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SENDERO DE SANGRE

Por Quino-Wan

(Vamos al Capitulo 1)


EPISODIO 1: LA GUERRA DEL GRIAL
Capitulo 2: Stern el vampiro



I


Atenas, año 1126 D.C.

HABIA TARDADO MÁS DE LA cuenta en llegar a Grecia, los primeros ecos de una gran guerra empezaban a expandirse a los cuatro vientos. Stern había escuchado muchos rumores mientras recorría África y atravesaba el mediterráneo, el que más se extendía era muy inquietante, al parecer Melkaia se las había ingeniado para movilizar a todo el mundo islámico.
Se decía que el mismísimo Mahoma había vuelto a la vida y que Alá le había otorgado un gran poder con la misión de aplastar a los infieles occidentales, que habían insultado a Alá y a su pueblo con las Cruzadas. Así que haciéndose pasar por el fundador del Islam, Melkaia había reunido un inmenso ejercito bajo sus ordenes, solo era cuestión de tiempo para que oriente y occidente chocaran en un mar de sangre.
Stern llegó al palacio del príncipe vampiro de Atenas dos horas después de anochecer, al verlo sintió una gran nostalgia y a la vez una inmensa alegría. Allí había pasado sus veinte años de vida mortal y sus cinco primeros años como vampiro. Habían transcurrido más de treinta años desde que abandonó ese lugar.
Lo dejaron pasar sin problemas, al parecer su madre se había enterado de su regreso. Stern no se sorprendió, pues el lazo entre un creador y su protegido era muy fuerte, seguramente ella intuyó que volvía antes incluso de que Stern cruzara el mediterráneo. Inmediatamente se dirigió a los aposentos de Andrea. La puerta de doble hoja estaba abierta y ella lo observaba desde dentro, un mortal hubiera visto a una atractiva mujer de unos treinta años, con una larga melena oscura y rizada.
Los ojos de los dos se inundaron de lagrimas de sangre.
- ¡Oh Stern, al fin has vuelto!.--Dijo Andrea mientras los dos se fundían en un abrazo.-He estado muy preocupada por ti.
- Perdóname por haberme alejado tanto tiempo, madre. Estaba equivocado, no te guardo ningún rencor, tu te ocupaste de mí y cuando me contaste lo de mi familia me aparté de tu lado, he sido un idiota.
- Eso no importa Stern, lo importante es que estás bien y has vuelto. Dime, ¿dónde has estado en este tiempo?, tienes muchas cosas que contarme.
- Bueno, he estado en muchos sitios. Durante 22 años estuve vagando de un lado a otro... hasta que llegue a un pueblo llamado Meinji.
Se le hizo un nudo en la garganta al nombrar el pueblo, pero sabia que contárselo a Andrea aliviaría mucho el pesar de su alma, aunque no el de su corazón. Esa herida no se cerraría nunca y Stern lo sabía. Necesitaba contárselo a alguien.
- ¿Meinji?.-Andrea se sobresaltó. Desde hacía dos décadas se contaban terribles historias sobre ese pueblo, de tal manera que el solo escuchar su nombre hacía que cualquiera, mortal o inmortal, fuera sacudido por un escalofrió.-- Te noto muy cansado Stern, siéntate y cuéntamelo. Vaya, parece que vas preparado para una guerra, ¿de donde has sacado esas armas?, son magnificas.
- Será mejor que no las toques, no son armas corrientes y podrían hacerte daño.-- Dijo Stern mientras se sentaba y descargaba las armas, respiró hondo y observó la expresión que había adquirido el rostro de su madre cuando le nombró el pueblo.-- ¿ ¿Has oído hablar de Meinji?.-Le preguntó. Aunque ya sabía la respuesta a su pregunta, todo el mundo había oído hablar de Meinji.
- Si, desde hace unos años se cuentan historias terribles sobre ese pueblo. Pero son demasiado horribles, no creo que sean ciertas.
- No, no son ciertas.-Stern se acomodó en el confortable asiento y se esforzó en intentar que sus recuerdos no le produjeran el inmenso dolor que siempre le producían. Como siempre, no tuvo éxito.-La realidad es aun peor. Meinji era un pueblo de las estepas rusas, estaba cansado de viajar y decidí quedarme allí por un tiempo, era un pueblo muy tranquilo y acogedor.
- Siempre te ha gustado la tranquilidad.-Dijo Andrea.
- En ese pueblo encontré lo que estuve buscando tanto tiempo. Descansar, vivir en paz... y a ella.-Stern agarró fuertemente el colgante y continuó.-Se llamaba Misha y era preciosa, estuve tres años junto a ella y fueron los más maravillosos de mi vida. Por
primera vez me sentía lleno. Como si ella y yo fuéramos un único ser partido en dos que por fin volvía a estar completo.
- ¿Ella era humana?.
- Sí, Misha también supo desde el principio que yo era un vampiro. Después de tres años estando juntos accedí a convertirla.
- ¿Porqué no lo hiciste antes?.
- Tenia miedo de errar y hacerle daño, incluso podía matarla y eso me aterraba. De todas maneras no llegué a convertirla. Un día antes todo se acabó, la muerte llamó a las puertas de Meinji y yo me convertí en su verdugo...
Stern reflexionó un momento. Jamás había contado a nadie lo que ocurrió en Meinji. Y él era el único que conocía la verdad, ya que solo él sobrevivió a esa noche infernal. Pero si había alguien a quien Stern quisiera contar esa historia, esa era su madre Andrea. Se aclaró la garganta, cerró los ojos y empezó a contar su relato...

