{upcenter}
{upright}

 

LA MÁXIMA PERFECCIÓN

Por Pily B.



- ¿¡Alguien más!? ¿¡Estás completamente seguro!? _ El director de aquella empresa limpió por enésima vez en las últimas horas, el sudor de su pálida frente.
El otro despejó la suya en un acto reflejo, pero su negro cabello ligeramente ondulado, insistió en volver al mismo lugar.
Finalmente tomó asiento sin apartar la vista de su superior:
- Sí, Knot. El nuevo mensaje subespacial enviado por el portavoz robótico ha dejado bien claro que debemos enviar a otro más, quieren un nuevo robopsicólogo para que interceda en esta inusual contienda. De lo contrario esta especie de estúpida huelga se prolongará, y como ya sabemos continuará poniendo en peligro el bienestar de las gentes de Yuno. Todo depende ahora de nosotros.
- Pero, no podemos... ¿¡Maldita sea, cómo es posible!?
El recién llegado observó al director de aquella empresa percibiendo una pequeña punzada de tristeza. Los cabellos del hombre comenzaban a encanecerse de forma demasiado evidente.
Knot continuó ajeno al raudo examen del otro:
- ¿Qué está ocurriendo, Dak? ¿Desde cuándo un puñado de androides ¡nuestros propios androides, por Dios!, toman el control? ¿Y desde cuándo no cumplen con su palabra? Se suponía que cuando llegase nuestro primer robopsicólogo a Rhoma, ambos, humano y máquinas, estudiarían el conflicto y tomarían una decisión equitativa para todos ¡y no ha sido así...! ¿ Por qué confiar en ellos entonces?
El joven, haciendo acopio de toda su paciencia, aguardó únicamente a que SU PADRE se calmara, y mientras éste lo hacía, Dak por primera vez fue consciente de la notable pérdida de peso del otro. Verdaderamente estaba sufriendo en demasía durante los últimos días... Ahora ya no parecían idénticos. Su padre ya no era todo lo alto y atlético que había sido en un pasado. Su mirada, había perdido esa soberbia que siempre la hizo resultar peligrosa, incluso el verde de ésta parecía haber palidecido. Aunque todo esto naturalmente no había ocurrido en cuestión de días...
A pesar de la expresión pesarosa en el semblante de su hijo, la mente de Knot continuó como su propio nombre muy bien indicaba, hecha un lío:
- ¿Por qué debemos transigir, dime, acaso sabemos qué le ha sucedido al primer operario, al que enviaron los propios Yunianos? ¿Y a nuestro robopsicólogo? ¡No sabemos si aún sigue vivo, si ambos siguen vivos! ¡No...!
El joven subdirector decidió cortar por lo sano:
- Cálmate ¿quieres? Lo sé. Sé todo. ¡No necesito que me pongas al corriente, yo también estoy metido en esto...!Trabajamos en la misma empresa ¿recuerdas?
Pero lo que Dak sí hizo sin la ayuda de Knot, fue recordar cómo comenzó todo.
... El planeta Yuno se encontraba en un Sistema Solar vecino al propio sistema Solar "terrestre". Éste había sido habitado por un nutrido grupo de antiguos "Solares" inconformistas que emigraron dispuestos a crear lejos del Sol y sus planetas pupilos, una nueva raza independiente...
Pero su independencia terminó cuando en el subsuelo de Rhoma, uno de los principales satélites naturales de Yuno, fue hallada una insólita variedad de mineral metálico con propiedades de mineral energético capaz de generar el doble de calorías que el propio carbón común... Esto significaba un importante hallazgo extremadamente económico y rentable, un verdadero tesoro... Pero existía un inconveniente, el Homanium, como se denominó al aparente mineral, se encontraba rodeado en los lugares próximos a su ubicación por un gas igualmente desconocido que explosionaba al entrar en contacto con el aire que se respiraba en las instalaciones improvisadas para la extracción.
... Este hecho significó el fin de su independencia, pero debían ser consecuentes. Había llegado el momento de dialogar con el gobierno del Sistema para que éstos les arrendaran de forma inmediata algunos de los androides que se empeñaban en no vender. El homanium era demasiado valioso, pero también sus vidas... y los engendros eran lo únicos que podían trabajar sin necesidad de oxígeno.

