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OSVALDO ESTÁ DESORIENTADO Y SIN SABER QUE TROLE HAY QUE TOMAR

Por Fernando Morales

 

Si no hubiera venido herido por tres whiskys seguro que al tipo no le doy ni cinco de bola; pero con el primero se me pianta la desconfianza generalizada, con el segundo ya quiero a todo el mundo y después del tercero me puedo dejar crucificar por la humanidad como el Señor. Y además lo único que tengo en el mundo que es la Gorda seguro que me estaba buscando para matarme, porque ese viernes había salido del laburo con el sobre del sueldo en el bolsillo convencido de que la vida es una herida absurda, y me había metido en un boliche y me había tomado tres whiskys. Y ahí fue que la llamé y le dije: "¿Gorda? Aquí tu concubino, y escuchame bien lo que te voy a decir: me voy a hacer cagar el sueldo hasta quedar tirado debajo de una mesa hablando pavadas, y si me queda algo me voy a buscar mañana alguna reventada para pasar la noche, y si no me lo curra todo, el domingo me voy a Palermo y le pido a Guitarrita alguna fija, para que los chuchos me pelen hasta la última chirola, ¿me oís?. Me volví soltero y voy a vivir, Gorda, qué Marilú, GOR-DA: ya me chupé la licuadora y ahora me pienso chupar la cuota de la heladera. Y si querés, buscame; te doy un dato: no pienso salir de Latinoamérica. Chau". Y corté cuando la Gorda empezaba a reaccionar, y salí del boliche contento como un chico. Y ahí me tropecé con el tipo. Tenía un impermeable con sombrero a lo Humphrey Bogart y me llevó por delante. En lugar de acomodarle una piña como hubiera hecho en otro momento, porque soy medio revirado para esas cosas, le dije:
- Por qué no te fijás por dónde caminás, pipiolo.
Pero inmediatamente le vi la cara y me arrepentí. Demacrada, lampiña y de color verde. Pero verde verde. "A la flauta -pensé- éste tiene la papa".
- Mi... disculparme -dijo, y trató de seguir, pero yo lo tenía agarrado. Qué cuerpo flaquito, parecía una lombriz con uniforme de combate.
- Pará, hermano. A vos te pasa algo. -dije y me arrepentí: otra vez el Zurdo, medio en curda, al rescate de un ser humano sufriente. El tipo sacudió la cabeza.
- Yo hombre... ahora... suicidiarme. Por favor...
Quería suicidarse el extranjero. Con ese cuerpo esperaba dos días más y no iba a tener que tomarse el laburo.
- Pero no seás pavote, cómo te vas a amasijar. A ver, contame qué te pasó. ¿Te curró tu socio? -Yo sabía que no, sabía que me iba a tirar encima el drama de su enfermedad y me iba a deprimir por una semana y dos noches, pero para qué están los amigos. Me miró con dos ojos negros y hundidos.
- Rosita... Rosita no estar ningún lado.
Se le quebró la voz. Chupate esa mandarina. Una mina. Pero miralo vos al vegetal enamorado. "Qué poco estaño -pensé- Otro que no fue a la Universidad de la Vida: se le pianta la paica del cotorro y ya quiere reventarse. Y dicen que el tango está muerto."
- Y vos la querías a la Rosita.
- Amor... yo amor Rosita. Pero no estar Rosita... -bajó la mirada hasta el suelo. Lo agarré del brazo.
- A vos te hace falta un gomía como yo, hermano, alguien que te abra un poco los ojos. Vení, vamos al boliche. Vas a ver que con dos whiskys Rosita y las demás minas te van a importar tres belines. Yo invito. Pero vení, no te quedés ahí parado como un idiota.

