{upcenter}
{upright}

 

ESPERANZA

por Jose Luis Pereyra

El meteorito en llamas surcó el firmamento de Eden, trazando un camino púrpura brillante en su cielo oscurecido por su atmósfera glaciar.
El teniente Carter sintió como los instrumentos de su tablero se volvían locos, mientras la computadora, C4000, se encargaba de detectar el sitio de la colisión del extraño objeto. Carter, penso que sólo había sido un asteroide o meteorito perdido, un fragmento del cielo cayendo a la superficie helada del planeta. La computadora, después del sinfónico resonar de sus transistores, respondió a las preguntas que el teniente jamás formuló.


Dir: 12#
*El objeto desconocido se estrello cerca de la planicie de ALDEVARAN, en el sector M21.
*Se solicita a la tripulación que verifique el lugar de la colisión y que entregue un informe completo de la situación.

Carter gruñó ante las ordenes del protocolo de la federación espacial, ordenes que tenía que cumplir al pie de la letra.
El teniente sé sentó frente al tablero de mando, observó en el monitor la repetición de la caída de aquel objeto, que él pensaba era un asteroide o meteorito, que frecuentemente encuentran en su camino este planeta. El teniente repitió la repetición, y en el monitor, contempló otra vez la bola de fuego que derretía la atmósfera del aire a su paso. Volvió a verla, otra vez y otra vez. Tratando de encontrar algún indicio, alguna pista, alguna justificación para no salir a aquella atmósfera congelada en busca de quien sabe que. Pensó en las ordenes, en el protocolo, en su deber. Se alejó del monitor mientras este seguía emitiendo la misma imagen, una y otra vez, que las cámaras del satélite habían captado.
Salió del cuarto de control, la C4000 a su espalda resonaba con una cacofonía apagada, resonaba las ordenes, el deber de un soldado.

