{upcenter}
{upright}

 

SENDERO DE SANGRE

Por Quino-Wan

(Volvamos al Capitulo 2 )

 

( En este tercer capitulo cambiamos completamente de escenario. Trata sobre La Orden de las Cenizas Amargas, el segundo de los tres grupos que se disputarán la búsqueda de la Urna de Cristo. Este grupo tiene una extensa historia anterior a los acontecimientos que se narran aquí, así que ahí va un resumen para poneros en antecedentes...
Año 925 D.C. La religión Islámica se halla en pleno apogeo. Por medio de la guerra santa que predicaba Mahoma los musulmanes llevaron a cabo una gran expansión desde Asia, conquistando el norte de África y entrando en Europa desde España. La Iglesia consideró un ultraje el que las tierras sobre las que caminó Jesucristo estuvieran en manos de no creyentes. Uniendo fuerzas con los reinos Europeos comenzaron una serie de campañas conocidas como las Cruzadas con el objetivo de recuperar Tierra Santa y crear caminos seguros para el peregrinaje a Jerusalén. Pero los musulmanes eran guerreros enormemente feroces y las primeras campañas fueron un desastre, por si fuera poco las fronteras Europeas empezaron a verse amenazadas. La Iglesia y los reinos Europeos, al verse acorralados, pidieron ayuda a Sajonia, la ciudad de la magia, y a los vampiros. Debido a que los magos no eran creyentes solo mandaron un reducido grupo de efectivos; pero los vampiros, quienes veían en la llamada de la Iglesia la oportunidad de expiar sus pecados por su condición de bebedores de sangre, respondieron a la llamada en masa.
De todos los rincones de Europa cientos de vampiros acudieron al Vaticano, allí fueron bendecidos por el Papa y este les dio un nombre: La Orden de la Ira de Dios. Gracias a esta Orden los Cristianos no solo lograron tomar Jerusalén, sino que sometieron las demás tierras Musulmanas. Las décadas fueron pasando y con el tiempo más y más vampiros se unían a la Orden de la Ira de Dios hasta que llegaron a ser la fuerza más importante de la Iglesia, por encima incluso de Caballeros Templarios e Inquisidores. La Iglesia, viendo que la Orden de la Ira de Dios se había trasformado en una fuerza demasiado poderosa y temiendo que se les fuera de las manos, decidió eliminarla. A principios del siglo XI el Papa acusó de herejía y de servidores del Diablo a todos los miembros de la Orden. Durante los años que siguieron la Orden fue diezmada, ya que la Iglesia conocía los lugares donde estos vampiros se escondían de la luz del día y de esta forma les daban muerte con facilidad. Solo once miembros de los más de mil que formaban la Orden sobrevivieron, gracias a que la luz del Sol no les afectaba y no se veían obligados a entrar en letargo durante el día. Estos once vampiros se llamaron a si mismos la Orden de las Cenizas Amargas y juraron destruir a la Iglesia y a los cobardes humanos que les habían traicionado. Durante los años siguientes se vieron implacablemente perseguidos por la Iglesia, decidida a eliminar hasta al ultimo miembro de la desaparecida Orden de la Ira de Dios.
En el año 1069 la Orden tuvo un encuentro con un misterioso ser que era conocido simplemente como el Extraño sin Edad. Este les instó a que comenzaran una búsqueda: la búsqueda del Santo Grial. Tambíen les dio ordenes extrictas de destruirlo nada más encontrarlo, ya que era un objeto que encerraba un poder demasiado grande como para seguir existiendo. Pero Wolfgang Kaiser, el líder de la Orden, tenía otros planes.
Después de una larga busqueda los vampiros encontraron el Grial en la inhóspita region conocida como las Tierras Yermas, el lugar que durante la creación del mundo fue conocido como el Paraiso Terrenal. Esa tierra estaba ocupada por los supervivientes del numeroso ejercito de monstruos que sirvieron a Lilith durante la Guerra de las Brujas. Despues de pasar por numerosos peligros y enfrentamientos con abominables criaturas, la Orden de las Cenizas Amargas consiguió el Santo Grial... aunque dos de sus miembros dieron su vida para conseguirlo.
Ya con el Grial en su poder, la Orden trazó un plan para poder vengarse de la Iglesia. Por mediación del Grial lograron despertar a uno de los tres Primogénitos de Caín, el que era conocido como Melkaia. El Primogénito creía en la supremacía de los vampiros, en un mundo gobernado por él en el que los humanos eran simples animales de granja, con una sola razón de existir: servir de alimento a sus amos Vampyr.
Con este poderosísimo aliado, la Orden de las Cenizas Amargas al fin podría llevar a cabo su venganza...)

 

EPISODIO 1: LA GUERRA DEL GRIAL.
Capitulo 3: La Orden de las Cenizas Amargas. Primera Parte

 

I

Jerusalén, año 1126 D.C.

