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OCASO

por Franco Arcadia

  

Xylon repiqueteaba sus ocho dedos contra la mesa de reuniones, mientras la discusión parecía llegar a su punto más álgido. Ya estaba harto de escuchar las distintas teorías de supervivencia. Afuera, una multitud expectante colmaba la Plaza de los Iones agitando sus rojos estandartes mientras aguardaba su discurso salvador.

-¡Salvador! ¡Con estos asesores ineptos me asombro de que nuestro planeta haya sobrevivido hasta hoy!

Los miró, uno por uno, casi sin escucharlos, dejándose arrastrar por su monólogo interno:

Rabel, tan hermosa como engreída, era capaz de dejar extinguir una raza antes de saltarse el esmalte de sus uñas. Jorye, todo bondad. Toneladas de sacrificio. ¡Ah, Jorye! Mi leal Jorye, si apenas una vez pudiera elaborar una idea inteligente. No pido dos, tan sólo una.

Mientras de reojo vigilaba la pantalla que reflejaba la plaza, escuchó la ronca voz de Koran sobresaliendo en la marea de sonidos.

¡Ja! Una voz de guerrero, una voz valiente que atropella sin escuchar. Si esos cuatro brazos de acero nos pudieran aportar la energía que necesitamos para sobrevivir más allá de esta noche de domingo... si su fuerza arreglara todo...

-¡No es fuerza bruta la clave de esta encrucijada! -murmuró.

Sus ojos se posaron en la pantalla donde la pujante civilización portiana vivía sus instantes finales, presentía su ocaso...

-¡No! -gritó Xylon, silenciando la discusión de su triunvirato asesor.

-¡No! -repitió mientras se incorporaba del trono con dificultad- ¡No es belleza, no es sacrificio ni tampoco músculos lo que nos salvará!

Jorye bajó la mirada y Rabel, con disimulo, revisó su peinado en el reflejo de la mesa. Apretando el puño con vehemencia, Koran intentó sonar respetuoso:

-¿Entonces, Supremo Xylon? ¿Qué salvará nuestro otrora imponente planeta?

Xylon guardó silencio un instante, haciendo valer su jerarquía. Luego, con total naturalidad, expresó:

-Un líder... -hizo una pausa adrede, para evaluar el impacto de su respuesta y continuó- Un líder con la inteligencia y sabiduría exactas para conducir a la civilización portiana más allá de estas lúgubres horas.

Jorye aplaudió emocionado y hasta Rabel estuvo a punto de liberar una refinada lágrima, pero recordó su maquillaje justo a tiempo.

-¿Pero, Xylon? -titubeó Koran, atónito al ver que el Supremo salía al balcón a enfrentar a la ansiosa muchedumbre...

-¡Portianos! -gritó Xylon acercándose al micrófono.

Inmediatamente, una capa de silencio se desplegó sobre las millones de cabezas que apuntaban hacia él.

-¡Portianos! ¡No vamos a morir!

Una oleada de vítores simultáneos casi logra resquebrajar los cristales adyacentes a la Plaza de los Iones.

Xylon extendió sus primeros seis dedos en señal de victoria y, de reojo, observó el rostro incrédulo de sus asesores que apenas habían asomado al balcón.

-¡No vamos a morir! Nuestros científicos ya tienen la solución al alcance de sus manos y yo mismo, con mi propio ojo, la he verificado, por eso de que dos ojos ven más que uno...

La multitud deliraba, festejando ruidosamente la ocurrencia de su líder.

Xylon saboreó el dulce fruto de su ego y, con la certeza del que conoce la indiscutible vigencia de su carisma, agregó:

-¡Mañana, lunes, despertaremos con toda la energía, para que nuestros hijos, brillantes herederos de Portian, iluminen nuestro porvenir como civilización! Una vez más, una vez más: ¡EL PLANETA ESTÁ EN ORDEN, QUARK LOS BENDIGA! -gritó Xylon mientras se besaba el medallón rojo que colgaba sobre su túnica.

La masa de seres entonó el Himno Iónico de Portian en forma exultante y Xylon desplegó sus seis dedos, triunfal...

Al reingresar a la sala de reuniones, el impetuoso Koran arremetió:

-¡Supremo! ¿Qué ha hecho? ¡Es el engaño más grande de la historia!

Xylon clavó su ojo en el guerrero, generando un momento de extrema tensión. Jorye intercedió:

-Pero Koran, ¿acaso no comprendes el inmenso amor de nuestro líder?