II

Meinji, año 1120 D.C.

EL HOMBRE DE NEGRO OBSERVABA atentamente a los dos enamorados desde el pilar de agua bendita. Uno de sus pasatiempos favoritos era eyacular en la pila y luego partirse de risa cuando los paletos se mojaban la cara y las manos con ella, por eso la tuvo que llenar de nuevo, después de todo, el "Lago Espejo" solo funcionaba con agua cristalina. Estaba sumamente aburrido desde que llegó al pueblo hace poco más de un mes. Había sido fácil deshacerse del cura (después de todo, el pobre padecía del corazón) y tomar su lugar como nuevo inquilino de la Iglesia local. Desde entonces no había pasado nada interesante y pensó en marcharse. Entonces se fijó en el chupasangre y en la zorrita y se le ocurrió una idea genial. Había estado dos semanas con los preparativos y hoy era el gran día. Se lo iba a pasar de muerte, igual que la zorrita y todos esos jodidos paletos. Todos se lo pasarían hoy de muerte. Escuchó lo que decían, con una sonrisa de oreja a oreja.
Los dos estaban en el viejo molino, que servía de refugio al chupasangre. Estaban
tumbados sobre el heno y multitud de velas iluminaban el sótano. Todo muy jodidamente romántico, pensó el hombre de negro.
- ¿Estas segura de que quieres hacerlo Misha?.-Preguntó el chupasangre. Ese era el que más le gustaba al hombre de negro, tenía grandes planes para él. Se lo iban a pasar bomba los dos jugando al gato y el ratón.
- Claro que lo estoy Stern, ya lo hemos hablado antes. Pero hay algo que me preocupa.-Dijo la zorrita. Estaba tremendamente buena. Tenía un enorme atractivo físico, un pelo castaño largo y sedoso y unos bellísimos ojos verdes; pero en lugar de hartarse de follar prefería estar con un chupasangre al que no se le levantaba el pito. Pero no había problema, pensó el hombre de negro. En este día la zorrita iba a joder todo lo que no había jodido en su vida, y todavía más.
- ¿Qué es lo que te preocupa?.-Preguntó el chupasangre mientras acariciaba el largo pelo castaño de la zorrita.
- Dependes demasiado de mí.
- Claro que dependo de ti Misha, te quiero y...
- No me refiero a eso Stern. ¿Qué harías si yo... si yo muriera?.
- Eso no pasará nunca.
- Pero, ¿y si pasa?, los vampiros también podéis morir, ¿no?.
- Si, es cierto.-El chupasangre la abrazó más fuertemente-Bueno, tu eres lo mejor que me ha pasado y todo lo que tengo, no podría seguir viviendo.
- A eso me refiero, Stern. Tu vida, no acabaría ahí. No querría que murieras por mi culpa. Además, yo siempre estaría contigo, aquí...-Dijo la zorrita mientras posaba su mano en el pecho del chupasangre, en el lugar donde estaba el corazón.-Tenemos que prometernos que, aunque uno de los dos muera, el otro seguirá adelante.
- De acuerdo Misha, te lo prometo.
- Yo también te lo prometo Stern.
El hombre de negro estalló en carcajadas. Los humanos (tanto mortales como inmortales) eran tan extraordinariamente patéticos que por muchos siglos que pasaran no dejaban de divertirle, este día sería maravilloso. Pensó en celebrarlo por adelantado, así que se dirigió hacia el altar. Allí, en la cruz que se levantaba por encima, en lugar de una figura de Cristo estaba clavado el cuerpo desnudo de una niña de diez años. El hombre de negro había sido muy cuidadoso durante todo el mes, eligiendo a sus invitados de los pueblos adyacentes a Meinji. Incluso había reducido el numero de invitados a uno, cuando normalmente solían ser más de cinco a la semana.
La niña había muerto hacía quince minutos, tenia múltiples heridas y hendiduras a lo largo de su cuerpo, el cuello desgarrado colgaba flácido, a punto de separarse del cuerpo. Su vagina estaba atravesada por una cruz, la cual había sido previamente afilada.
- Despierte hermosa señorita, ¡esto hay que celebrarlo!.-Dijo el demonio mientras descolgaba a la niña de la cruz.-- ¿me concede este baile, bella dama?.
A continuación el demonio al que llamaban el hombre de negro (un apelativo que le encantaba) comenzó a dar vueltas de un lado a otro sosteniendo el cadáver de la niña, mientras no paraba de reírse. El desgarrado cuello de la niña no aguantó más y se desprendió del cuerpo, haciendo un ruido sordo al impactar contra el suelo de piedra.
- Oh, vaya. ¡Es que caen rendidas a mis pies con solo mirarlas!.
El hombre de negro tiró el cuerpo al suelo, no hacía falta limpiar nada, puesto que en este día la gente estaría demasiado ocupada como para acudir a la iglesia. Después de que anocheciera ni siquiera quedaría gente para hacerlo.