LA LUNA AUN BRILLABA en el cielo, faltaban bastantes horas para el amanecer. Centenares de hogueras dispuestas alrededor de la ciudad amurallada de Jerusalén iluminaban la noche. Alrededor de esas hogueras se arremolinaban los soldados del ejercito de Mahoma, esperando expectantes entrar en combate. Dos de esos soldados; Abdul y Ramad, conversaban en voz baja mientras se arropaban en sus gruesas capas. Era una noche fría, más de lo que solían ser las noches de finales de septiembre.
Abdul, de 42 años de edad, perdió a sus padres y a todos sus hermanos excepto a uno durante la ultima Cruzada. Su padre fue asesinado cobardemente y su madre y sus hermanas fueron violadas a manos Cristianas. Poco después y no pudiendo soportar la humillación, las mujeres se suicidaron. Habían pasado catorce años, desde entonces Abdul clamaba venganza. Y tuvo su oportunidad cuando Mahoma bajó del paraíso para liderar a sus hijos en la expulsión de las huestes infieles de las tierras del Profeta. Abdul dio gracias a Alá una vez más por permitirle vivir esos momentos gloriosos para su pueblo. A su lado, su hermano Ramad, veintidós años menor que él, le hablaba con los ojos henchidos de orgullo, Abdul también se sintió orgulloso por su hermano cuando escuchó lo que este le decía.
- Alá me va a bendecir con otro hijo, Leitia me lo ha dicho esta mañana.
- Mis más sinceras felicitaciones hermano.-Dijo Abdul mientras le besaba en las mejillas.-Cuando esta batalla termine lo celebraremos.
- No quería decírtelo.-Dijo Ramad mientras miraba a la hoguera y se rascaba la barbilla recién afeitada con nerviosismo.-Al menos no todavía.
- Me imaginaba que te ocurría algo. Llevabas todo el día muy pensativo.
- Esta es mi primera batalla, hermano.-Ramad alzó la cabeza y miró el rostro repleto de cicatrices de su hermano, ocultas en parte por la barba y el turbante.-Estoy enormemente orgulloso de luchar por nuestro pueblo. Pero yo no soy como tu. Tu llevas toda tu vida luchando, y yo... si muero, ¿qué será de mi familia?.
- Éramos once hermanos, Ramad, ahora solo quedamos tu y yo. Ha llegado el momento de vengar a los nuestros. Estoy seguro de que nuestro padre y nuestros hermanos nos observan en estos momentos desde el paraíso. No olvides que el Profeta está con nosotros. En unos pocos meses hemos conseguido más cosas que en varios años. Hemos arrebatado nuestras tierras de las garras de los infieles.-Abdul miró a las estrellas.-Es hora de que los Cristianos sufran lo que nosotros sufrimos. Es la voluntad de Alá.
Ramad se sorprendía mientras miraba a su hermano, las llamas de la hoguera iluminaban su rostro curtido en cientos de batallas. Después de que la ciudad de Yhemen fuera arrasada por los Cristianos y toda su familia (excepto su hermano menor) fuera asesinada, Abdul Ed-Harar dedicó su vida a la guerra. Había visto horrores que ni siquiera Ramad se podía imaginar y había sobrevivido. En este ultimo año, en el que el Profeta Mahoma había descendido del paraíso para castigar a los infieles su hermano había luchado sin descanso. Todas las tierras arrebatadas por los Cristianos en las Cruzadas habían sido recuperadas. Ahora Mahoma se preparaba para conquistar Europa y devolverles el sufrimiento de su pueblo multiplicado por mil. Pero Ramad había oído rumores sobre los misteriosos guerreros que rodeaban a Mahoma, rumores que no podía creer que fueran ciertos.
- Hermano, ¿pero que hay de lo que dice la gente?.-Ramad habló en voz baja, temiendo ser escuchado por los soldados que había a su alrededor, aunque la mayoría de ellos dormía.-Esos rumores de que los guerreros que rodean a Mahoma son... bebedores de sangre.-Ramad dijo esto ultimo en un susurro apenas audible.-Además, se dice que Saladino es uno de los principales siervos de Mahoma. Creía que ese Saladino era solo una leyenda.
- ¿Qué importan las leyendas hermano?.-Abdul habló con voz normal, no temía (o no le importaba) el ser escuchado.-- ¿Y que importa si los bebedores de sangre luchan a nuestro lado?. Lo que importa es que esos bebedores de sangre beben sangre Cristiana, al igual que esto.-Abdul desenvainó su cimitarra y se la enseñó a su hermano menor.-Te contare algo, yo estuve presente el día en que arrebatamos Jerusalén a los Cristianos, el día triunfal en el que Mahoma entró en las puertas del templo del sumo sacerdote. Nunca olvidare la visión del Profeta, su pelo era más oscuro que una noche sin estrellas y su piel, su piel era un espejo que reflejaba todo lo que había alrededor. Yo me vi reflejado en él, todos nos vimos reflejados en él.
