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Este artículo fue publicado en la "revista virtual" Quinta Dimensión (www.quintadimensión.com)

EL CAMINO DEL MIEDO: DE LA NOVELA GOTICA A ARTHUR MACHEN

Por Jorge Oscar Rossi

¿QUE ES LA NOVELA GOTICA?

A veces, nada mejor que recurrir a la brevedad del diccionario:

"Novela gótica: La que incluye elementos mágicos y terroríficos. Característica del siglo XVIII, influyó en el romanticismo."

También se la llama "novela negra" (no confundir con la novela policial negra), o "novela dark".

La novela gótica apareció en la literatura inglesa con la publicación de "The Castle of Otranto" (1765) por Horace Walpole (1717- 1797), conde de Oxford. Su principal exponente fue la escritora británica Ann Radcliffe (1764-1823), autora de "The Mysteries of Udolpho" (1794) y "The Italian" (1797).

El género se caracteriza por una ambientación donde predominan los paisajes sombríos, con bosques de oscura vegetación, ruinosos edificios de arquitectura medieval, horrendas habitaciones, lúgubres castillos y un general abandono que estimula a la melancolía. Por allí suelen deambular variados espectros, uno que otro muerto andante y demás cosas de las llamadas sobrenaturales. Como se puede apreciar, un clima depresivo.

Aunque la novela gótica influyó en muchos géneros, empezó a decaer en 1815 y con la publicación del Melmoth el Vagabundo de Charles Maturin, comenzó a marchitarse y perderse en las variadas corrientes literarias que la continuaron, para luego renacer en nuestros días, como lo demuestran las numerosas agrupaciones de cultores del estilo de vida "dark" o "gótico" o "neogótico" que andan por el mundo.

Hoy día se siente la influencia de la novela gótica en el retrato de esos antagonistas seductores cuyas características malas atraen aunque seamos concientes de esa maldad. Es una fascinación por lo oscuro, por lo supuestamente malo, por lo trágico. Los personajes góticos son personajes trágicos, generalmente condenados a una eterna e imposible búsqueda.

El origen de la novela gótica debe entenderse enmarcándola en un contexto histórico-cultural característico de Europa occidental en el siglo XVIII, donde se dá un fenómeno conocido como el Iluminismo y una de sus derivaciones, el Racionalismo.

La postura racionalista sostiene que la Razón humana es la suprema herramienta para comprender y dominar al Universo. El hombre, de la mano de la razón, se independiza de Dios y de la Religión. Más aún, se rechaza todo lo que huela a postulado religioso o dogma de fe. Todos los fenómenos naturales y sociales pueden ser explicados por la sola intervención de la razón.

De esta manera muchas creencias populares que se habían mantenido firmes por siglos, entre ellas, el retorno de los muertos y la existencia de los fantasmas y los vampiros, son rechazadas por el Racionalismo del siglo XVIII y pasan a considerarse meras supersticiones, propias de ignorantes.

La novela gótica surge entre los círculos cultos de Europa como una reacción a este Racionalismo que niega todo lo sobrenatural. Pero no es una reacción que pretenda reinstaurar una creencia sino, imponer una estética. Parafraseando a Rafael Llopis en su ensayo en la edición de "Los Mitos de Cthulhu" publicada por Alianza Editorial, los góticos no creen en fantasmas, pero aún necesitan sentir miedo por ellos.

Así tenemos el falso muerto de Ann Radcliffe, el hombre que debería haber muerto de Charles Maturin, el muerto no muerto de Polidori, el muerto recauchutado del "Frankenstein" de Mary Shelley o la muerta adorada y odiada de Edgar Allan Poe. ¿Y que podemos decir de ejemplos tardíos del gótico como son "Carmilla" de Joseph Sheridan LeFanu, escrita en 1872 y "Dracula" (1897) de Bram Stoker?