Al abrirse la escotilla de la estación Carter lo sintió, esa sensación titánica, la de un gigante de hielo presionando su cuerpo contra su traje especial que lo protegía de los 150 grados bajo cero. Se acomodó en el asiento del Vz-21, puso primera y el motor eléctrico emitió un sonido apagado, levantó algo de polvo congelado y comenzó a avanzar sobre sus seis ruedas, por la superficie congelada, se alejaba cada vez más de la estación, mientras la escotilla se cerraba lentamente a su espalda.
Levanto su brazo izquierdo, y en la pantalla de cristal liquido de su computadora, vio los datos del lugar y el tiempo que tardaría en llegar, y lo más importante, el aire que le quedaba.
Su viaje, por las planicies de ese desértico planeta, aunque diferente a todos, era igual que cualquiera que hubiera hecho antes. Aunque en este viaje no recorría un trayecto de reconocimiento, no incluía misiones o tareas de medición o exploración, el paisaje gris, la densa atmósfera ahogada de nitrógeno, las pesadas nubes oscuras que se arrastraban por el cielo como gusanos gigantes y la completa e infinita soledad, le pintaban el mismo paisaje en sus ojos, mientras que el mismo sentimiento de melancolía le llenaba el alma.
Sonrío tristemente, mientras observaba el pequeño resplandor a unos 500 metros, sonrío solo, para él... y para ella.
- Como en los viejos tiempos eh cariño - resonó una voz quebradiza en su casco- Sólo tu y yo.....
Las lagrimas se desprendieron más rápido que ese sentimiento que tanto conocía, lo invadía. Se sintió inútil, perdido, pero por sobretodo, vacío, al recordar el día en que perdió la vida, dos vidas, la de su esposa y la suya. La interminable planicie se abría delante de él como un interminable espacio sideral, devorando los rayos amarillos de las farolas infrarrojas de su vehículo. Su garganta se secó y por pocos segundos sintió lo mismo que en el pasado, no sabía porque, pero algo en ese lugar, algo en ese viaje, lo empujaba hacia el pasado.
Y ahí, en la nebulosa sensación de su viaje, escuchó la voz de Alice, su llanto partido por la agonía, sus palabras temblorosas, su incesante desesperación, su alma congelándose y partiéndose en mil pedazos.
Sus ojos comenzaron a desbordarse en lagunas por sus mejillas. Su cuerpo recordó antes que su mente, la sensación, el sentimiento, la parálisis del miedo, del terror máximo. El vacío lo devoraba, mientras que se acercaba más y más al objeto perdido, que no dejaba de emanar una luz fluorescente. Y que era la única realidad que lo mantenía en su camino.
El trayecto parecía interminable, la pálida superficie sepia crujía bajo las pesadas ruedas del vehículo, mientras que este se acercaba cada vez más al objeto desconocido, sumergía a su tripulante en el abismo perpetuo del pasado. Del dolor.
El vehículo se detuvo automáticamente a unos diez metros del objeto. Ahora que estaba más cerca podía comprobar su forma, circular, oscura y silenciosa.
Sus recuerdos no dejaban de latir, como la vida de su corazón, se negaban a desaparecer, como aquel día. Como en ese momento en que lo perdió todo.
El frío aire recorría la planicie solitaria en vendavales grisáceos que se arremolinaban al objeto inerte sobre la fría superficie.
Siguió mirando, inmóvil, absorto en sus recuerdos, en el dolor que le causaban y recordaba, recordaba todo, completamente todo como lo que había sido, un sueño, una pesadilla imborrable.
Escuchó sus pasos en el cristalino suelo, raspar y raspar, como un oso polar, raspaba y raspaba, se arrastraba en cuatro patas por el hielo tratando de llegar a tiempo con la ración de oxigeno. Su traje era pesado, su casco le molestaba, y el viento en su contra luchaba para retrasar su rescate. Alice, se había quedado varada en una tormenta, pero este no fue el problema, su vehículo lo era, el CLOPERT , un pequeño vehículo para un tripulante, que se usaba para las rondas de reconocimiento, se había atascado. El vehículo, especialmente construido para ese terreno, se había atascado en una grieta, y volcado en su costado. Alice había quedado atrapada dentro del modulo de burbuja, el cual la protegía del rabioso clima, pero que le daba un corto tiempo de vida.
Alex Carter y Alice Machallan, eran exploradores de segmentos, como él formaba parte de una rama del ejercito había conseguido que los asignaran juntos al planeta EDEN, un pequeño pedazo de hielo cerca de Plutón, que era uno de los nuevos planetas descubiertos. La misión, se suponía, duraría 3 meses, los cuales ellos habían tomado como su luna de miel. El lugar no era nada romántico ni acogedor, pensaba Alex, pero Alice estaba emocionada, ya que esa era su primera misión después de haber salido de la academia de investigaciones espaciales. Y si esto emocionaba a su esposa y la hacía feliz, él también lo estaba.
Aun recuerda, con una maldita perfección, sus palabras partidas por el canal de radio.
Al principio calmadas y correctamente proferidas.
- Cariño, ¿estas ahí? - dijo al principio- oh Dios, soy una estúpida, no vi venir la tormenta y ahora estoy atascada en el sector 12, mi CLOPERT se averío, ya traté de moverlo pero es imposible, por favor apresúrate y ven a sacar a esta sardina del hielo, quieres cariño.
Hasta se acordó del escalofrío de ese momento, antes de sus palabras.
- Tranquila amor, ya salgo para allá, tranquila llegare pronto, te lo prometo.
Hasta en ese instante, hasta en ese momento del pasado, su temor parecía interminable, pero, ese algo que había estado en su interior desde el principio, ese algo, fue lo que le dio fuerzas para arrastrarse por hielo después de que su Vz-21 se dañara. Fue eso lo que no lo dejó rendirse, fue eso lo que no permitió que los sollozos de Alice lo rindieran en una tumba de cristal, mientras esta se ahogaba a unos pocos metros de él.
Gritó y gritó, entre llantos ahogados, mientras las congeladas fauces se cerraban, él se arrastraba, como un guerrero vencido, como un animal herido a punto de desfallecer.
El llanto de su esposa fue algo desgarrador, pero el silencio a través del canal de radio fue algo peor, algo que anunciaba lo peor.
Sus palabras lo atemorizaban, lo martirizaban por dentro, pero también suplantaban la fuerza que perdía con cada movimiento.
La voz de Alice cesó, el canal de radio siguió abierto, mientras Alex, escuchaba los últimos momentos de su amada esposa. Lo último fue lo peor, siempre pensaba. ¿Por qué el final no había sido rápido? ¿Por qué no dejó de escuchar mucho antes?
¿Por qué tenía que haber vivido mientras su alma moría? ¿Por qué el cuerpo no fue tan fuerte como el sentimiento? Si pudiera volver al pasado se hubiera esforzado más, hubiera traspasado el límite que no conocía, hubiera llegado a tiempo. Para poder morir en su lugar. Para obligarla a usar la única ración de oxigeno que había, para regresar a la base, lo hubiera hecho, aunque supiera que ella no se lo permitiría, lo hubiera hecho, si hubiera llegado a tiempo.
El cielo se inflamaba, se retorcía, amalgamando las nubes de hidrogeno, hinchandose como un globo que fuera a estallar en cualquier momento.
Alex, despertó del pasado, mientras que el vacío se devoraba cada vez más el objeto extraño que apenas brillaba rodeado de nubes. La tormenta estaba cerca. La visión empañada de sus ojos apenas resistió antes de inundarse y volverse nula nuevamente. Ahora ya no pensaba en nada, las visones, los sueños, el miedo se habían ido para devolverlo a la tumba que lo estaba esperando desde el principio. Sonrío tristemente al objeto difuso en la tormenta, y si podía olvidar su existencia, también la de esa cosa que lo había llevado hasta la tumba de su amada.
Se olvidó de todo, pero recordó, más que nada para el viaje que estaba a punto de hacer, la voz de Alice, recordó su voz y sus ojos, su hermosa sonrisa, su rostro inmaculado y lleno de ternura que atravesaba la tormenta para guiarlo hasta donde ella estaba esperándolo desde aquel día en que se fue.
Las nubes de hidrogeno se acumulaban abrazando toda la superficie del lugar, llenando la distancia entre el objeto extraño y la suya, con fríos cuerpos de hielo, como fantasmas de oscuros témpanos. Lo último que escuchó fue el rugir del viento, el susurro de Alice resonando en su cabeza, y lo último que vio, fue a ese extraño y enigmático objeto que nunca sabría que era en realidad. La voz se fue apagando, las luces del objeto aquel ya se habían perdido entre la tormenta, y el muerto planeta rugía una vez más.
¿Qué podría haber sido? - se pregunto en el último segundo de su existencia.
El helido voraz engullía el transporte del teniente Alex Carter, las nubes lo arropaban con sus oblicuos movimientos, lamiendo el aire, consumiendo todo, hasta los recuerdos de su mente.
Silencio.
Más silencio.
Frío, mucho frío.
El objeto inerte desde la cercanía esperaba a ser descubierto, mientras que todo a su alrededor moría, este esperaba.