La población del satélite fue de este modo constituida íntegramente por hombres mecánicos que trabajaban incesantemente en la extracción del mineral y en la construcción de una pequeña ciudad donde se albergaría la futura ciudad minera.
Pero un buen día, sin previo aviso y sin un fallo aparente en las instalaciones, se detuvo el trabajo al mismo tiempo que las comunicaciones fueron bloqueadas. Las minas y yacimientos existentes en la superficie del propio planeta, administradas a esas alturas por androides del mismo tipo, también se paralizaron y no hubo forma de hacerles volver a sus respectivas ocupaciones.
Se envió entonces a Rhoma, a un único portavoz, y éste debió ser engullido por el satélite y sus propios habitantes, puesto que no hubo cambios.
Los Yunianos tuvieron miedo de tomar una nueva decisión errónea, así que se vieron obligados a poner al corriente a La Diseño y División de Androides Terrestres. Sus queridas obras habían cometido presuntamente tres delitos, sublevación, secuestro y muy posiblemente asesinato...
La DDAT tomó medidas enviando al robopsicólogo Paul Flency a Rhoma, origen del conflicto, y todo se complicó aún más...
En cuanto hubo entrado en la órbita de Rhoma el robopsicólogo no volvió a dar señales de vida, exactamente igual que había sucedido con el Yuniano.
Precisamente cuando "La División" estaba empezando a pensar en tomar las subsiguientes medidas drásticas, recibieron un mensaje del portavoz AO183. Este mensaje de algún modo personalizado, fue enviado al subdirector de aquella empresa, y poco después fue cuando Dak, el mismo a quien se remitió, entró en el despacho de su padre.
- Y dime... ¿¡El mensaje, lo... te lo enviaron sin codificar!?
Dak respiró profundamente preparándose para el próximo estallido:
- Así ha sido, pero...
- ¡Dios santo, lo sabía! ¡La información volará de un rincón a otro del Sistema, incluso a través de la red, lo han hecho para vengarse de sus propios creadores! ¡Ahora todo el Sistema sabrá lo que está ocurriendo sin habernos dado la oportunidad de explicarnos antes! ¡Los propios Yunianos sabrán de una vez por todas que la situación está definitivamente fuera de control desde que enviamos a Flency, que no hemos avanzado...! _ Su voz fue convirtiéndose en un chirrido estridente -. Esta situación acabará con nosotros... ¡Estamos perdidos! Seremos el hazmerreír del Sistema...
Knot pensó que ahora sí les vendría bien el apelativo que el resto de las empresas del Sistema Solar utilizaban cuando se referían a la, hasta ahora más poderosa, empresa del sector: Parodia Humana.
- ¡Qué haremos, Dak...!
- Enviar a alguien como nos ha pedido nuestra querida creación.
- ¡Pero eso es imposible...! ¿Qué derecho tenemos de enviar a alguien más a una muerte segura? No podemos hacer eso, va en contra de cualquier principio. ¡Debemos encontrar otra solución!
- Escucha ¡podemos y lo haremos!
- ¡Pero...!
- He pensado en enviar a Neve. - Su tono de voz se vio sospechosamente alterado -. Me tomé la libertad de hablar con ella antes de venir a tu despacho, nada más recibir el mensaje. Está dispuesta. Al fin y al cabo... - Mordió su labio inferior intentando disimular el nuevo cambio en la entonación de sus palabras -... Paul es su compañero y amigo.
La expresión de Knot se volvió ceñuda al mismo tiempo que sus nervios se esfumaban casi por completo. Contempló a su pupilo en silencio durante unos instantes, su propia imagen frente a él. No pudo dar crédito a lo que acababa de oír.