TIENE QUE HABER UNA EXPLICACION PARA TODO

Sin embargo, a lo largo del siglo XIX, los muertos y fantasmas de la novela gótica fueron perdiendo cada vez más su efecto terrorífico. El pertinaz avance de la razón obligaba a los escritores a inventar toda clase de explicaciones "científicas" para sus seres sobrenaturales. El lector, cada vez más acorazado por "la luz de la razón" se resistía a suspender su incredulidad y dejarse asustar por un rato.

Para peor, el siglo XIX, sobre todo a partir de su segunda mitad, va a traer el predomino en Europa de una nueva mentalidad: La mentalidad positivista.

El filosofo y sociólogo Augusto Comte (1798-1857), fue el fundador de esta corriente filosófica y científica conocida como positivismo.

La postura positivista proclamó el triunfo inexorable de la ciencia sobre la naturaleza, al sostener que aquella podría llegar a explicar y predecir todos los fenómenos naturales y, al incluir en esa categoria a los fenómenos sociales y psíquicos, también todo comportamiento humano. Esta concepción mecanicista del Universo, pensado como una suerte de maquina, cuyo funcionamiento se develaría una vez la metodología científica lo hubiera desmontado pieza por pieza, se convirtió en el paradigma dominante en el pensamiento de los intelectuales de la época. La respuesta científica se elevó a la condición de respuesta única, exclusiva y excluyente. La religión se consideró, en el mejor de los casos, una forma o estadio primitivo y superado de explicación de la Naturaleza. La frase que predominaba entre los intelectuales de la época era: "Hay una causa para todas las cosas".

En la mentalidad positiva estaba latente la idea de evolución y de progreso. El hombre, a través de la ciencia y la técnica, finalmente comprendería y dominaría a la naturaleza. Solo era cuestión de tiempo. Un tiempo que se concebía linealmente, sin posibilidad de retorno. Una visión optimista, a largo plazo.

Por ejemplo, el darwinismo predicaba el descubrimiento de la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica. Algunos extrapolaban las conclusiones del darwinismo al terreno social e histórico, sin prever las nefastas consecuencias de estos razonamientos.

El proceso de selección y evolución teorizado por Darwin, por el cual solo sobreviven los mejores y más aptos, derivó en una serie de ideas que, puestas en movimiento, llegaron a justificar las aventuras imperialistas europeas. Porque, podía argüirse, si la ciencia, que es el más evolucionado estadío del conocimiento (Comte), nos dice que solo sobreviven los mejores (Darwin), ¿Como se puede dudar que los pueblos poseedores del conocimiento científico, (europeos blancos), no van a imponerse sobre los demás pueblos, menos evolucionados?.

Hasta la teoría marxista, desde otro lugar, adhería al optimismo, al postular, "científicamente", la inevitable caída del capitalismo, prisionero de sus contradicciones, y el fin de la lucha de clases.

Así las cosas, el cuento de miedo anglosajón va a producir un profundo cambio a fines del siglo XIX y principios del XX, de la mano de un galés llamado Arthur Machen. Ocurre que el mismo racionalismo positivista provoco una revitalización del cuento de terror, especialmente el de origen anglosajón.

Como dijimos, en esta época científica, al principio, los autores debieron recurrir a teorías científicas o pseudocientificas (mesmerismo, swedenborgianismo, etc.) para agregar verosimilitud a sus historias. Luego, otros escritores, comenzando con Arthur Machen, se internaron en antiguas mitologías y recrearon cultos horrendos para apuntalar la nueva literatura de terror. Se configuró así, una necesaria reacción, desde el arte, contra el frío racionalismo materialista propio del positivismo. Se apeló a estimular los temores y emociones más irracionales y primitivos de la Humanidad. Es que el cuento de terror, para funcionar, tiene que lograr que el lector deje de lado su incredulidad y, lo que es tan o más importante, abandone por un momento sus terrores cotidianos. La sociedad industrializada de los siglos XIX y XX, con sus revoluciones, desastres financieros, crisis económicas y guerras de gran escala, generaba en el hombre común suficiente espanto. Ante eso ¿Quien se asusta con un simple fantasmita que deambula por un cementerio ruinoso?.