Su presencia llenaba el corazón de todos nosotros mientras subía triunfante los escalones del templo de los infieles. A su derecha estaba Saladino, su piel era del color de la roca y a su izquierda estaba el líder de la Orden de las Cenizas Amargas, su pelo del color del oro brillaba a la luz del alba. Cuando Mahoma llegó a las puertas del templo, el sumo sacerdote Cristiano, un infiel gordo y seboso con todo su cuerpo repleto de las joyas que había robado a nuestro pueblo, se arrodilló ante él y pidió clemencia, arrastrándose a los pies del Profeta como un perro hambriento se arrastra ante su amo pidiendo comida. El profeta le agarró del pelo y le cortó la cabeza, luego se giró hacia nosotros y alzó la cabeza del infiel con un gesto triunfante.-Abdul detuvo su relato, se dio cuenta de que no solo su hermano lo estaba escuchando, muchos otros hombres jóvenes se arremolinaban alrededor de él y escuchaban ensimismados.
- ¿Y es cierto lo que cuentan?.-Dijo Ramad excitado.-- ¿Lo del rayo?.
- Si, es cierto. El profeta nos dijo con una voz atronadora, con la voz de todos los guerreros de Alá que habían caído en las Cruzadas: "La guerra con los infieles ha terminado, ahora vuestras mujeres e hijos pueden vivir en paz. Pero yo pienso seguir adelante. Llevaré la guerra a las tierras de las que proceden los infieles. ¿Quién de vosotros, hijos de Alá, va a seguirme?". Todos los que estábamos presentes alzamos nuestras espadas y nuestras voces al cielo, clamando venganza contra los infieles. El Profeta arrojó la cabeza del falso sacerdote al interior del templo que los infieles construyeron sobre la sangre de nuestro pueblo, acto seguido él y sus dos acólitos descendieron las escaleras; entonces un inmenso rayo se precipitó desde un cielo sin nubes, impactó en el templo y este se derrumbó. No quedó una sola piedra en pie. En ese momento supe que mis ruegos a Alá habían sido escuchados y que hasta la ultima cabeza Cristiana del mundo occidental rodaría gracias a nuestras cimitarras... y gracias al Profeta.
- Entonces no entiendo como el príncipe El-Razid ha podido traicionarnos.-Dijo
uno de los jóvenes.-Ahora tenemos que volver a luchar para reconquistar Jerusalén.
El príncipe Mohamed El-Razid había sido designado por Mahoma en persona como nuevo gobernante de la ciudad de Jerusalén; incomprensiblemente una semana después El-Razid le había declarado la guerra a Mahoma. El Profeta envió un emisario para intentar hacer entrar en razón al Príncipe. En respuesta este envió de vuelta solo una parte del emisario, la cabeza, y se acuarteló en Jerusalén, diciendo que estaba preparado para la guerra y acusando al Profeta de ser un impostor.
Esa era la razón por la cual se encontraban de nuevo acechando Jerusalén, primero tuvieron que arrebatársela a un infiel, ahora tenían que arrebatársela a un traidor. Pero esta vez sería más fácil. En la ocasión anterior Abdul se la tuvo que ver con los feroces caballeros Templarios y con los poderosos magos occidentales. Esta vez el enemigo estaba formado solo por guerreros. Guerreros que se habían apartado del camino de Alá y tenían que pagar por ello.
Abdul miró el rostro de los jóvenes que estaba sentados cerca de él y los veía temerosos de entrar en batalla. Para muchos de ellos era la primera vez que luchaban. Esos jóvenes estaban ahora bajo su mando, así que decidió tranquilizarlos.
- No os preocupéis.-Dijo Abdul mientras se echaba hacia atrás y sonreía, abandonando la expresión seria que había tenido durante toda la noche.-La Orden de las Cenizas Amargas nos acompaña. Los he visto luchar antes y, creedme, los traidores se estarán orinando encima en estos momentos al pensar que tendrán que combatir contra ellos. Descansad durante unas horas, nos levantaremos para los rezos al amanecer. Después partiremos hacia la victoria.-Al terminar de decir esto Abdul cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.
Los demás soldados se retiraron a descansar. Antes de dormirse, Ramad sonrió al pensar que su hijo nacería en una tierra liberada del yugo de los infieles. Se sintió orgulloso de contribuir con su espada a que ese sueño se hiciera realidad; su temor se disipó, estaba preparado para la batalla. Pidió a Alá que su hijo fuera varón y se durmió profundamente.