Cuando entramos al Maracaibo ya le había dado un curso intensivo sobre cómo tenía que manejarse con las mujeres, tema que no tiene secretos para mí, pero me dio la impresión de que no me daba mucha bola. Tenía la mirada perdida y parecía que cualquier cosa le daba igual. Nos sentamos en la mesa del fondo.
- ¿Vos sos chorro? -le dije de golpe. Me miró sin entender.
- No, te digo porque todos los ladrones están enamorados de Rosita. Bah, olvidate, es una joda.
En ese momento se acercó Mariel, revoleando el traste y con una mano en la cintura.
- Pirá, loca -le dije- éste no es un cliente, es un amigo. Es mi amigo... -me di vuelta y lo miré- ¿cómo es que te llamás?
- Baal -me dijo, y me le quedé mirando. Entonces escribió B-A-A-L con un dedo en la mugre de la mesa.
- Ah, no, salame, así no se escribe. Se escribe así -y dibujé con el dedo O-S-V-A-L-D-O -Mi amigo Osvaldo -le dije a Mariel.
- Ya veo -dijo, despectiva- Tuberculoso. Y borracho como vos.
- Pero tomátelas, reventada. Quién sos, Lilí Marlene, en este cabaret de cuarta. Para que sepas -tuve que levantar la voz porque se estaba yendo- de noche soy esta piltrafa que ves, pero de día me convierto en gerente de la Shell -lo miré a Osvaldo- Es joda, de día también soy una piltrafa. Pero decime, ¿dónde la conociste a Rosita?
Mi amigo suspiró. Miré distraídamente cómo nos servían dos whiskys.
-Yo bajar... desperfecto... golpear puerta. Necesitar inyector y metano. Dónde haber. Abrir Rosita y yo enamorar... yo... esta forma. No asustar. Rosita así... tetas. Mujeres Aldebarán no... tetas. Gustar todo grande así... oh, complicado.
Clavado. El punto se queda con el auto, golpea una puerta para mangar alguna cosa, sale Rosita que debe tener un par de tetas descomunales y el señorito que se enamora a primera vista. ¿Por qué? Porque en su país las mujeres son más bien lisas de frente. Puse cara de conocedor.
- Pero no, papá, vos no te podés enamorar de un par de tetas. Una cosa es el amor y otra la catrera. Decime, si querés, que el cuerpo para el crimen de Rosita te... excitó y bueno, a cualquiera le pasa. Pero cómo te vas a cazar este metejón de órdago sin haber...
- ¡Aldebarán yo amor todo mujer rápido siempre! -aporreaba la mesa con el puño. Le puse una mano en el hombro.
- Bueno, pará, no te calentés. Después de todo, quién soy yo para decir dónde está el amor o dónde no está. ¿Y hace mucho de esto?
- Dos drogs... seis meses yo amor. Rosita principio decir... extraño tú. Después yo hacer... voltura Aldebarán. Y ella enamorar. Decir: "No poder vivir sin Baal". Decir: "A veces parecer hombre mi vida y a veces verde pepino". Cosas hermosas decir. Enseñar hablar. Dar ropa. Todo voltura. Después... ella decir amor con afecto verdad. ¿Entender?
- Parecés un sioux con un ataque de nervios, pero sí, te entiendo. ¿Y después qué pasó?
Estaba todo claro: la mina primero entra por el verso, pobre tipo, con la caripela que tiene no puede ganar mucho con la facha. Y pensándolo bien, mucho verso no podía tener. Misterio. Pero parece que después la señorita le descubre alguna virtud enterrada y ahí se mete hasta las patas . Hizo un gesto vago.
- Rosita presentar mamá decir traer bombones quedar bien sí sí bien yo living. Yo no inyector y metano, yo Rosita. Ella beso cuando pero yo no sentir, ella sí y decir hermoso. Yo decir Rosita querer unión total voltura y ella decir no preparada. Eso ser. ¡Yo Rosita acá! -se golpeaba el pecho.
- Claro -dije yo, pero no estaba nada claro. ¿Le hicieron la rosca entre Rosita y la vieja? ¿Querían casarlo al moribundo éste las dos delirantes? ¿Qué es una unión total voltura? Le pregunté.
- Ser... Aldebarán ella venir mí y hacer unión voltura. Fundir. Separar y descansar. Fundir otra vez. Así. Feliz. Graznidos amor. ¡Yo amor! ¡Yo Rosita acá! -se golpeaba el corazón- Yo hacer dinero. Mucho dinero. Comprar bombones y cosas, inyector no metano no. Quedar.
Claro, pobre tipo, después de seis meses de hacerle el novio se la quiere voltear y la mina que nones. La vieja le debe haber dicho "usté nena me cruza las piernas, porque en cuanto me afloje un tranco de pollo este filón de oro se nos toma el Conte Rosso" y la Rosita, flor de guacha, le debe haber hecho la tórtola enamorada pero minga de catre. Y mientras tanto le curraban la guita. ¿La guita dije? ¿Y de dónde sacaba la guita el coso éste? Un extranjero sin papeles. Lo miré.
- ¿Y de dónde sacabas la guita, Osvaldo? -no me entendió.
- La plata. La mosca, la tela. El dinero, Osvaldo. Dijiste que hacías mucho dinero.
- Sí, sí, mucho dinero. Primero Rosita decir no servir. Después lindo. Igual. Todos pedir papelitos Baal. Baal hacer papelitos y dar. Rosita hablar así: "Estar loco Baal" y yo agradecer. Y Rosita decir: "Ser loco no bueno" y yo no agradecer más y no dar. Tu gente gustarle mucho papelitos Baal. Hacer muchos papelitos para Rosita. Dinero para Rosita. Mirar.
Sacó un toco de billetes que cortaba la respiración. Mamita querida, un imprentero. Yo, el Zurdo, el corazón del barrio, el hijo de doña Cata, mezclado con la mafia internacional. Me puse nervioso.
