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RAIHL, EL QUE RESPLANDECE EN LA NOCHE


Antes que nacieran los actuales seres quienes intentan dominar todas las cosas sin conocerlas. Danzaba feliz y voluptuosa la Diosa Cibhels, quien dio origen a los seres todos que la habitan.
Adoraba entregarse a las caricias del sol y de muchos más que pasasen. Todos eran bien recibidos. De tantas uniones fueron surgiendo cantidad de seres vivientes. Así pasaba su vida la negra y joven Diosa.
Cuando la Diosa se concentró en sí, descansando de la danza y las caricias del Sol, se cubrió de sombras. La piel caliente, agitada, perlada de plata. Suaves brisas la refrescaban en su ansiedad, reavivándola en su flexible cuerpo.
El terciopelo negro del cielo, revela mejor que la luz los secretos. Cibhels, se tiró en un río a nadar, la espalda y las nalgas acariciadas por el agua. Allí pudo ver claro dos luceros verde-oro que saltaban sinuosos de un lado a otro, acercándose. Al fin las luces estaban próximas. Tras ellas había una sombra muy densa. Al ser alcanzada por el brillo de las estrellas relumbraban sus poderosos músculos en movimiento. Cibhels sintió sobre sí las pisadas silenciosas, sedosas y firmes de la sombra acechante. Se acercaba casi arrastrándose por su cuerpo. Los ojos verde-oro estaban ya sobre ella cuando salió del agua para ver por completo al ser sigiloso. Y allí estaba observándola, estudiándola. Como si estuviera midiendo cada reacción y movimiento. Ella sintió la mirada fija, penetrante, fría y cálida a la vez. Parecía traspasarla. Entonces haciendo valer su orgullo de Diosa le devolvió la mirada intensa. No temía al ser felino que la miraba y se lo hacía saber. Pero a la vez que sostenía este singular duelo de carácter, fue creciendo en sus entrañas ese cosquilleo sangriento, volcánico. Tenía la necesidad de conocer al ser. De sentir sus arremetidas. Gustar su sabor. Tenerlo adentro. Ahora sabía quien era el ser misterioso. Supo que era un Gran Dios, un Rashmak, hijo primigenio, emanación de la Sagrada Cópula, hijo de la sangre, portador de los secretos, fiel ejecutor, magnífico arquitecto de la imaginación. Los rugidos de su voz anuncian lo inminente, sus ronroneos seducen lo inconmovible, sus garras acarician y desgarran, su cabeza felina escruta más allá de lo presente, su cuerpo flexible, poderoso, y plástico, responde a los designios de su imaginación fértil. El "Es" RAIHL, el Cazador.
Cibhels quería Conocer al Dios Cazador. Deseaba reconstruir la Creación en sus entrañas ardientes. Raihl, venía en un largo peregrinaje sembrando su semilla en todos los lugares apropiados. De el nacería el conocimiento, los ojos pequeños que escrutan e investigan desde lo más pequeño, ellos. Hasta llegar al Todo, que está en ellos.
Raihl ronroneó y se acercó a la ansiosa Cibhels, toda ella destilaba humedad y calor. Entreabrió la boca iluminando su rostro con su sonrisa lúbrica. Bailaba lentamente rodeando al Cazador. Se acercaba y alejaba como lengüetazo marino. Raihl sabía el juego, lo seguía gustoso.
-Vengo de muy lejos. Vengo a beber y descansar...-dijo el.
-Beber. Eso lo tienes concedido. Lo otro veremos...
Y Raihl, saltó como un tigre sorprendiendo a la Diosa. Esta fingiendo miedo trató de zafarse, enredándose más en los brazos del Cazador. Y Raihl supo del sabor de la piel de la Diosa, bebió ávido. Mordió sus nalgas, la espalda caliente y arqueada de excitación. Tomó sus lágrimas gozosas. El sudor refrescó su boca. Entre las piernas de la Diosa incansable extrajo los líquidos íntimos, su sangre, y el néctar lanzado, como lava, por su más explosivos orgasmos. La Diosa mordió y sorbió hasta el último rincón del cuerpo del Cazador. Lo hizo rugir feliz, atronando el cielo. Chocaron sus cuerpos furiosos. Llovió sangre y fuego, el calor reventó las piedras, el agua subió agitada. Las entrañas de Cibehls volvieron a cantar e inundar con la lava de su néctar, una y otra vez, sus gemidos procaces, desvergonzados, llegaron hasta los confines del Universo, mezclados a los terribles rugidos del Cazador que se balanceaba feroz embistiendo y siendo embestido, sin terminar de disolverse. Al fin cuando ya parecía que Cibehls sería reclamada por Dah-Dah, antes del Fin del Gran Sueño, Raihl estalló en pedazos de sí. Se derrumbó exhausto y descansó reconstruyendo sus fuerzas junto a la Diosa que recibió en sus entrañas el Poder iluminador de Raihl.