II

- NO ENTIENDO QUE ES LO que pretende El-Razid. Hay que ser demasiado imbecil como para pensar que se puede tener alguna posibilidad contra nosotros, y El- Razid no es ningún imbecil.
El hombre que había hablado respondía al nombre de Roberto Guerrero. Era un antiguo Cruzado que provenía de las tierras del norte de España; tenía 26 años de edad, aunque solo en apariencia, ya que él, al igual que sus compañeros, era un vampiro. Casi tres siglos atrás fue convertido en lo que era ahora por un vampyr llamado Ahasver el Maldito. Actualmente era un miembro de la Orden de las Cenizas Amargas. Tanto él como sus nueve compañeros luchaban ahora contra la institución a la que una vez dedicaron sus vidas: la Iglesia Católica.
Todos los miembros de la Orden de las Cenizas Amargas excepto uno estaban reunidos en el interior de una tienda de campaña, ligeramente apartada del lugar donde el ejercito de Melkaia asediaba Jerusalén. Melkaia les había otorgado la misión de castigar al príncipe traidor, Mohamed El-Razid, y recuperar Jerusalén. En este momento debatían, alrededor de una mesa, los motivos de la traición de El-Razid.
- Tienes razón Roberto, si El-Razid se ha revelado contra nosotros es porque él cree que puede permitírselo, aunque no logro ver que pretende.-El colíder de la Orden de las Cenizas Amargas, el Germano Wolfgang Kaiser, miró mientras hablaba a la mujer que junto a él lideraba la Orden, su hermana melliza Gwyneth Kaiser.-- ¿Aun no has logrado contactar con Adrian?.
- Aun no.-Gwyneth Kaiser, una bellísima mujer que aparentaba tener 32 años, miró a sus compañeros preocupada.-Algo bloquea mis poderes mentales, no se lo que puede ser, pero sea lo que sea está en el interior del palacio de El-Razid. Estoy desconcertada, nunca antes me había pasado esto.
- ¿Creéis que Adrian corre algún peligro?.-La mujer que había hablado, una joven pelirroja francesa llamada Jeannie Deveró, se movió nerviosa en su asiento.-Esto me huele mal, creo que cometimos un error al enviar a Adrian sin saber antes cuales eran las intenciones de El-Razid.
- No te preocupes Jean, seguro que el chico está bien.-El que había hablado era un Escocés de aspecto salvaje que aparentaba tener 47 años llamado Larson McArthur.-Seguramente si no ha contactado con nosotros será por que le ha pasado lo mismo que otras veces, se habrá metido demasiado en su papel y creerá que es la persona a la que ha suplantado.
- De todas maneras contaba con que Adrian nos informaría de que es lo que trama El-Razid antes de que demos comienzo al ataque.-Wolfgang se levantó de su asiento inquieto y empezó a dar vueltas alrededor de la sala.-Melkaia quiere que haya las menos bajas posibles, tenemos que mantener a los musulmanes unidos y una masacre entre hermanos no es la mejor manera de conseguirlo.
- Entonces vayamos directamente del punto A al punto B. Que Roberto nos lleve hasta la madriguera de El-Razid; matamos al Príncipe y sus seguidores se rendirán al instante.-Larson miró a la silenciosa muchacha de origen asiático que se sentaba a la derecha de él. Después de que ambos cruzaran una mirada Larson asintió y se dirigió a sus otros compañeros.-Miho está de acuerdo conmigo.
- Pero si aparecemos de repente podemos poner en peligro a Adrian. Creo que es mejor que antes anunciemos nuestra llegada. De todas maneras El-Razid con toda seguridad nos estará esperando.-El caballero de origen Bretón llamado Christopher Johansen, el más viejo (aunque solo en apariencia) de los nueve compañeros, se adelantó en su silla mientras hablaba.-Que Roberto nos teleporte dentro de las murallas de la ciudad y allí nos abriremos paso hasta el palacio. Con Rock delante nuestra para ir abriendo camino, claro.-Terminó de decir mientras miraba al inmenso hombre que se sentaba (en el suelo, debido a sus increíbles dos metros y medio de estatura) a su lado.
- Me parece un buen plan, simple, pero efectivo.-Rock Creid, un Bretón que aparentaba 35 años de edad y uno de los hombres más altos del mundo antiguo, habló con la voz calmada y pausada que era habitual en él.-De todas maneras no debemos confiarnos.
- Tienes razón.-Gwyneth miró a la única persona (aparte de Miho la cual era muda) que aún no había hablado. Se trataba del miembro más antiguo (y con diferencia) de la Orden: el egipcio Ramses; quien no era otro que el faraón que una vez gobernó Egipto bajo el nombre de Ramses II.-Ramses, aun no has hablado, ¿qué es lo que te preocupa?.
El hombre de piel oscurecida por siglos y siglos de exposición al sol Egipcio y que aparentaba poco más de treinta años de edad, aunque ni el mismo sabía cual era su verdadera edad, dejó atrás sus pensamientos cuando escuchó su nombre y miró a sus compañeros por primera vez en varias horas.
- No estoy seguro, pero siento algo. Una presencia familiar. Pero no logro adivinar
que puede ser lo que me inquieta.-El Egipcio era uno de los vampiros mas antiguos del mundo. En los vampiros cuya vida se contaba por milenios eran frecuentes las grandes lagunas de memoria que Ramses solía padecer frecuentemente.
- Si hasta Ramses se siente inquieto, es razón de más para que vayamos con pies de plomo.-Dijo Christopher.
- Muy bien, esto es lo que haremos.-Dijo Wolfgang mientras se volvía a sentar.-- Al alba Roberto nos teleportará hasta dentro de las murallas de la ciudad, nos dividiremos en dos grupos, uno entrará por el norte y otro por el sur; a partir de ahí nos abriremos paso hasta el palacio de El-Razid. No creo que encontremos mucha resistencia. Dejaremos ordenes a los comandantes de nuestro ejercito de que ataquen la ciudad media hora después de que nosotros hallamos entrado, perdonando la vida de aquellos que se rindan. Por desgracia no sabremos lo que nos encontraremos una vez que estemos dentro del palacio. Así que estad alerta.
- Estos son los planes que a mi me gustan, sencillos y directos.-Dijo Larson.-Vamos Miho, preparemos las armas.-Al terminar de decir esto, Larson y Miho se dirigieron a la salida de la tienda, los demás compañeros se levantaron de sus asientos dispuestos a seguirlos.
- Tenemos que salir inmediatamente.-Añadió Jeannie mirando a Wolfgang.-Estoy preocupado por Adrian.
En el exterior empezaron a oírse rezos, los soldados musulmanes se encomendaban a Alá para que les diera suerte en la batalla que se avecinaba. Una luz mortecina empezaba a surgir en el este, anunciando la llegada del alba.
- Es la hora.-Dijo Wofgang. Este puso una mano sobre el hombro de Jeannie.-No te preocupes Jean, Adrian estará bien. Vamos a reunirnos con los generales.