Rafael Llopis, en el ensayo ya mencionado, y refiriendose a Machen, nos dice que este autor fue un adelantado en la corriente que acabó produciendo una trascendente mutación del cuento de miedo anglosajón. Sigue Llopis:

"Machen sintió que era necesario revisar a fondo el cuento de miedo: Y empezó a eliminar de él toda una serie de elementos caducos: el castillo medieval, el muerto en todas sus infinitas variedades y subespecies, la noche...En una palabra, sepultó la tramoya romántica y se puso a escribir cuentos de miedo a base de luz, de campo, de verano, de cantos de insectos, de piedras y de montes.

Se sabe de Machen que pertenecía una sociedad secreta llamada "Golden Dawn". Tal vez fue en ella donde encontró material numinoso novelable. Quizá el mismo no quería asustar, sino dar publicidad a aquellas doctrinas místicas. No lo sé. Pero de lo que no cabe duda es de que sus relatos fueron aceptados como cuentos de miedo , es decir como pura ficción fantástica que producía un deseable estremecimiento de terror."

 

MACHEN, MACHEN, ...¿QUIEN VENDRIA A SER?

Arthur Machen nació bajo otro nombre: el de Arthur Llewelyn Jones, en Caerleon-on-Usk, condado de Gwent, al sur de Gales, el 3 de marzo de 1863.

Era hijo de un pastor anglicano, John Edward Jones, vicario de la pequeña iglesia de Llandewi, cerca de Caerleon.

Fue en la escuela cuando el pequeño Arthur adoptó el nombre de soltera de su madre, que era, oh casualidad, Machen.

Gales es una región de orígenes celtas, conquistada por los romanos, y después aplastada bajo el peso de los ingleses. Aún hoy, decirle inglés a un galés puede tener consecuencias trágicas para la salud.

A pesar de su situación, Gales, se las arregló para seguir conservando todas sus costumbres y tradiciones, lengua incluida.

Machen, como buen galés, no podía dejar de verse influenciado por la tradición, y ya desde niño estaba fascinado por las ruinas romanas de Isca Silorum, muy cerca de su lugar de nacimiento, y que acababan de ser descubiertas recientemente. En realidad, el tema romano daría mucho de sí en su futura obra de ficción.

El muchacho asistió al Hereford Cathedral School, pero suspendió el examen de entrada en el Real Colegio de Cirujanos en 1880, y dado que sus padres no podían permitirse darle una educación universitaria, Arthur tuvo que marcharse a Londres a intentar ganarse la vida.

Justo antes de abandonar Gales, ya había publicado una edición privada de su primera obra, el poema "Eleusinia", en 1881, en una tirada de sólo cien números. Más tarde intentaría destruir todas las copias, seguramente avergonzado por su escasa calidad, pero según sus propias palabras, aún quedarían dos ejemplares intactos del panfleto, de las cuales ninguna ha llegado hasta nosotros.

En Londres, Machen tenía la esperanza de convertirse en un periodista y hacerse de este modo una carrera, pero de nuevo fracasó, teniendo que trabajar como empleado en una imprenta y como tutor para evitar morir de hambre.

Arthur era un hombre solitario y apasionado por entonces, aún joven, pero más tarde se convertiría en una persona extrovertida.

Cuando su padre muere en 1887, dejó a su hijo una considerable suma de dinero, por lo que de pronto, Machen pasó a ser alguien económicamente independiente, y así lo sería durante los siguientes quince años.

En esta "Gran Década", que generalmente se suele enmarcar entre 1889 y 1899, Machen escribió muchas obras importantes, incluyendo la traducción de las "Memorias de Casanova", y por supuesto, los cuentos fantásticos que le dieron su bien merecida fama: "El Gran dios Pan", "El pueblo blanco", su novela "Los tres impostores", y otras.