En la quietud de la satisfacción durmieron y soñaron juntos. En el sueño vieron sus cuerpos resplandecer sucios en sus propios líquidos. Palpitantes. Explotando vida, como burbujas fueron surgiendo de ellos sus hijos. Primero en una danza incandescente de vapores surgieron los SLIMSHIS; Los que danzan en la noche tibia; son quienes acompañan el placer de la carne, con sus vestidos rojos saltan de un lado a otro guiando a toda pareja que hace el amor. Delks, preside los besos y los primeros pasos de la seducción. El-Ella, sonríe misterioso, baila tenue como sobre un filo. Valjia, la Señora de la piel. Preside las caricias y roces. Viste la seda de sus cabellos y la piel. Bleum, Señor de los gemidos. Se expresa a través de las gargantas de los amantes y no los suelta hasta agotarlos. Hatsah, La danzarina, quien baila furiosa y liviana con los movimientos y estremecimientos del amor. Liamsah, Señora de los susurros, la que vela por el amor después del amor en cada palabra, gesto, caricia y el sueño. Luego surgieron como esferas luminosas los RALSHAS, El Rayo que abre el corazón de la Piedra. Ellos son Ralshij, Ralshem, Ralsharik, Ralshedit, Ralshads y Ralshim, que vuelan incesantemente sobre las cabezas de los artistas y suelen poseerlos avivándoles sus sentidos. Seguido surgieron rayos y explotó un líquido plateado que se desparramó por toda la tierra para luego palpitar sobre la superficie en infinidad de formas escondidas. Eran los SPELTERS, Los Ojos de la Noche ó los Que Iluminan la Noche. Ellos habitan algunos hongos y plantas, y pasan gracias a estas a las mentes de quienes los comen. Allí hacen estallar en miles de formas la cabeza de los seres abriendo nuevos senderos. Tras ellos nació de la sangre oscura una forma vaporosa, imprecisa, SARGOD, Señor de las Pesadillas. Su reino es la mente, su rostro es en principio terrible, ominoso. Pero a la vez es una pregunta que debe resolverse. Pegado a el surgió la sombra más clara de MELROD, El Señor de la Placidez. Su rostro impreciso, parece sonreír, el sopla brisas suaves sobre los durmientes y los arrulla con su canto. La sangre, las sombras de los cuerpos y la transpiración se unieron en formas múltiples que surgieron sigilosos, eran los SOLMIRHS, El Canto de la Sangre. Ellos alientan la satisfacción de la cacería, el sacrificio y la ofrenda. Hacen al cazador imperceptible, cubren sus huellas. De los flujos y el semen se deslizaron sinuosos los VALKHIRS, La Caída Tibia o Los Señores del Cambio. Ellos envuelven todas las ceremonias de unión y conocimiento. Hacen coincidir las formas mentales con el exterior. Por último del cuerpo de Cibhels surgieron como dos columnas de agua que se mezclaron con barro. Eran Lailith y Volker, los que Brillan en la penumbra. Ellos son el origen de la raza de los Railhas, su embrión, poderoso, y expectante, pues aún no se han manifestado en todo su poder.
Cuando Cibhels y Raihl despertaron sabían que la tarea estaba cumplida. Contemplaron la nueva raza y supieron que historia les esperaba contar y actuar.
Raihl satisfecho decidió partir. Pero antes de irse prometió volver en cuanto fuera necesario. Y se marchó saltando por la selva nocturna hacia un destino brumoso. Dejando en la piel de Cibehls la maravillosa sensación de sus caricias...el volvería. Ella estaba segura de eso y lo espera.

(c) Alejandro Mariatti,  1996.
 
 

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