III

ABDUL ED-HARAR ESCUCHABA ATENTAMENTE las instrucciones que el líder de la Orden de las Cenizas Amargas les estaba dando a los generales del ejercito. Sería una batalla fácil. Todo lo que tenían que hacer era someter a los soldados enemigos mientras la Orden se ocupaba de El-Razid. Calculaban que la proporción de guerreros era de diez a uno, así que la superioridad numérica era claramente favorable. Aunque Abdul no solía encontrarse demasiado motivado ante una batalla tan fácil esta vez se alegró, ya que era la primera vez que su hermano entraba en combate y sería más fácil para él que su primera batalla fuera tan sencilla como lo iba a ser esta. De todas maneras Abdul asintió cuando el hombre de cabello rubio les dijo que estuvieran alerta, ya que la batalla era demasiado fácil y era probable que El-Razid hubiera planeado algo.
Abdul conoció a Mohamed El-Razid, un príncipe a quien los Cristianos le habían arrebatado su reino, diez años atrás. Incluso luchó bajo sus ordenes un par de veces. Cuando Mahoma descendió del paraíso para liderar a sus fieles en la recuperación de las tierras que los Cristianos les habían arrebatado en las Cruzadas El-Razid se convirtió en una figura muy destacada dentro del ejercito del Profeta, situándose al mismo nivel que Saladino o el Germano tanto en la estrategia como en la lucha. Por esa razón Mahoma no dudó en encomendar la protección de la recién recuperada Jerusalén a El-Razid.
Abdul no tenía ni idea de porqué El-Razid había traicionado a Alá y se había vuelto contra sus hermanos. Lo que sí tenía claro era que El-Razid era plenamente consciente de su enorme inferioridad numérica, así que era seguro que el príncipe tenía algo en mente. Sería mejor andar con pies de plomo.
Terminó de escuchar las instrucciones del Germano y luego él y los demás generales marcharon a trasmitirle a sus tropas esas instrucciones y a prepararse para la batalla.


IV

- ¿ESTAIS TODOS PREPARADOS?.-DIJO WOLFGANG mientras miraba a sus compañeros. Se encontraban en la tienda de campaña, a salvo de miradas indiscretas.
- Estamos listos.-Contestó Roberto mientras sujetaba su lanza con firmeza.
- Ten cuidado con esa arena de fuego Jean, recuerda lo que pasó en Yhemen.-Dijo Rock mientras miraba a la mujer Francesa manipular su ballesta.
Lo que Rock llamaba "arena de fuego" era en realidad una sustancia muy popular en el lejano oriente: pólvora. Jeannie Devero, además de tener grandes dotes para el pillaje tenía un don especial en la modificación de las armas. Había preparado un ingenioso sistema que consistía en unas flechas huecas que rellenaba con pólvora. Luego mediante un mecanismo de su invención conseguía hacer que al disparar las flechas con su ballesta unas chispas saltaran al interior de esas flechas, con lo que la pólvora se incendiaba provocando subsiguientemente una gran explosión que solía dejar al infortunado blanco de esas flechas dividido en múltiples y pequeños trozos.
En una ocasión, durante la recuperación de Yhemen, la bolsa de cuero en la que Jean solía llevar la pólvora se incendió accidentalmente. Si Rock no hubiera actuado con presteza la Orden aun estaría buscando partes del cuerpo de su compañera.
- No te preocupes grandullón, está todo controlado. Si esa sabandija le ha hecho algo a Adrian haré que se trague todas mis existencias de pólvora y luego le prenderé fuego. Será un bonito espectáculo.
- Bien, recordad que tenemos dos objetivos.-Dijo Gwyneth.-Encontrar a Adrian y capturar, si es posible, a El-Razid. Mi hermano, Ramses, Larson y Miho serán teleportados por Roberto al norte de Jerusalén. Luego volverá aquí y nos teleportará a los demás al sur.
- En marcha entonces.-Dijo Wolfgang.-Roberto, transporte para cuatro.
Roberto se situó al lado de sus compañeros. Cerro los ojos y se concentró. La cruz Cristiana que adornaba su frente se iluminó con un cegador fulgor rojo que envolvió a los compañeros por completo. Cuando esa luz se disipó Roberto, Ramsés, Wolfgang, Larson y Miho ya no se encontraban allí.
- Preparaos, los siguientes somos nosotros.-Dijo Gwyneth.