- Guardá, guardá eso, melón, que vamos a ir en cana. Pero mírenlo al señorito: uno se pasa media vida tratando de inventar un curro que funcione para piantar de la noria, y usté, un extranjero verde y flaco que habla en jerigonza es capaz de zafar en seis meses. No hay Dios, no hay. ¿Y dónde tenés la máquina, Osvaldito, amigo querido?
- ¿Máquina? Bosque. Tapar árboles. Yo desperfecto. Inyector...
- Sí, ya sé, ya me contaste, pero vos estás muy loco, hermano. ¿Cómo se te ocurre falsificar guita al aire libre? ¿Y ahora qué? ¿Se te rompió la máquina? ¿Pero no era el coche...? -estaba algo confundido yo.
- No, no. No coche Baal. Papelitos.
- Bueno, dejalo así. Pero decime un poco: ¿cómo los hacés?
Se entusiasmó.
- Ah, igual cuerpo. Y cara. Yo hacer cuerpo Baal. Yo asustar. Baal no así. Baal lluvia luz. Papelitos igual. Dinero.
Me dio la impresión de que el tercer whisky estaba haciendo estragos en el pobre. ¿Qué me quería decir con esa sopa de letras? ¿Dijo o no dijo que hacía cuerpos, o algo así? De golpe se me pararon los pelos de la nuca, cuando me di cuenta de un detalle terrible: cada vez que le venía el ataque de amor y decía "yo Rosita acá" golpeándose el pecho, no se golpeaba el pecho. Se pegaba más abajo. En el estómago. ¿Pero de dónde venía el coso éste?
- Che, animal, vos no te habrás comido a la Rosita, ¿no?
Se puso triste y se quedó callado, el caníbal.
- No -dijo después- Baal yo no comida. Comida bueno no. Yo provisión bosque. Amigo no entender. Rosita no estar más, Baal hacer este cuerpo y unión voltura y Rosita abandonar. Yo mostrar amigo cuerpo Baal. Mirar.
Miré atentamente para ver si entendía alguna fruta de la ensalada ésa, pero justo en ese momento hubo un cortocircuito en algún lugar detrás de él, o adelante, y en lugar de Osvaldo había una lluvia de chispas multicolores y una nube blanca, y me pegué un terrible jabón, y antes de que pudiera gritar "incendio" y salir de raje, se apagó solo y otra vez lo vi a Osvaldo. No estaba carbonizado.
- Ahora amigo ver. Saber. -dijo, melancólicamente.
- La verdad, no, justo hubo...
- Baal así -me interrumpió. No me escuchaba- Y cuando Rosita decir sí unión total voltura Baal yo feliz. Y envolver Rosita y Rosita puf. Desaparecer. No separar ni descansar. Puf. ¡Yo Rosita acá! -se golpeó otra vez- Yo suicidiar cuerpo Baal.
Bueno, por lo menos no se la había comido el muy bestia. La piba debía haber juntado un paquete de tela y antes de borrarse le había hecho la ofrenda. Y Osvaldo pateando el empedrado, buscando el tiro del final. Pero qué historia repetida, hermano, ¿el mundo no iba a cambiar nunca? ¿Todo era la podrida rutina, las mismas cosas todos los días? Me dieron ganas de llorar por Osvaldo, el whisky, el folklore, por mí. ¿Por qué se me quemó el zorzal en Medellín?
- Mirá, hermano -le dije- hoy te han amurado en el teatro éste y vos querés regar las tripas sobre el escenario. Pero creeme, no todas las minas son como Rosita. Olvidate de lo que te dije del rigor, del cachetazo a tiempo. A las minas hay que quererlas y mimarlas, si son lo más grande. ¿O no tenés vieja vos? Hay que tirar para adelante y meterse las cicatrices en el culo, papá. A este pipiolo que aquí ves le han dado tantos chuzazos en el bobo, hermano, y mirame, aquí me ves, creyendo en el amor como una colegiala. Yo te voy a decir lo que vamos a hacer: vamos a garpar, nos vamos a levantar y si no nos desmayamos nos vamos a ir a mi casa, cantando abrazados Allá en el Rancho Grande por la calle. Y vas a dormir en el living. Te aviso lo que te vas a encontrar: te vas a encontrar una gorda que putea en castellano, vos la gambeteás como te salga y te me abrazás al sillón grande, y de ahí no te sacan ni con banda de música. Cuando la gorda se te va al humo para echarte a patadas, yo como un wing habilidoso arrastro la marca para el lado del dormitorio y me encierro con la gorda hasta que se olvide de vos. Yo me arreglo, ya sé cómo calmarla. Y mañana será otro día. Yo sé lo que te digo, vas a ver que el sol viene con corte de manga incluido para los dramas de la noche. Pero ahora dejame que te cuente la historia de la turra de Esther, esa sí que era una yarará, hermano, reíte de Rosita. Si te digo que en tres meses me fundió el mercadito, el puestito de la feria, la ganchera y el mostrador ni siquiera estoy empezando a hablar, ponele la firma. A esta podrida la conocí en el casino de Mar del Plata, yo estaba ganando un paquete de guita con una cábala inmortal que me pasó el Alemán y ella se me arrimó y me preguntó si creía en el amor a primera vista. Yo iba recién por el segundo whisky, le eché un june de coté y me acuerdo que pensé "la maté con mi fina estampa", porque uno nunca termina de aprender, y le contesté que sí, y ahí nomás sobre el pucho...
Debo de haber estado hablando como dos horas, no lo podría decir. Ni siquiera sé de qué. Sospecho que hice un racconto de mi vida amorosa porque Osvaldo se reía como un loco, aunque no sé, porque él también estaba mamado por fallo unánime. Al final, con el sombrero echado sobre la nuca y los ojos vidriosos, me dijo "vos no sabés cómo yo querer, hermano", la lengua toda enredada (más, si era posible). Y que se volvía a su país, y después ya se me nubla tanto todo que no sé si me agradecía que le hubiera devuelto la fe en la vida o me estaba mangueando para el colectivo.