Hacía tiempo que pensaba que aquella "historia de histeria" había concluido.
- ¿¡Neve!? ¿Te refieres a Neve, la...?
- ¡Sabes muy bien a quién me refiero! Neve, nuestra robopsicóloga.
Knot volvió a guardar silencio cada vez más perplejo. Recordó a la belleza de color con la cabeza totalmente rasurada... Neve Twain, era una de las pocas robopsicólogas de aquella empresa y también la única mujer que había osado rechazar a Dak Loestone cuando éste le pidió que se uniera a él... Aquello había sido un duro golpe que Dak, en un principio, no había estado dispuesto a superar. Por ello intentó hacerla la vida imposible esperando que ésta, harta, se marchase de la empresa, pero Knot impidió finalmente que la sangre llegase al río. Y con el tiempo incluso logró que enterrasen el hacha de guerra...
- Ella es una de las mejores... y, bueno, digamos que está encantada.
- Dak... - La expresión de su rostro estaba dando paso al pesimismo -... Sólo espero que estés seguro de lo que haces, ¡de lo que vamos a hacer...! Espero que seas consciente de que la decisión que has tomado es la más adecuada. Si fallas... Si fallamos será el fin.
El subdirector de la DDAT comprendió al instante:
- Demasiadas personas quieren vernos muertos laboralmente hablando...
- Eso es, pero eso no es lo más importante. Si fracasamos podría ser el fin de nuestras relaciones, perderíamos de una vez por todas el contacto con nuestros semejantes en Yuno... Los androides de la DDAT son el nexo entre ambos pueblos.
- Lo sé, créeme, y aun así sigo pensando que no hay motivos para perder los nervios, podemos solucionarlo. Fuimos nosotros quienes pusimos fin al obstinado aislamiento de los Yunianos, y ahora solventaremos nuevamente el problema.
A Knot no le sorprendió que su hijo, de algún modo, acabase de darle la vuelta a la tortilla. Sabía perfectamente por qué lo hacía. Únicamente intentaba insuflar un poco de confianza en el castigado corazón de su padre, pero lo estaba haciendo glorificando el poder de la empresa y Knot, moralmente, no podía consentir que su brazo derecho manipulase la información de esa forma. La División, no era una empresa de DIOSES.
- Nosotros únicamente nos limitamos a obedecer administrando lo que se nos pidió. Nada más. Fueron los Yunianos quienes solicitaron la ayuda que finalmente les proporcionó el gobierno de nuestro Sistema. El resto de los acontecimientos se sucedieron sólo como consecuencia de las necesidades Yunianas... _ Knot trató de no calcular los beneficios que el pueblo Yuniano les había proporcionado adquiriendo los derechos de arrendamiento de tantos obreros como habían necesitado. Prefirió pensar que su negocio, y la posterior contratación del escaso soporte técnico, habían contribuido a que ambos Sistemas se mantuviesen de algún modo unidos _... Pero ahora son ellos el problema, ¡nuestras propias creaciones! Al menos los Yunianos lo ven de ese modo ¿¡lo entiendes, Dak!?
- ¡Por supuesto que lo entiendo, y vuelvo a repetírtelo, confía en mí, sé lo que hago...!
El anciano sonrió tristemente a su "cachorro", comprendiendo finalmente que no tenía otra opción.
- ¿Entonces, cuándo se pondrá en marcha?
- Bueno, verás... _ Dak miró extrañamente excitado su cinta temporal _... eh... ella... ha debido salir hace escasos minutos. Ya debe estar fuera de la órbita terrestre rumbo a Rhoma.
Al contrario de lo que el joven subdirector había pensado que sucedería, el viejo, simplemente soltó una estrepitosa carcajada.


