descubrir el cuerpo, le rogué que no lo hiciera, pero continuó, cuando vio la cara del cadáver solo me hizo una pregunta:

_ ¿Por qué?

Caí al piso, casi desmayada, sin fuerzas, a los pocos minutos pude recuperarme y sencillamente decirle:

_ Odio el engaño, vi como mi padre se quitó la vida a causa de la traición y juré que eso jamás me ocurriría, es por esto que cuando descubrí que Raúl me engañaba simplemente lo maté.

(c) Karina N. Giannetti Marzo 2003

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