La mirada del guerrero solo respondía furia.

Jorye prosiguió:

-Piensa, si nuestro destino es irremediable, por lo menos Xylon ha derramado alegría sobre millones de seres que morirán... contentos, eh, digo, que eh..., al menos no morirán, bah, sí morirán, todos moriremos en unas horas, pero la intención del Supremo, fue igualmente hermosa.

-Hermosa -pensó Rabel- ¡No tengo tiempo que perder! Debo prepararme para ser la muerta más hermosa...

-Gracias, querido Jorye, pero tú tampoco comprendes. ¡No moriremos! Mientras ustedes discutían, nadando en las aguas de la confusión, yo he elaborado EL PLAN.

La pantalla mostraba como la gente abandonaba la plaza danzando y haciendo flamear sus rojizas banderas en la tarde del domingo.

-El plan es ejecutar la idea que escribió mi santo padre hace miles de años, anticipándose a esta situación.

-¡Oh! -exclamó Rabel, abandonando su catálogo mental de mortajas.

-Este sabio legado -continuó Xylon mientras descubría un sobre de entre sus túnicas blancas- que mi padre colocó en mis manos antes de morir es nuestra única chance.

-¡Léalo, Supremo! -rugió Koran- ¿A quién debo matar para que nuestro planeta sobreviva?

-Si hace falta que alguien se sacrifique por nuestra raza, acá estoy yo, Jorye, ofreciendo mi vida ya mismo.

-¡Matar, morir! Tal vez el plan requiere "otros" métodos más sofisticados -dijo Rabel mientras cruzaba sus tres piernas con sensualidad.

Con gesto solemne, Xylon desgarró el costado del sobre y colocó la clave que permitiría leerlo por única vez:

"Hijo mío: Si estás leyendo este documento es porque nuestro planeta, tal como lo preveía, ha agotado su energía encontrándose al borde de la desaparición. Lamentablemente, no hay una solución segura para este problema, sólo te puedo ofrecer una chance en un millón, presta atención. Debes ubicar el cuarto planeta del Sistema Solar, llamado "Tierra" y enterrar en su superficie este mini - aparato de simple diseño (adjunto planos). Parece simple, ya que no es un planeta tan lejano, pero debes enviar un ser lo más parecido a un "terrícola" (así se denominan sus habitantes), ya que tus chances aumentan cuanto más densamente poblada sea el área donde lo entierre. Te preguntarás cómo funciona. No te quiero aburrir con detalles técnicos que te roben el escaso tiempo que les quede, sólo te digo que, si lo logran, se convertirán en un planeta "parásito" de la Tierra, pero, de ese modo, ¡Portian sobrevivirá millones de años! Confía en mí y no te resignes, lidera y salva a la civilización Portiana..."

Xylon murmuró el saludo final de su padre.

-¡Tierra! ¡Qué nombre ridículo para un planeta! -acotó Rabel.

-¡No hay tiempo que perder! -dijo Koran golpeando la mesa.

Xylon desplegó el teclado con rapidez y deslizó sus dedos, en búsqueda de resultados inmediatos.

Al instante la pantalla de la sala, mostraba la imagen del Sistema Solar. Un par de comandos después, apareció la figura de la Tierra, junto a una ficha de datos al margen donde se veían el rango de temperaturas, la cantidad de habitantes y demás estadísticas insignificantes.

-¡Koran! ¿Cuánto tardarán tus hombres en preparar la máquina teletransportiana?

El guerrero, de pie en posición de firme, respondió:

-Quince minutos, Supremo.

-¡Perfecto! ¿Puede tu gente, Rabel, preparar un ser así en ese tiempo? -preguntó Xylon mientras colocaba el dibujo de un terrícola frente a ella.

-Seguro. Un bot de dos brazos, dos ojos, no es tan difícil para mi equipo.

-¡Bien! ¡Bien! Jorye, este es el diseño del dispositivo, tienes... -Xylon observó el reloj de la pantalla- ... unos trece minutos, ¿entendido?

-¡Sí mi Supremo, déjelo en mis manos!

Jorye abandonó corriendo la habitación, dejando a Xylon en la habitual soledad del poder en las horas aciagas.

Entre tanto, no muy lejos de allí, Koran con los músculos brillantes por el sudor nervioso,  ultimaba los detalles finales para la máquina teletransportiana.

-Sólo falta ingresar las coordenadas exactas -murmuró, mientras sus hombres empujaban la maquinaria hacia la Sala de Reuniones.