Me desperté porque me estaban sacudiendo el hombro. Un cana. Tenía la cabeza apoyada sobre los brazos y arriba de la mesa. Un hilo de baba había formado un charquito al lado de mi boca, y cuando abrí los ojos... ay mamita cuando despegué los ojos. No lo podía creer. Un montón de curiosos me miraban y apuntaban con el dedo. Había un cana, periodistas, la televisión. El de la TV me arrimó enseguida un micrófono.
- Para Nuevediario, señor: ¿qué era esa cosa luminosa que estaba con usted?
La cabeza me daba vueltas y se me partía en cuatro.
- Señor...
- Qué... qué sé yo... cortocircuito -me sacaron una foto- ¡Largá! -grité- ¡Decile al chasirete que se borre, che, que la gorda juna el decorado y me va a venir a buscar con el trabuco! -me despejé de golpe- ¿Pero qué les pasa a todos ustedes, están colifas? -me levanté para irme, un petisito de anteojos me cerró el paso. Obstrucción -pensé- Indirecto para allá.
- Señor, de Clarín...
- Pero salí, gurrumín, desde cuándo un curda es noticia -movía los brazos en molinete mientras avanzaba- ¿Me dieron el Nóbel a la Resaca mientras dormía? Aflojen, vamos.
El policía hizo un gesto como para detenerme. Yo quería dar una imagen de varón seguro de sí mismo, pero tenía un cagazo padre. Manotié el bolsillo buscando los fasos y me quedé helado. Mis dedos habían tocado un bulto que no necesitaba ver para saber qué era. La guita falsa. El reventado de Osvaldo se había tomado el buque y, con generosidad de mamado, me metió los billetes en el bolsillo. Listo. Chau. Arrésteme sargento y póngame cadenas. Aquí parte el Zurdo rumbo a la gayola. El corazón del barrio, el hijo de doña Cata. Yo no fui, comisario, de dónde va a sacar un seco como yo un original para copiarlo. No quiero cantarle Cambalache a un jarro de plástico después del horario de visitas. No quiero. Me agarró el pánico y atropellé contra la gente, tiré a la mierda al paralítico que me pedía a gritos que lo curara y llegué a la calle pisoteando congéneres. No estaba como para elegir puntos cardinales, así es que me mandé para cualquier lado y corrí. Corrí como Bargosi hasta que el bobo me dijo un metro más y te hago sol do.