V

ES NOCHE CERRADA, POR LA ventana entra una suave brisa otoñal. Clarice Battler siempre insistía a su marido Werhern Vane sobre la necesidad de atrancar las ventanas. Sobre todo por la noche. Werhern siempre le decía que las tierras donde vivían eran muy tranquilas, y nunca había oído de nadie que hubiera sido siquiera victima de un simple robo, además le encantaba la suave brisa, que le ayudaba a dormir más profundamente.
En la habitación contigua, Adrian se despertó sobresaltado a causa de una pesadilla que no podía recordar. Se dirigió a la cuna que estaba al lado de la cama y acarició con el dedo la mejilla de Stern, su hermano pequeño de tres meses de edad, el cual dormía placidamente.
Una sombra se deslizó por la ventana de la habitación de los padres de Adrian, la
silueta tenía una respiración entrecortada y parecía estar sangrando por múltiples heridas abiertas, durante dos minutos estuvo observando al matrimonio que dormía en la cama. Apretaba los puños y los dientes, parecía estar resistiéndose a algo, de repente abrió la boca y unos colmillos relucieron a la débil luz que entraba por la ventana, el ser se abalanzó sobre Clarice y hendió los colmillos en su cuello.
Adrian escuchó gritar a su madre y se dirigió rápidamente hacia su habitación, allí vio a alguien desconocido que agarraba a su madre fuertemente, la cama estaba cubierta de sangre, su padre golpeaba a la criatura, intentando que soltara a su madre; le gritó a Adrian que cogiera a su hermano y que ambos salieran de allí enseguida. Adrian se dirigió corriendo a su cuarto, donde su hermano pequeño estaba empezando a llorar, pero cuando estaba a punto de llegar sintió un gran peso sobre él que lo tiró al suelo boca abajo. Unos fuertes brazos le dieron la vuelta y vio el rostro de la criatura, parecía una mujer joven de pelo negro, pero tenía una palidez mortecina y los ojos estaban inyectados en sangre. La mujer clavó sus colmillos en el cuello de Adrian. El chico intentó resistirse pero la mujer era demasiado fuerte.
Adrian empezó a sentirse mareado y cada vez le costaba más respirar, de repente la mujer le soltó mientras daba un grito de dolor. Adrian vio a su padre, había golpeado a la mujer en la espalda con un hacha, volvió a levantarla y descargó otro golpe con todas sus fuerzas sobre la mujer con la intención de acabar con ella ahora que no estaba sobre su hijo, pero esta era demasiado rápida, agarró el hacha por el mango y lo partió en dos. Adrian intentó levantarse, pero no podía, los orificios que la mujer abrió en su cuello seguían sangrando abundantemente y estaba empezando a perder el conocimiento.
La mujer se abalanzó sobre el padre de Adrian y lo tiró al suelo, en la cuna su hermano seguía llorando. La mujer arrancó parte del cuello desgarrándolo de un mordisco y empezó a beber la sangre que manaba a borbotones, cuando la sangre dejaba de fluir en abundancia la mujer oprimía el pecho de Werhern con violencia de abajo a arriba, como si estuviera exprimiendo una fruta madura para sacar todo el jugo de su interior. La oscuridad casi había invadido la visión de Adrian por completo, en la cuna su hermano seguía llorando.
Lo ultimo que vio Adrian antes de que la oscuridad lo envolviera por completo fue a la mujer, la cual se dirigía ebria de sangre y con paso vacilante hacia la cuna donde su hermano Stern lloraba indefenso...