Neve no podía creer que el resto de sus compañeros llegase a pensar, ni por un momento, que las cosas en realidad eran como aparentaban ser. El comportamiento de los "AO" ¡estaba regido por las leyes de la robótica!, por ello un androide jamás desobedecería a un ser humano y mucho menos si la actuación conllevaba cierto riesgo para la vida de éste. Asimismo, aunque aparentemente el comportamiento de los androides no tuviese ninguna lógica, el sentido común le decía a Twain que todos, absolutamente todos los androides, no podían estar fallando.
«¡Está claro que la situación va a resultar muy, pero que muy reveladora...!»
Una expresión de suspicacia se abrió paso en el, hasta ese momento, dulce rostro de la mujer negra.
La experiencia se lo había demostrado en más de una ocasión, lo más probable es que el resultado final fuese un nuevo ridículo en el Currículum Vitae del ser humano. Estaba convencida de ello. Pero...
- ¿¡... cómo es posible que no lo vean!? - La mujer se sobresaltó al escucharse a sí misma.
El androide femenino la observó a su vez. Daisy, que así se llamaba el AC121 o androide de compañía, había estado observando desde el momento en que estuvieron en la abovedada ciudad, todo cuanto entró en su campo de visión. Ahora se hallaban a bordo de un aerocoche recorriendo de lado a lado la totalidad del terreno urbanizado dentro del conflictivo satélite.
- ¿Cómo dice? - Su voz no resultó para nada "electrizante".
- Olvídalo, pensaba en alto.
Ahora Neve estudió atentamente a la mujer biónica para desviar más tarde su atención, hacia los dos androides obreros que les habían asignado en tanto cubrían la distancia desde la nave al lugar donde se entrevistarían con 183...
Su examen reveló lo que ya sabía. Ambos modelos eran muy distintos...
La DDAT había seguido un criterio harto riguroso a la hora de fabricar engendros; la apariencia de éstos iba siempre en función del trabajo desempeñado. Era ilógico emplear importantes sumas de dinero en "poner bello" a un mecanismo como era un "AO", que trabajaría bajo tierra y prácticamente no influiría en la psique de nadie. El caso de los "AC" era muy distinto, se trataba de modelos urbanitas que convivían día y noche con humanos de todas las edades y estados anímicos. Por ello su aspecto físico, programación "protocolaria" e incluso algo tan pueril como podía ser su tono de voz, resultaban de extrema importancia...
Por lo tanto Daisy era una mujer de pies a cabeza. Nadie que no conociese la existencia del último modelo de androidehumano, hubiese sabido que aquella joven de cuerpo escultural y ondulada melena albina, era en realidad una máquina altamente sofisticada. Tanto, que los AO deberían venerarla. - Neve se compadeció de las infortunadas parodias -... Éstas se mostraban ante sus ojos tan metálicas como en realidad eran, aunque con un excepcional pulimentado. La textura de su piel dorada siempre resultaba extrañamente suave a la vista, sin embargo, su apariencia continuaba siendo demasiado rudimentaria. Aunque sus formas y medidas eran similares a las del cuerpo humano, aún dejaban mucho que desear...

