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Autobiografía de una entidad llamada

Nigio

(También conocida como Giovanni Castro)

 

Giovanni Castro es el seudónimo que usa el dibujante Nigio cuando tiene que hacer cosas tan aburridas como ganarse la vida y trabajar. Cuando se libera de esas pesadas cargas, Nigio se dedica a ilustrar, dibujar historietas o surcar los cielos virtuales en los simuladores de vuelo.

Castro nació en un remoto pueblo del caribe colombiano. Era un niño como todos hasta que la entidad Nigio se apoderó de su cuerpo y alma, y desde entonces lo usa como instrumento para materializar sus delirios artísticos. Algunas veces Nigio cae en estados de languidez, lo que aprovecha Giovanni para tomar el control y hacer lo que siempre ha querido. Es entonces cuando se dedica a leer historietas y novelas de ciencia-ficción.

Nigio obligó a Castro a decantarse por un estilo realista y una técnica depurada, lo que le ha costado miles de horas encadenado a la mesa de dibujo, una producción lenta y muchos dolores de espalda. Pero el implacable ente no se compadece y sigue adelante, exprimiendo al máximo el cuerpo que ha poseído.

En ocasiones, algunas personas o entidades han reconocido el esfuerzo, la tozudez y la perseverancia de Castro, y le han otorgado premios o distinciones. A Giovanni esto le viene muy bien porque así puede comprar más cómics y llamar a su mamá para que esté orgullosa de él, pero a Nigio esas cosas le abren aún más su insaciable apetito por dibujar y pintar, así que mira de reojo su nombre escrito en el diploma mientras boceta su próxima ilustración.

A Giovanni de adolescente tal vez le hubiera gustado ser otra cosa en la vida, como ingeniero, abogado, banquero, o esas otras profesiones que tiene la gente común y corriente y que te dejan un auto, una hipoteca y una ulcera gástrica, pero Nigio no le dio tregua, y una vez hubo terminado los estudios básicos, lo puso a aprender pintura y diseño gráfico.

Cuando Castro entendió que el ente Nigio se había adueñado de su existencia y que ya le sería imposible sobrevivir sin él, se resignó a su suerte, e incluso empezó a tomarle aprecio y a pensar que eso de ser artista no estaba tan mal, ya que el dibujo le permitía hacer cosas como levantarse tarde, ser miembro de la cofradía secreta de los dibujantes o llevar una boina. Así los dos, en comunión simbiótica no exenta de algunas rabietas y peleas, han peregrinado de trabajo en trabajo y de ciudad en ciudad (Barranquilla, Bogotá, Roma, Barcelona, Madrid) buscando la piedra filosofal que apacigüe el hambre atávica del ente con sueños de artista.

(Esta autobiografía fue sacada del sitio de Nigio, www.iespana.es/nigio . Si querés, le podés mandar un mail a nigio@yahoo.com )

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