VI

ADRIAN BATTLER DESPERTÓ SOBRESALTADO POR la misma pesadilla que día tras día solía atormentarle. Miró a su alrededor, seguía estando en el calabozo; la luz estaba empezando a entrar por encima de su cabeza, por lo tanto estaba amaneciendo.
Hacía bastante tiempo que no tenía esa pesadilla, sobre todo desde que estaba con Jean y sus compañeros. Adrian tenía diez años de edad cuando una vampira atacó y mató a su familia. Él pudo salvar su vida de milagro. Afortunadamente su abuelo, el cual tenía su vivienda al lado de la de sus padres, tenía conocimientos médicos y acudió rápidamente cuando oyó los gritos de su madre.
Desgraciadamente no pudo hacer nada por sus padres, su madre estaba totalmente desangrada y su padre tenía la mitad del cuello arrancado. Nunca encontraron el cadáver de su hermano Stern; dada la voracidad con la que la vampira atacó al padre de Adrian, los aldeanos llegaron a la conclusión de que el monstruo no se había conformado con absorber la sangre de la inocente criatura de dos meses escasos de edad y había devorado su cuerpo por completo.
Cinco años después Adrian partió de su tierra natal con la idea de encontrar y vengarse de la asesina de su familia. Después de once años vagando por toda Europa sin tener ningún éxito en la búsqueda llegaron a él rumores de que en los Carpatos un poderoso vampiro estaba siendo adorado como un Dios. Sin pensárselo dos veces fue allí con el objetivo de preguntarle por el paradero de la asesina de su familia. El poderoso vampiro era conocido como Yhamen el Insaciable, el cual era llamado así a causa de su infinita sed de sangre que le hacía alimentarse de más de trescientos humanos al día. Yhamen capturó a Adrian con la intención de que sirviera de alimento para su hijo; a quien mantenía encerrado debido a los enfrentamientos que habían tenido, ya que el hijo no toleraba las matanzas diarias ejecutadas por su padre...
Adrian sacó de su mente esos recuerdos, dada la situación en la que se encontraba lo ultimo que podía hacer era ensimismarse en los recuerdos de lo que había sido su vida hasta ahora. Miró a su alrededor mientras trataba de pensar en una forma de escapar de su encierro.
El calabozo donde se encontraba había sido diseñado para encerrar y destruir vampiros, ya que tenía una altura de unos diez metros y carecía de techo. Por lo tanto durante el día la luz del sol entraba sin ningún problema, carbonizando a su infortunado inquilino. Debido a un ingenioso sistema de rocas cristalinas, las cuales capturaban y proyectaban los rayos solares, estos caían ahora directamente sobre Adrian, a pesar de que el sol no llegaría a ser vislumbrado desde el calabozo hasta el mediodía.
Lo que Mohamed El-Razid ignoraba era que a Adrian, al igual que al resto de sus compañeros, la luz del sol no le afectaba lo más mínimo. Seguramente lo descubriría dentro de poco, cuando entrara con la intención de encontrarse solo con un montón de cenizas. Adrian podría aprovechar esa circunstancia para escapar. Incluso no tendría que esperar siquiera a que El-Razid entrara en el calabozo. Podría echar abajo la pesada puerta de hierro sin ningún problema y luego abrirse camino hasta el exterior, pero sus manos estaban amarradas a la pared por unos grilletes y una delgada cadena. También podría fundir la cadena utilizando su pirokinesia, incluso podría romper una cadena de un grosor cincuenta veces superior a esa. Pero inexplicablemente por mucho que lo intentaba no tenía éxito; aunque tirara con todas sus fuerzas, aunque prendiera fuego a los grilletes hasta que estos se ponían al rojo vivo; el resultado siempre era el mismo: nada.
Adrian solo podía encontrar una explicación para la increíble invulnerabilidad de sus ataduras: habían sido selladas mágicamente. En una ocasión, él y sus compañeros intentaron traspasar una puerta sellada por un mago y hasta la increíble fuerza de Rock, capaz de derribar castillos enteros con unos cuantos golpes, había sido inútil. Por lo tanto El-Razid debía ser un mago, un mago bastante poderoso. Eso explicaría el porqué Adrian había sido descubierto por el Príncipe con tanta facilidad.
Adrian tenía además de la capacidad de poder generar fuego unas grandes dotes de espía. Sobre todo debido a su capacidad para moldear su rostro hasta tomar la forma de cualquier hombre al que tuviera a la vista, además tomaba con ese hombre lo que Gwyneth llamaba "contacto psíquico", lo que le permitía tener acceso a recuerdos recientes de ese hombre así como información sobre su manera de ser y de pensar.
Gracias a estas cualidades Adrian siempre solía infiltrarse en las filas enemigas unos días antes de que se llevara acabo un ataque, dándole luego a sus compañeros información valiosísima sobre como debían actuar. Nunca había sido descubierto; hasta ahora...
Tres días atrás Adrian fue teleportado por Roberto hasta Jerusalén. Después se introdujo en el palacio de El-Razid y tomó el lugar de su consejero. Sin embargo en cuanto El-Razid lo vio se dio cuenta del engaño, apresó a Adrian y empezó a interrogarle. La noche anterior El-Razid amenazó a Adrian con que lo expondría al sol si no hablaba. Adrian pensó que tendría más posibilidades de escapar si lo encerraban solo en un calabozo, pero desgraciadamente su situación seguía siendo la misma.
El vampiro alzó la cabeza en dirección a la puerta de la mazmorra, la pesada puerta de hierro se abrió y Mohamed El-Razid entró en la estancia. Se sorprendió al ver que Adrian seguía vivo pero solo por un momento, luego sonrió y le habló.
- Increíble, el sol no te afecta.-El Príncipe se acercó a medio metro escaso de Adrian mientras hablaba.-Sin embargo no debería ser así, solo los vampiros más antiguos, los Milenarios, pueden soportar la luz del sol. Tu no debes tener ni un siglo de edad. Además tus compañeros han empezado el ataque, por lo tanto a ellos tampoco les afecta la luz. Eso solo puede significar una cosa, la primera profecía se está cumpliendo y los Hijos del Sol empiezan a caminar por el mundo.
Adrian no sabía a que profecía se estaba refiriendo El-Razid. Era cierto que desde que fueron convertidos en vampiros tanto él como sus compañeros eran inmunes a la luz del sol y podían soportarla tanto como cualquier humano, pero no sabían cual era el origen de ese don. Lo que Adrian si sabía era que tenía que salir de allí, tenía que poner sobre aviso a sus compañeros. Sin duda El-Razid les había tendido una trampa.
Concentró su poder e intentó que las ropas de El-Razid entraran en combustión, pero no sucedió nada. No podía salir de allí y por alguna razón Gwyneth no había establecido contacto mental con él. En su rostro apareció una expresión de furia; El Razid le sonrió.
- No te esfuerces, no puedes hacerme nada.-El Príncipe se acercó más aun a él.-También he observado algo más. Llevas aquí tres días sin beber ni una sola gota de sangre y sigues tan fresco como al principio. Además tu color de piel no es como el de los demás vampiros, grisáceo con todas las venas del cuerpo resaltadas, sino normal y corriente. Interesante...
- Ríndete El-Razid.-Adrian volvió a tirar de la cadena a la que estaba sujeto con todas sus fuerzas, teniendo el mismo resultado que las anteriores veces.-No se que poderes tienes, pero no puedes hacer nada contra mis compañeros. Ríndete y te perdonaremos la vida.
- ¡¿De verdad crees que os tengo miedo?!.-El Príncipe rió sonoramente mientras hablaba.-Déjame que te diga una cosa, bebedor de sangre. Después de hoy será tu líder, el infiel que ha osado suplantar a nuestro sagrado Profeta Mahoma, el que me tenga miedo a mi, pues soy YO el elegido por Ala.-El-Razid se dio la vuelta y se dirigió a la salida del calabozo.-Bueno, ahora tengo que darles la bienvenida a tus compañeros. Cuando acabe con ellos volveremos a charlar tu y yo. ¿Quién sabe?. Puede que gracias a ti averigüe el origen de la diferencia entre los Hijos del Sol y los vampiros...Aunque tenga que diseccionarte como a una rana.
Al terminar de decir esto El-Razid salió del calabozo. Adrian volvió a estar solo.
- ¡Maldita sea!.
Nunca se había sentido tan frustrado. Las vidas de sus compañeros estaban en peligro y él no podía hacer nada para avisarles.