En la habitación contigua, Rabel cargaba en el diseñador de Bots la cantidad de dedos de "su terrícola".

-¡Diez dedos, a esos el esmalte les rinde el doble! Lo voy a llevar a la Sala en la portátil, para que le elijan el color de la ropa... -pensó Rabel- ¡Sí, así no me critican!

Instantes después, cuando ella se acercaba a la Sala de Reuniones, casi tropezó con Jorye que venía corriendo con el pequeño dispositivo en su mano.

-¡Lo tengo listo! Parece un escarabajo...

Ingresaron a la Sala, justo para escuchar la voz del guerrero:

-¡Supremo, sólo faltan las coordenadas!

Xylon amagó a responder, pero Rabel se interpuso:

-¡No! Antes necesito que me digan el color de su ropa...

Los tres giraron su cabeza, sin saber si reír o insultarla. Más diplomático, Xilon respondió:

-El blanco de la paz, Rabel. Absolutamente blanco, con los brazos en alto y sonriente ¿sí?

-Las coordenadas, Supremo -insistió Koran

-¡Ah, sí! Un lugar densamente poblado, veamos... -Xilon empezó a mover sus dieciséis dedos tecleando con rapidez- busquemos un lugar con mayor cantidad de gente en cien metros cuadrados.

Casi todas las miradas se dirigían a la pantalla, donde letra a letra se empezaba a formar una palabra: A - r - g - e - n - t...

-¡Toma nota, Koran! Buen-os A-ir-es, coordenadas...

Rabel interrumpió una vez más:

-¡Ay, todo blanco, no sé! Le podríamos poner un toque de color, ¿no?

-¡En un minuto debemos conectar los tres aparatos! -dijo Jorye- El Bot al dispositivo y éste a la teletransportiana.

-¡Anota, latitud...! -continuaba Xylon abstraído.

-¡Ay, no sé! Yo le pongo un poco de rojo, así vertical -murmuró Rabel jugando con el diseñador.

-... veintitrés grados longitud sur, Barrio de La... -digitaba Koran concentrado.

-¡Pero, Rabel, esa franja roja te quedo torcida! ¡Déjala así, que le vas a sacar un hombro si seguís tocando!

Xilon se puso de pie y ordenó:

-¡Listo, conecten! Nuestro destino nos aguarda impaciente...

Cerró los ojos un instante, pensando en la imagen de su padre y oprimió el interruptor maestro.

Los cuatro miraron la pantalla. La suerte estaba echada...

 

La primera imagen que recibieron de esas coordenadas del planeta Tierra fueron sorprendentes. En el exacto lugar donde debería aparecer el enviado, una muchedumbre amontonada en unas enormes gradas, entonaba una especie de canto tribal en un idioma incomprensible.

-Parece que saben de nuestra visita... -murmuró Xylon con asombro.

-Y nos están agasajando, miren la multitud que se reunió para darnos la bienvenida -agregó Jorye visiblemente emocionado.

-Evidentemente nos temen -dijo Koran golpeándose el pecho-, conocen de nuestra fuerza implacable.

La imagen reflejaba algo que parecía ser un anfiteatro o estadio, donde rodeados por miles de personas, veintidós terrícolas corrían detrás de una esfera para patearla con ímpetu y destreza.

-¡Qué organización! -exclamo Rabel- Miren esos estandartes azules y amarillos que caen sobre ese cartel de "Bombonera".

-¡Diez segundos para que surja el enviado! -dijo Xylon- Nueve, ocho...

-¡Esperen...! -interrumpió Jorye- ¡Algo pasó, hay diez hombres sobre el césped que se abrazan y festejan!

-¡Qué divinos! -aplaudía Rabel- Hasta están vestidos con los colores de nuestro enviado...

-¿Será porque la esfera tocó la red? -se preguntó Koran- ¿Y por qué los de la tribuna azul y amarilla no celebran?

-Tres, dos, uno... ¡Ahí está!

Entre la multitud rodeada por enormes banderas azules y amarillas, surgió una figura sonriente y con los brazos en alto, luciendo su casaca blanca con una cruzada banda roja...

 

Segundos después de que la pantalla se apagara, ya en el ocaso del domingo, algo caía cerca de un niño sobre el blando césped de una plaza vecina al estadio. Al verlo, el pequeño terrícola asustado exclamó:

-¡Papi, un escarabajo! ¡Pisalo!

(c) Franco Arcadia Santiago del Estero (2003)
 
 

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