{upcenter}
{upright}

NO PARECÍA UNA NOCHE ESPECIAL

Por ALEJANDRO MARIATTI


No parecía una noche especial, al menos así lo creía Antonio. Volvía de unas nada apreciadas horas extras, cansado y mal humorado. La luna llena derramaba un brillo sucio sobre las cosas, ya deformadas por la luz de mercurio. El trayecto desde el Acceso Tigre hasta su casa era muy poco recomendable para cualquiera que no viviera allí, en Carupá. En el barrio los vecinos se conocen todos, así que “los muchachos” no lo jodían, de todos modos iba con cuidado.

Caminó dos cuadras, sorteando charcos. Faltaban solo tres cuadras para llegar a su casa, entonces los ojos de Antonio se vieron sacudidos por una repentina y enceguecedora luz plateada, era como si la luna se hubiera caído sobre Carupá. Un segundo después de ese fogonazo toda la Ruta ciento noventa y siete se convirtió en un túnel hacia la nada. Parecía el interior de una boa inmensa y muy negra.

Lentamente los ojos de Antonio se acostumbraron a la oscuridad, pues la luna llena había quedado escondida por una nube densa y grande. Avanzó a tropezones tanteando las paredes y probando el terreno. Pasados unos cuantos metros a ciegas, la nube se corrió permitiendo que tuviera una ligera idea del camino. Estaba muy cerca de uno de los desagües; por allí hace unos veinte años corría el Arroyo Cordero. Ahora es un curso de agua negra y putrefacta corriendo por caños, los cuales quedan desbordados cada vez que llueve fuerte y hay sudestada. En ese momento oyó algo fuera de lo normal. Parecía un gorgoteo seguido de un gruñido, se detuvo escuchando y una sombra se deslizó fugaz por la desembocadura del desagüe. Antonio se sobresaltó. Hubo un chapoteo rápido, como de patas corriendo en agua. Vio a unos veinte metros una silueta salir de la otra boca de desagüe. Esta se quedó inmóvil, sentada sobre sus patas traseras dándole la espalda.

Parecía un dogo o más bien un inmenso gran danés. Se había acuclillado para defecar. Antonio observó que el lomo era muy ancho en la parte superior, tenía forma triangular. El color pardo grisáceo tomaba tintes inciertos bajo la poca luz. No supo que hacer, semejante perro sin dueño y saliendo del desagüe lo intranquilizaba. De todos modos le quedaban solo tres cuadras para llegar a su casa, no se iba a quedar allí toda la noche.

Reinició la marcha pensando en aprovechar que el perro estaba ocupado y entonces eso emitió un gorgoteo seguido de un gruñido de tonos muy bajos con una resonancia metálica. Se detuvo intrigado y algo más. Miró mejor, ese lomo sin duda no era de perro. Podía ser un improbable pero no imposible simio. Pero y ¿ese sonido? ¿Qué podía ser?.
Avanzó más y pudo apreciar que el perro- simio o lo que fuese, no estaba sentado, ni defecando. Solo esperaba algo. No le podía ver las orejas, ni la cabeza, debía estar rastreando algo, oliendo el suelo y tal vez, ese sería el sonido extraño. “Si pudiera verle la cabeza tendría una mejor idea de lo que es”. Fue pensar eso y el “deseo” le fue concedido, aunque esto no era esclarecedor y mucho menos, agradable.

Eso giró la cabeza. En cierto modo parecía un Bull Dog. La trompa era chata y negra, surcada por unas carnosas e irregulares líneas rojas que se hinchaban acompasadas, como agallas de pez, cada tanto asomaba la lengua negra bífida.
Otra vez sonó el gorgoteo. El sonido tenía diferentes graduaciones, como si se tratase de un lenguaje. Eso apenas necesitaba abrir la boca para herir el aire con ese ruido.

Lo peor fue cuando se fijó en los ojos. Eran negros, sobresalientes sin párpados. Ese ser tenía la cabeza totalmente dada vuelta hacia él, sin necesidad de torcer en lo más mínimo el cuerpo. El cuello giraba independiente, como una bisagra. Y los ojos sin brillo estaban fijos en él. Antonio muy despacio dio un par de pasos hacia atrás. Eso, mantuvo su posición de espaldas mirándolo y avanzó hacia él mientras emitía ese gorgoteo extraño. A Antonio se le erizaron los pelos. Fue volviéndose listo para escapar. Apenas había girado medio cuerpo y a sus espaldas escuchó ese sonido, vio por el rabillo del ojo otra sombra furtiva deslizándose a dos metros. Hacia adelante podía doblar en la calle que cortaba, ya no recordaba el nombre, solo sabía que estaba ahí y necesitaba escapar a donde fuera.

Buscó arrimarse a una pared próxima y de ese lado sonó otro gorgoteo bajo pero muy cercano. Miró hacia el origen, allí a pasos había uno acechándolo desde la oscuridad de unas plantas, solo asomaban los ojos sin brillo y la lengua bífida. Se dio vuelta temblando, cruzando la ciento noventa y siete, se acercaba otro ser emitiendo ese sonido horrible. Ahora el gorgoteo se había multiplicado por tres o cuatro, el primer ser había llegado a pocos metros y se deslizaba siempre de espaldas, con la cabeza vuelta hacia el. Todos los seres parecían caminar igual.

Antonio no podía caminar, apenas podía respirar. Recordó millones de cosas que tenía enterradas en su memoria en menos de un segundo. En ese momento solo le quedaba esperar. Quería que todo terminara pronto, había perdido toda voluntad como para resistir o huir resignado a lo que viniese. Estaba rodeado por esos seres, creía estar en la peor situación de todas, hasta que los seres dejaron de darle las espaldas y giraron sus cuerpos hacia él; entonces supo que aún había más y mucho peor de lo que podía imaginar.

(c) Alejandro Mariatti,  2007.
 
 

MAS CUENTOS
 
 
 

Me interesa tu opinión, si querés, mandame un mail



 

Liter Area Fantástica (c) 2000-2010 Todos los derechos reservados

Webmaster: Jorge Oscar Rossi

mail: jrossi@literareafantastica.com.ar