VII

WOLFGANG, RAMSES, LARSON, MIHO Y Roberto llegaron a su destino. Acto seguido Roberto volvió a teleportarse para recoger y llevar al resto del equipo al otro punto de entrada. Los cuatro miembros de la Orden de las Cenizas Amargas se hallaban en el interior de la ciudad de Jerusalén, en el espacio que separa las murallas de las casas de la ciudad. Estaban totalmente rodeados de enemigos, los cuales les miraban asombrados al haber sido testigos de la asombrosa teleportacion. Durante varios segundos nadie se movió, nadie dijo nada, solo se miraban unos a otros sin saber que hacer. Hasta que uno de ellos, el cual parecía ser un comandante, alzó su voz y su cimitarra.
- ¡Muerte a los infieles bebedores de sangre!.
- ¡MUERTE!.-Gritaron todos al unísono.
Acto seguido se abalanzaron sobre Wolfgang y sus compañeros, con las armas dispuestas para matar.
- ¡Dispersaos y repeled el ataque!. ¡Pero no os alejéis mucho, recordad que nuestro objetivo es El-Razid!.-Cuando Wolfgang terminó de hablar los compañeros se separaron y empezaron a atacar.
Wolfgang alzó su mano y llamó al control que poseía sobre la tierra, levantando un gran muro entre él y sus atacantes, acto seguido bajó la mano y el muro se precipitó sobre sus enemigos y los aplastó. Desenvainó su espada y se encaró con los que tenía en su retaguardia. Eran decenas y gritaban enfurecidamente mientras se abalanzaban sobre él. Pero Wolfgang era posiblemente el mejor espadachín sobre la faz de la Tierra, nunca había sido herido en combate y esos humanos no eran rival para él. Detuvo todos los golpes que le propinaban con una increíble facilidad, le quitó una cimitarra a uno de sus enemigos y con un arma en cada mano contraatacó, sembrando el suelo a su alrededor de cadáveres.
Ramses se limitó a estarse quieto mientras sus enemigos le propinaban un mandoble tras otro, ninguno de ellos llegó a herirle pues su piel era demasiado dura. Sus enemigos se echaron sobre él, intentando arrojarle al suelo sin ningún éxito. El egipcio se limitó a dar un giro sobre si mismo de trescientos sesenta grados, un giro dado a tal velocidad que generó una poderosa onda de choque y todos sus enemigos fueron desplazados hacia atrás como si hubieran sido embestidos por un rinoceronte enfurecido.
Los hombres de El-Razid rodearon a Miho mientras sonreían confiados. En el momento en el que se disponían a matarla la antigua Zhenpai desenvainó sus puñales Japoneses los cuales tenían forma de tridente y acto seguido pareció desaparecer. Pero no había desaparecido sino que se movía a una velocidad tal que no podía ser captada por el ojo humano mientras cercenaba cabezas y atravesaba corazones sin parar.
Larson era con diferencia el más sanguinario de la Orden. Lanzó un rugido que atemorizó a sus enemigos y se abalanzó sobre la muchedumbre que se le venía encima, mutó sus manos hasta que tuvieron forma de garras y empezó a matar indiscriminadamente con uñas y dientes. Sus enemigos le hacían múltiples incisiones, pero las heridas sanaban y cicatrizaban poco después de que hubieran sido echas.
Dos minutos después de que diera comienzo el combate los hombres de El-Razid se batían en retirada, entonces numerosos arqueros apostados encima de las murallas empezaron a lanzar flechas contra los compañeros. Wolfgang las desviaba con sus espadas; rebotaban en Ramses de la misma forma en que rebotarían si hubieran sido disparadas contra una roca; Miho las esquivaba con asombrosa facilidad; pero varias de ellas dieron a Larson.
- Mierda, esto me va a doler.-Larson gritó de dolor mientras se sacaba las flechas hendidas en su cuerpo. Lo que más odiaba el vampiro era tener una flecha clavada, ya que la herida cicatrizaba con la flecha aun en el interior de su cuerpo lo cual le suponía un tremendo dolor al sacarlas.-Raaarrrggghhh, ¡malditos humanos!.
Larson desenfundó su arco y empezó a disparar contra los arqueros apostados en las murallas con una destreza y una puntería increíbles; antes de que una flecha se clavara en la garganta de un enemigo Larson había sacado, montado y disparado otra. Siguió disparando hasta que se quedó sin flechas.
- Voy a por más.-Dijo Larson mientras se disponía a subir la muralla.
- ¡No Larson!.-Wolfgang lo agarró por el brazo.-Recuerda cual es nuestro objetivo.
Los hombres de El-Razid habían huido en desbandada, ahora los miembros de la Orden se encontraban solos, con decenas de cadáveres yaciendo en el suelo.
- Está bien jefe.-Larson volvió a cargar el arco en su espalda.-Vamos, acabemos con esto.
A continuación los compañeros se dirigieron al interior de la ciudad en dirección al palacio de El-Razid. Por el camino nadie trató de detenerlos.
- Se que no tenían la más mínima oportunidad.-Apuntó Ramses.-Pero aun así ha sido demasiado fácil, como si...
- Como si nos hubieran dejado pasar.-Terminó de decir Wolfgang.-Es obvio que El-Razid nos está esperando. Seguramente ha dado orden a sus hombres de no retrasarnos demasiado.
- Esto me huele a chamusquina, si al menos supiéramos que es lo que nos espera.-Dijo Larson.

 

Vamos a la continuación de este Capitulo

 

(c) Quino-Wan
 

MAS CUENTOS
 
 
 

 

Liter Area Fantástica (c) 2000-2010 Todos los derechos reservados

Webmaster: Jorge Oscar Rossi

mail: jrossi@literareafantastica.com.ar