III

- ¿A DONDE TE GUSTARIA IR?.-Preguntó Stern mientras la miraba soñoliento, estaba empezando a amanecer y sentía un gran sopor.
- Siempre he querido visitar las tierras de mas allá de Jerusalén, hasta esa isla que llaman Japón.-Contestó Misha. Estaba deseando irse de Meinji, no tenía familia que la atara al pueblo. Además, la gente estaba actuando de forma extraña desde hacía un par de semanas y había una gran tensión en toda la villa.
- Será un viaje muy largo.
- A partir de mañana, tendremos todo el tiempo del mundo.
- Trata de no comer hoy, así será más rápido.
Misha lo miró a los ojos, estaba muy preocupado y le temblaban las manos ligeramente.
- No te preocupes Stern, todo saldrá bien. Además, se supone que soy yo la que tendría que estar nerviosa.-Dijo con una sonrisa. Le besó los labios y se levantó.
- Bueno, tengo que ir a despedirme de Mei y hacer los preparativos, que descanses.
- Hasta esta noche, cariño.-Dijo Stern. Levantó la losa de piedra y la cerró al salir Misha. A continuación apagó las velas y, por ultima vez en su vida, durmió sin que unas aterradoras pesadillas acudieran para martirizarle nada mas cerrar los ojos.

