{upcenter}
{upright}


LO FRAGIL


por Jose Luis Pereyra


Y es que el sueño para Javier se había convertido en pesadilla, en un lugar lleno de lamentos y voces desconocidas, de sonidos desarticulados e imágenes errantes y feroces que arremetían su fiebre y aumentaban su pulso. Su respiración se volvió pesada, sentía que sus pulmones estaban enterrados en arena, no podía moverse ni despertar. Los sonidos seguían llegando a su mente, las voces crecían, las imágenes se hacían cada vez más incompresibles y absurdas, mientras las veía caer como hojas en el otoño.
Y entonces, el frío lo despertó de su letargo, atrayéndolo de vuelta al mundo como si fuera a volver a nacer, dios, se sentía tan aliviado. El sueño se esfumó para siempre, las imágenes se borraron, las voces se acallaron, se sentía liberado de su fiebre y de todo eso que lo hacía delirar, fue solo un sueño se dice a sí mismo, solo una pesadilla.

Pero ahora el mismo frío que lo ayudo a despertar lo estaba deteniendo, sujetándolo de alguna manera para que no se moviera, todo su cuerpo estaba frío, completamente congelado, inmóvil, mientras que una luz fosforescente lo iluminaba por completo. Trato de moverse, de levantarse de su cama la cual parecía una prisión que lo retenía contra su voluntad, sintió que sus piernas se movían y trato de mover los brazos, pero no respondieron a su deseo, era un prisionero en su propio cuerpo. El frío seguía gobernando todo su ser sometiéndolo a su voluntad, la voluntad de permanecer tieso como una roca. Otra vez, sintió que sus piernas se movían mientras que su sabana blanca se escurría por todo su cuerpo hasta el piso.
Trato de hablar, de gritar para pedir ayuda, pero aunque su voluntad fuera firme; su voz parecía ahuyentada por una fuerza desconocida, sintió un enorme frío en sus dientes, que parecían cubos de hielo, sus labios no se movían, o al menos eso parecía, y su lengua carecía de algún movimiento y saliva, su garganta estaba completamente seca. La falta de aliento lo atemorizo aun más, comenzó a llorar o eso creía ya que no podía sentir sus lagrimas en su rostro, ya no podía resistir más, acaso todavía seguía soñando, rogó por que así fuera no podía aceptar la idea de que su cuerpo se negara a responder, se sentía débil e indefenso, y lo peor de todo, miserablemente impotente ante esa situación.
El silencio lo mortificaba cada ves más, el frío ya no era tanto el problema, pero el no poder hablar y el no escuchar ninguna clase de sonidos lo hacía sentir que estaba......

- Bien ayúdame a moverlo.
Una voz, la voz de alguien, por fin, ahora ya no sentía tanto miedo, alguien lo había encontrado y lo estaba ayudando.
- Pobre tipo.
Ahora podía escuchar con claridad, eran dos las voces, había dos personas ayudándolo, pero no comprendía como lo habían encontrado, tal vez hacía días que se encontraba en ese estado de inmovilidad, pero no le importo, la ayuda ya había llegado y todo se arreglaría, de seguro lo llevarían a un buen hospital donde expertos estudiarían su estado y tarde o temprano encontrarían una cura. Pero a pesar de sus pensamientos perseverantes su situación seguía molestándolo y no podía dejar de preguntarse como demonios había terminado como un vegetal tirado en su.....

- Sabes -siguió diciendo una de las voces- el pobre tipo trato de desviarse antes de chocar contra un autobús escolar y mira como termino.
- Si es una lástima - le respondió la otra.
Otra vez las voces, pero que decían, no podía entenderlo, de quien estaban hablando, a que choque se referían y porque no lo movían, porque no lo ayudaban a levantarse.
Una imagen, pudo ver el rostro de una de las personas que estaban en la habitación con él, era el rostro de un hombre de unos cuarenta años, lo estaba observando detenidamente como tratando de encontrar algo en sus ojos o en su rostro, de repente el hombre se apartó de su campo visual, que era muy escaso, y siguió escuchando sus voces.

- Bueno, es hora, vamos a llevarlo.
- Bien pero con cuidado, tu empuja desde la parte superior.
- Adónde me llevan -trato de hacer audible su voz- ¿qué esta pasando?
¿Quiénes son, donde estoy, respóndanme por favor, que esta pasando?

Los dos hombres vestidos de blanco arrastraron la camilla de metal hacia unas puertas pequeñas, uno de ellos se detuvo delante de una de las puertas y mientras la abría con cautela, una ráfaga helada y grisácea sé vacío cerca de ellos. Luego metieron la camilla de metal en un pequeño habitáculo y cerraron la puerta.
Oscuridad.
Frío.
Silencio.
Era el silencio de la desesperación.
La oscura soledad.
El frío de la muerte.
Lo frágil de la vida.

(c) Jose Luis Pereyra

MAS CUENTOS
 
 
 

 

 

Liter Area Fantástica (c) 2000-2010 Todos los derechos reservados

Webmaster: Jorge Oscar Rossi

mail: jrossi@literareafantastica.com.ar