Neve Twain se cansó rápidamente de ver la misma lúgubre morada en todas direcciones, pero ¿a quién le importaba? El aerocoche finalmente se había detenido ante uno de los edificios clónicos de la inusitada ciudad de metal azul. Éste era tan irritantemente elipsoide como el resto y se hallaba del mismo modo segmentado tanto horizontal como verticalmente...
En su interior, el perpetuo séquito formado por los dos androides obreros, las dejó a solas en una gigantesca estancia sin ningún tipo de explicación, y entonces Neve lo vio. Paul se hallaba allí, esperándola... Le contempló durante un momento y se sintió realmente orgullosa de él. El físico del joven que le había robado el corazón, en realidad se parecía bastante al de su queridísimo Dak Loestone, pero su temperamento era totalmente opuesto, quizá por ello finalmente terminó siendo su prometida. Sí, su paciencia era su principal virtud y su mayor atractivo... Pero lo que en realidad la importaba ahora era saber cómo se encontraba Paul, y éste parecía estar bien, puesto que su aspecto era muy saludable.
Neve corrió a su encuentro. Cuando finalmente se cansó de abrazarlo, fue consciente de que en realidad había alguien más en la habitación, y el individuo de larga cabellera terrosa, la miraba con cara de pocos amigos... Éste era de corta estatura, aunque su cara revelaba que debía andar por los cincuenta.
Neve se precipitó a estrechar su mano:
- Señor...
- Crawford. Edward Crawford, del planeta Yuno. - Dudó un instante teniendo en cuenta la presencia de la otra mujer -. Supongo que usted es... es... Neve Twain.
- Así es, robopsicóloga de La Diseño y División de Androides Terrestres, y ella es Daisy, mi androide personal.
Daisy saludó con un ligero movimiento de mano y una pequeña sonrisa.
El Yuniano miró horrorizado al AC121 mientras éste tomaba posiciones, quedándose por último pasmosamente quieto de pie junto a la pared. Decididamente Edward Crawford estaba demasiado acostumbrado a ver únicamente a androides de aspecto robótico... Cuando volvió en sí, omitió la mano de Neve y ésta se sintió verdaderamente ofendida por ello. Aquel sujeto definitivamente no le gustaba un pelo.
Paul comprobó a la sazón, lo que había estado sospechando durante las largas horas de espera junto al áspero individuo. Realmente era intratable, y conociendo el mal genio incontenible de su futura mujer, prefirió prevenir antes que curar.
Tomó entre sus manos la hermosa cara de la mujer, pero ésta ya no tuvo el mismo deseo que había tenido de volver a recrearse en la mirada azul de su prometido. Aunque ciertamente lo había echado de menos:
- Me alegro de verte Neve, de veras... y ahora dime ¿cómo te encuentras?
La mujer apartó suavemente las manos de su prometido y miró de reojo al Yuniano, éste tomó asiento ajeno al dúo terrestre, ahora parecía demasiado ensimismado como para prestar atención a la subsecuente "escenita" de amor.
- ¡Estoy perfectamente! - Se volvió ceñuda hacia Paul. El nuevo brillo que había en sus ojos reveló que le había pillado en su juego -. ¿Y bien? ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo os han tratado? - El tono de su voz descubrió finalmente su cambio de humor.
Mientras esperaba una respuesta sin demasiado entusiasmo, fue consciente de que la habitación donde los habían reunido había sido evidentemente improvisada ya que el mobiliario no era otro que cuatro pequeños asientos aparentemente confortables.
- Lo cierto es que no ha ocurrido nada ¡nada de nada! - Neve volvió su pequeña cabeza desprovista de cabello, concediéndole al fin su atención -. Hemos sido muy bien tratados, excepcionalmente, de veras... Desde que llegué no hemos hecho otra cosa que dar vueltas por toda la ciudad, escoltados por un par de nuestros androides.
- ¿¡Entonces, no habéis averiguado nada!? ¡Habéis estado aquí simplemente como invitados sin!...
- Cariño, cada vez que he intentado entrevistarme con 183 éste ha denegado mi proposición amablemente a través de otros individuos. En realidad no sabía qué pensar hasta que al fin, el mismo 183, nos informó de tu llegada y la entrevista que mantendríamos posteriormente, cuando tomases tierra.
- ¡Al menos tú tuviste más suerte! - El Yuniano volvió en sí -. Le viste esporádicamente en cuanto aterrizaste, pero yo - regaló una irónica sonrisa a la joven belleza negra - estuve completamente solo hasta que viniste, nuestro amigo 183 ni siquiera se dignó a darme la bienvenida, ¡el muy...!
Las puertas de la estancia se abrieron dejando entrar a un único individuo robótico, se trataba de 183. Crawford cerró rápidamente la boca.
- Bienvenida señorita Twain, soy 183. - La voz del minero resonó tan metálica como cabía esperar.
- Gracias 183. Me alegro de verte.
- Yo también señorita Twain, y no se imagina cuánto. Señores... - Hizo una pequeña reverencia.
La robopsicóloga intuyó por su actitud, que el androide no iba a andarse por las ramas. No se confundió:
- Tome asiento, por favor. - Se dirigió también a los dos hombres -. Pónganse cómodos, ha llegado el momento de dar las debidas explicaciones. Si precisan algo no tienen más que decirlo.
El trío obedeció al instante, pero la paz duró muy poco tiempo.
- ¿Por qué detuvieron la extracción sin que se lo ordenásemos? ¿Quién les dio permiso para que tomasen esa decisión? ¿Qué ocurre, es que existe algún fallo en las instalaciones, estamos en peligro acaso? ¡Contesta, es una orden!
- Su comportamiento es muy lógico señor Crawford, quizá me haya extralimitando con tanta demora, pero créame, era necesario. Y ahora comencemos cuanto antes, no puedo permitir que padezcan más por un simple capricho.
- ¿¡Capricho!? - El trío de voces humanas llegó a producir un extraño eco.
- Sí, bueno de algún modo lo es, pero empecemos desde el principio... En primer lugar he de aclarar que no existe ningún fallo en las instalaciones. Tampoco el funcionamiento de ninguno de nosotros se ha visto invalidado, podemos cumplir perfectamente con nuestro trabajo. Sencillamente detuvimos la extracción del mineral y aún continuamos sin restablecerla porque yo lo he decidido así.
Neve sonrió satisfecha «¡Lo sabía!»

Vamos a la Segunda Parte de La Máxima Perfección

---------------------------------------------------------------------------------------------------

 

(c) Pily B.

 

MAS CUENTOS

 

Liter Area Fantástica (c) 2000-2010 Todos los derechos reservados

Webmaster: Jorge Oscar Rossi

mail: jrossi@literareafantastica.com.ar