IV

MISHA ERA HUÉRFANA DESDE LOS ocho años, cuando una enfermedad había acabado con la vida de su madre. Nunca había tenido padre, pues este abandonó a su madre nada mas enterarse de que estaba embarazada. Desde entonces había trabajado en una posada, consiguiendo el dinero necesario para salir adelante. Había acudido por ultima vez a la posada para despedirse de sus compañeros, pero estaba misteriosamente
desierta.
- Romanov, Mei, ¿dónde estáis?.
No recibió respuesta así que se dirigió a su habitación, preguntándose donde estaban todos. La puerta de la posada se abrió y al ver al hombre que estaba parado fuera, sin llegar a entrar, sintió un escalofrió recorrer su cuerpo, como le pasaba siempre que veía a aquel hombre. Era el nuevo sacerdote del pueblo, que llegó hace un mes para tomar el lugar del antiguo parroquiano. Nadie sabia su nombre, pues él se limitaba a decir que era un siervo anónimo de Dios y que su nombre no importaba. La gente lo llamaba el hombre de negro. A Misha no le gustaba aquel hombre, su mirada era fría. Pero lo que mas le asustaba no era su pelo oscuro casi rapado, ni sus ojos negros como una noche sin estrellas. Lo que más le asustaba era su sonrisa, siempre estaba sonriendo. No era una sonrisa alegre, era una sonrisa paranoica.
- Lo siento padre, pero no logro encontrar a los sirvientes. Espere un momento, por favor. Seguramente están arriba, subiré a avisarles.-Dijo Misha mientras empezaba a subir la escalera. De repente sintió la necesidad de huir, una voz en su interior le decía <¡corre, corre y salva tu vida!>, empezó a subir las escaleras rápidamente, se dirigió a su cuarto y atrancó la puerta.
- Oh, tu no vas a ir a ningún sitio, niña.-Una gran multitud se congregaba a espaldas del hombre de negro, el demonio se giró y se dirigió a ellos con una poderosa voz, que parecía surgir del abismo.-- ¡Ahí tenéis a la bruja!, está acorralada en el piso de arriba sin posibilidad de escapar. No temáis al demonio que la domina, pues Dios lo ha sumido en letargo. Vuestra misión es salvar el alma de la bruja, ¡alabado sea Dios!.
- ¡Alabado sea!.-Gritó la multitud al unísono.
Eran mas de ciento cincuenta personas, todas armadas con antorchas, picas, lanzas y rastrillos. Cincuenta de ellas se dirigieron a la habitación de Misha, atestando por completo el interior de la posada y las escaleras. Las demás se pusieron debajo de la ventana de su cuarto.
Misha miró aterrorizada hacia abajo. Todo el pueblo quería cogerla, gritaban "¡bruja!" y "¡pecadora!". Alguien estaba golpeando salvajemente la puerta, no tardaría en ceder.
La joven templó sus nervios, tenia que pensar con claridad. Aunque quizá no se hiciera daño al saltar por la ventana, la muchedumbre la atraparía. Sin embargo, quizás la ventana del pasillo no estaba muy vigilada. Tenía que abrirse paso por la puerta y llegar hasta la ventana.
Sacó una caja de debajo de la cama, de ella extrajo una daga. Stern le había enseñado a manejarla y a luchar, quizá tuviera una oportunidad. Quizá podría esconderse en el bosque, Stern iría a por ella nada mas caer la noche y la rescataría.
- Te quiero, Stern.-La puerta no resistió mas y fue arrancada de sus goznes, Misha sujetó firmemente la daga y atacó al primero, era un hombre joven y tenia un brillo enfermizo en sus ojos, que se apagaron cuando la joven desgarró su garganta.
Un hombre grueso derribó a Misha echándose encima de ella. Logró atravesar el corazón de su agresor, pero no tuvo otra oportunidad, aplastaron el brazo que sujetaba la daga con una gran roca arrojada con una fuerza terrible. Los huesos se astillaron y Misha gritó de dolor, golpearon su cabeza y perdió el conocimiento.