Muchas de esas obras, incluyendo la posterior "La casa de las almas", la novela casi autobiográfica "La colina de los sueños" y "La Gloria secreta", fueron por entonces condenadas como fruto de una imaginación enferma por la crítica victoriana.

En la década de los años 1880, Machen había escrito algunas obras menores. La traducción del "Heptamerón" le había sido encargada por el librero y editor George Redway de Covent Garden, quien contrató a Machen como vice-editor del "Walford's Antiquarian", y más tarde le hizo catalogar su colección de libros de ocultismo, una experiencia muy significativa para el futuro autor de "El gran dios Pan". Su traducción de "Casanova" también vale la pena mencionarla, por cuanto se trató en su día de la edición más completa y erótica, con lo cual muchos dueños de imprentas se negaron a editarla.

En 1887, Arthur Machen se casó con Ameila Hogg. Esta relación según parece fue inusualmente hermética, ya que el autor ni tan siquiera la llega a mencionar en sus autobiografías, y no existen ni retratos ni fotografías de su mujer. Sin embargo, esto no quiere decir que no la amara, porque Machen quedó destrozado cuando Ameila falleció víctima de cáncer en 1899.

Por entonces, dejó de escribir, y se unió a la Golden Dawn u Orden del Amanecer Dorado, una sociedad secreta dedicada al esoterismo.

El dinero que le había dejado la herencia de su padre se agotó en 1901, por lo que Machen no tuvo más remedio que buscarse un empleo, encontrándolo como actor en la compañía de Frank Benson desde 1901 a 1909, un periodo que según su biógrafo Anthony Lejeune fue "el más feliz de su vida".

Durante esta época teatral, en 1903 se casó otra vez, en esta ocasión con Dorothy Purefoy Hudleston, de la que tuvo un hijo, nacido en 1912, Hilary, y una hija, en 1917, Janet.

Pero la "pobreza" y la "oscuridad" serían de hecho los estados más habituales en la vida de Machen. Después de dejar el teatro, se unió al periódico "London Evening News" para trabajar como reportero.

Parece que como periodista era aún peor que como actor, tal vez porque estaba obligado a dejar en el trabajo parte de su libertad. Pero este empleo le hizo conocer personas y lugares poco habituales, que él encontraba interesantes, o ser testigo de acontecimientos extraordinarios como, en 1913, el funeral por el Capitán Scott, el hombre que había muerto intentando llegar al Polo Sur; y sus jefes se dieron cuenta de que Machen estaba hecho para escribir artículos como ese.

En este periodo como reportero, Machen vuelve a la literatura y escribe varias obras originales, como "El Regreso", o su celebrada "El Terror", y por supuesto incontables artículos periodísticos para el "Evening News", muchos de los cuales son bastante malos, o al menos no tan importantes como sus trabajos de ficción.

En 1914 escribió "Los Ángeles de Mons", un relato totalmente ficticio sobre unos arqueros angelicales que durante la Primera Guerra Mundial se aparecieron en la batalla de Mons en ayuda de los soldados británicos. Aunque la historia es pura ficción, hizo que mucha gente creyera en ella.

Además de trabajar para el "Evening News", Machen se dedicó como "freelance" a escribir para otros muchos periódicos y revistas literarias, como "The Academy", "T.P.'s Weekly", "John O'London's Weekly", "The Independent", "Daily Mail" y otros.

Machen era muy popular en los Estados Unidos en los años 20, teniendo editados sus libros por Alfred A. Knopf. Su reputación como escritor era buena, aunque sin reportarle ganancias espectaculares.

En 1921, Lord Alfred Douglas, un antiguo editor de Machen, presentó una demanda contra el "Evening News" porque Machen había publicado un artículo afirmando que dicho Lord Douglas había muerto, y en la necrológica lo tildaba de "degenerado". Aunque el adjetivo era un asunto discutible, lo cierto es que Lord Douglas estaba, por supuesto, vivo, y el asunto costó mil libras de indemnización al "Evening News" y el puesto de trabajo para Arthur Machen.