Estoy a tres cuadras de casa, más calmado. Tranquilo, Zurdo, que nadie lo sigue. Asustado, lo que se dice asustado nunca estuve, pero reconozco que llegué a preocuparme un poco, viste. Rocambole. El Petiso Orejudo. Sacudo el bocho para despejarlo. La gente tiene el color que corresponde. Doña Clementina está barriendo la vereda y me saluda. "Cómo le va, Romualdo". "Como el culo, doña Clementina" le digo con una sonrisa, total es sorda y a mí me va como el culo. Gorda, pero qué digo, Marilú, Marilú de mi vida, mi única concubina, no pegués, escuchame: aquí vuelve tu Zurdo con su bigote anchoita. Pero no, amor de mi vida, cómo me voy a reventar el sueldo, corazón, vos sabés lo jodón que soy, tomá este paco y no me preguntés nada. Cuatro años de sueldo hay ahí. Te dije que no me preguntés nada. No, Marilú, nena, es legal; che, cuánto hace que dejé la joda, hoy soy un hombre honesto, vos me conocés bien. Pero che, no afané ningún banco, lo que pasa es que si te digo no me vas a creer. Bueno, está bien: me lo regaló un caníbal verde que estaba en cortocircuito y empilchaba como Humphrey Bo... ves, ves que no me ibas a... Marilú, cielo, veo una furia asesina en tus ojos... no, si no largás la escoba no salgo de atrás del sillón, Gorda, mi vida...

(c) Fernando Morales,  2000.
 
 

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