V

LA JOVEN DESPERTÓ EN UN mar de dolor, el brazo roto le producía un gran sufrimiento, le arrojaron agua a la cara y alguien levantó su cabeza cogiéndola del cabello. Estaba desnuda y atada a un árbol. No sabía cuanto faltaba para el anochecer, ojalá llegara pronto, ojalá llegara a tiempo. Miró al rostro del hombre que le agarraba el pelo, era el sacerdote y estaba sonriendo.
- ¿Cómo estas niña?.-Le susurró el hombre de negro al oído.-La fiesta aun no ha terminado, pero no te preocupes. No volverás a desmayarte, de eso me encargo yo. Ah, por cierto, tu novio el chupasangre no va a llegar a tiempo. Que te divieeeertaaaas.
- ¿Porqué me haces esto?, ¿quién eres?.
- Oh, no creo que te gustara la respuesta.-El demonio se giró a la multitud, que esperaba expectante y en silencio, de nuevo se dirigió a ellos con aquella voz atronadora.-La bruja no ha querido confesarme sus pecados, en lugar de eso a maldecido a Dios y a la Iglesia. Por lo tanto vosotros, fieles Cristianos, tenéis la misión de purificar su alma. La liberación de sus pecados llegará por medio de la gracia del dolor y el sufrimiento. Entonces, y solo entonces, ¡Dios salvará su alma!.
El herrero local empuñó un látigo y empezó a azotar la espalda de Misha, la joven trató de no gritar, no quería darle esa satisfacción al hombre de negro. Giró la cabeza y vió a Mei-Yin. Era una inmigrante china que trabajaba con Misha en la posada. También era su mejor amiga desde hacía diez años.
- Mei soy yo, Misha. Por favor, dile a los demás que paren. Este hombre no es un sacerdote, tienes que...
- ¡Cállate zorra!.-Dijo Mei mientras cogía una piedra del suelo. Se la arrojó con fuerza, impactándole en la cabeza.
Misha cerró los ojos, no había nada que hacer. El maldito hombre de negro tenía totalmente controlada a la muchedumbre. Pensó en Stern y viajó con su mente a cada uno de los momentos que habían pasado juntos.
No sintió los más de cien latigazos.
No sintió la sal que arrojaron sobre su espalda en carne viva.
No sintió el dolor en el brazo sano, que le partieron nada mas desatarla.
No sintió las incisiones por todo su cuerpo, las cuales le desgarraron un ojo.
No sintió las repetidas violaciones.
Solo sentía el tacto de la piel de Stern al abrazarla.
Mei-Ling empezó a llorar.
- Tiempo muerto, tiempo muerto. Vamos paletos, retiraos al banquillo.-Dijo el hombre de negro, la gente se apartó obediente, puso boca arriba el destrozado cuerpo de Misha y le susurró al oído.-Vamos, vamos niña. No estas colaborando, ¿dónde están esos, ¡no por favor, no me mateeeeis, piedad, piedad! y los demás grititos, eh?.
- Vete al infierno.-Dijo Misha con las pocas fuerzas que le quedaban.
- Oh, precisamente de allí vengo. Bueno, todavía queda el plato fuerte, la hoguera. Voy a mantenerte viva hasta que tus huesos se transformen en cenizas. Veremos a ver si gritas o no.-Volvió a levantarse.-La bruja sigue sin confesar sus pecados, llevadla a la hoguera.
Una de los que se adelantaron para transportar el cuerpo fue Mei-Yin. Llevaba un cuchillo en la mano, ya no estaba bajo el influjo del hombre de negro.
- Misha, por favor, perdóname.-Le dijo mirándola al único ojo que le quedaba sano.
- Mei, tienes que matarme. Ese demonio me esta manteniendo viva, el dolor es insoportable.
Mei-Ling hundió el cuchillo en el corazón de su amiga con el rostro anegado de lagrimas.
Misha trató de imaginarse los sitios que nunca visitaría con su amado. Ojalá hubiera podido seguir junto a él.
< Adiós Stern, se fuerte.>
Mei-Ling cerró el ojo sano de su amiga. Se levantó y gritando corrió hacia el hombre de negro empuñando el cuchillo.
Hundió el cuchillo en el cuerpo del demonio. Este la miraba mientras mostraba su eterna sonrisa.
- ¡Muere bastardo!.
- Eres una niña muyyyyy mala, me has estropeado la diversión.
A continuación el hombre de negro agarró la cabeza de Mei con las dos manos y con un giro brusco le partió el cuello. La dejó caer y volvió a dirigirse a la muchedumbre.
- Esta pobre niña estaba bajo el control de la bruja. Aunque esté muerta, quemad a la bruja en la hoguera. Yo iré a la iglesia a rezar por la salvación de sus almas.
Dos hombres transportaron el cuerpo sin vida de Misha en dirección a la pira. El demonio se dirigió a la iglesia.
Tan feliz estaba, que ni siquiera se molestó en sacarse el cuchillo que tenía clavado en el estomago.

Vamos a la culminación de este Capitulo de SENDERO DE SANGRE

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(c) Quino-Wan
 

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