Pero al parecer, ser despedido no le importó mucho, pues gracias a las ganancias que le reportaban sus libros en los Estados Unidos, tenía tiempo suficiente para pasarlo sin trabajar. Vivía en Melina Place, St. John's Wood, Londres, posiblemente mucho más cómodo que nunca antes en su vida. Solía celebrar pequeños encuentros con su círculo de amigos los fines de semana.

Sin embargo, al final de los años 20, Machen volvió a caer en la pobreza, ya que la moda de sus obras en América había pasado y el dinero dejó de fluir. Los Machen vendieron la casa familiar y se mudaron a Amersham, Buckinghamshire, en 1929. Arthur ya había pasado más de cincuenta años en Londres, y a partir de entonces viviría en Amersham hasta el fin de su vida.

Sus amigos se encargaron de conseguirle una pensión de cien libras al año, lo que no le permitía vivir establemente.

En estos últimos años su obra fue muy escasa: "La Ronda Verde" (no muy apreciada por la crítica), y dos colecciones de cuentos, "The Cosy Room" y "Los niños del estanque". También escribió artículos y comentarios de libros para obtener algún dinero extra.

Dado su penoso estado de vida, las autoridades civiles de Monmouthshire tuvieron que organizarle una cena homenaje en Newport con motivo de su 74 cumpleaños, donándole un cheque por 1.200 guineas.

La situación económica de Machen era ya tan mala que dos de sus admiradores, Desmond MacCarthy y Colin Summerford, propusieron una colecta para obtener fondos, que finalmente obtuvo más de 2.000 libras.

Después de una carrera que había durado más de 55 años como escritor, Arthur Machen falleció el 30 de marzo de 1947 a la edad de 84 años.

 

SU INFLUENCIA

La influencia de Machen en la carrera de otros escritores es tan grande que es casi imposible mencionarlos a todos.

Se puede considerar entre los más importantes a H.P. Lovecraft, con su relato "El Horror de Dunwich", la novela "Ceremonia" de T.E.D. Klein, o la "Historia de Fantasmas" de Peter Straub, entre los más modernos.

El relato de Lovecraft y la novela de Straub están directamente influidas por el cuento de Machen "El gran dios Pan", mientras que la novela de Klein tiene una fuerte influencia de "El pueblo blanco".

Pero en lo que se refiere a Lovecraft, su obra está llena de recuerdos machenianos, comenzando por el nombre del dios Nodens, que aparece en "El gran dios Pan".

En "La extraña casa sobre la colina" y "En busca de la ciudad del sol poniente" también aparece Nodens mencionado.

Además, el maestro de Providence usó un fragmento completo del cuento de Machen "La mano roja" al comienzo de la genial "El Horror de Red Hook". Podemos considerar que la misma idea de antiguas razas supervivientes en nuestros días está al menos influenciada por las creencias de Machen en las leyendas celtas sobre la "pequeña gente", los duendes y las hadas.

Es aconsejable leer las referencias completas que hace Lovecraft sobre Machen en su ensayo "El Horror en la Literatura", publicado por Alianza Editorial.

 

ME VOY PORQUE SE HIZO DE NOCHE

Como vemos, en el camino del miedo, los escritores tuvieron que retroceder, de las leyendas medievales a las que solían recurrir los escritores góticos, a las épocas prehistóricas y prehumanas transitadas por Machen, Lovecraft y compañía.

Los especialistas dicen que leer literatura de terror es una forma de enfrentarnos con nuestros más profundos terrores, para sentirnos mejor.

...O, al menos, eso nos gusta creer

 

Referencias:

"Los Mitos de Cthulhu", edición publicada por Alianza Editorial, 1981

http://members.aol.com/iamudolpho/basic.html Sobre literatura gótica (en inglés)

Biografía de Arthur Machen

www.tuxys.com El Naturalismo Francés en su marco histórico y social , por Jorge Oscar Rossi

(c) Jorge Oscar Rossi, 2000.

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