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QUIEN PUEDE JUZGAR.

por Karina N. Giannetti

 

Sentada en la penumbra de mi habitación e intentando develar el misterio de la vida y la muerte una extraña aparición, espectro, fantasma o como quieran llamarle se presentó.

Sin sexo ni edad, solo se reflejaba en su rostro siglos, eones de experiencia, sin decir una palabra se sentó a mi lado, podía ver que con su mirada intentaba transmitirme aquellos conocimientos que las eternidades le obsequiaron.

No fue necesaria palabra alguna para comunicarnos, en sus ojos estaban todas las respuestas.

Así comenzó a revelarme lo que necesitaba saber.

La vida, que tantos rechazamos y otros tantos amamos, no es mas que un espejismo, una ilusión, un sueño.

Dios?.

Él solo es un invento que el hombre idealizó para lavar sus pecados, para echar sus culpas, no hay Dios, no hay hombre, no hay vida.

Pero cómo puede ser?.

No es sencillo comprender que no somos más que una idea, que Dios no nos indica el camino, ni nos traza el destino, somos nosotros los que escribimos nuestra historia, de guerras, de amor, de muerte, mentiras y traiciones.

A quién podemos echarle la culpa de todo lo que hacemos?, pues inventemos un ser superior que nos guíe, que nos enseñe el bien y el mal, inventemos a Dios.

Ahora sí, ya tenemos a quien cargar con nuestras miserias.

Una punzada de angustia se instaló en mi pecho y aquél ser sin mover los labios seguía cediéndome sus conocimientos.

Dejemos a Dios por un instante y centrémonos en el hombre.

Qué hacen para conseguir la felicidad?, eso que tanto buscan y nunca hallan, por ejemplo con el amor, tardan años en encontrarlo y una vez que lo tienen lo dejan ir, nunca se conforman.

Su vida, comparada con la mía es miserablemente breve, nacen para sufrir, es lo que escucho hace siglos, pero nada hacen por evitarlo.

Les gusta el sufrimiento, la angustia, se sienten acompañados con ellos, por eso nunca encuentran la felicidad, adoran vivir del pasado y se olvidan del futuro.

Y el presente?

Si supieran vivir el presente olvidarían el pasado, la raza humana es muy extraña, inconforme, infeliz, no saben lo fácil que es vivir el sueño que ustedes viven.

En pocas palabras, inventaron un Dios para esconderse detrás de él, viven el sueño equivocado, siguen sin aprender que la vida es mezquinamente transitoria y fugaz.

Qué pasa con la muerte?

Es solo otro estado de la vida, posiblemente el mejor de todos.

Así tan repentinamente como había aparecido se fue dejándome un sabor amargo en la boca y una sensación de vacío.

Tardé varios minutos en darme cuenta que la vida no dura más que un suspiro y no es más que una quimera.

Me levanté de la silla y sin dilaciones fui a la habitación, allí estaba ella, con la ayuda de un respirador, el único hilo que la mantenía en este mundo.

Las lágrimas corrían por mis mejillas, se la veía tan indefensa, frágil, era imposible creer que hace apenas unos meses estaba llena de vitalidad y ganas de vivir.

El mes pasado, cuando la trajeron a casa se le iluminó la cara, creyó que iba a mejorar y yo también lo creí, pero la enfermedad había avanzado demasiado, los médicos dijeron que ya nada se podía hacer, creí que me volvería loca, desde el principio de su enfermedad mi vida se convirtió en un infierno, pero ahora me siento en paz, la revelación de hace un momento me ayudó a tomar la decisión.

Mis manos temblorosas se acercaron al botón, luego un clic.

Silencio.

Ahora sí.

Adiós Hija Mía.

(c) Karina N. Giannetti Septiembre de 2002

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