Las luces del Vz-21 se encontraron con la escotilla de entrada de la base, mientras esta se abría, la computadora recibía el mensaje de auxilio, que hacía varias horas resonaba en las pantallas y monitores. En una camilla de la sala medica, descansaba el cuerpo del teniente Alex Carter, sus ojos estaban cerrados, estaba cubierto con una manta blanca que le revestía todo el cuerpo. Las maquinas a su lado emitían sonidos de todas las clases, aunque en realidad fue solo uno el que le devolvió la vida. Una voz de mujer, una mano cálida, que reposaba en su frente.
Contemplo el vacío lleno de calor, mientras que la voz se elevaba, mientras que la vida volvía en una segunda oportunidad.
- Alice...Alice... - su voz helada no dejaba de llamarla.
- Lo siento camarada - decía una campanada de voz- mi nombre es Sylia Asagary, soy oficial del C.O.R.P, y fui enviada a este planeta por la N.E.U Disculpe - se interrumpió la voz - entiende algo de lo que le digo, mi ingles no es muy bueno.
Sus ojos internaron la mirada en aquel hombre desconocido, mientras que los ojos de él despertaban en los de ella. Un renacer, en una mirada.
Alex se retorció acalambrado bajo la manta térmica, hizo una mueca de dolor y disgusto.
- Así que usted me salvó - dijo fielmente decepcionado.
La mujer le brindó una sonrisa tierna en un rostro de sorpresa, y le respondió.
- ¡Pero que está diciendo!, claro que no, usted lo hizo, usted me salvo a mi, a los dos con esas raciones de oxigeno extra que cargaba en su vehículo.
- Pero no puede ser yo.... - su voz se olvidó en alguna parte.
- Gracias a usted, gracias a que escuchó mi llamada de auxilio mientras caía a este planeta estoy viva. Gracias camarada - dijo una voz con acento- muchas gracias.
- Alex...por favor... Alex - le dijo.
- Bueno, Alex, muchas gracias, me ha salvado usted la vida - siguió diciendo- me alegra que a pesar de todo haya salido a mi rescate, a decir verdad ya había perdido las esperanzas.
- Nunca - susurró su voz áspera- nunca pierdas la esperanza.
- Gracias. - le respondió ella.
Ella tomó su mano, y le sonrío.
Él la miró fijamente, y pensó que su sonrisa era hermosa.

 

(c) Jose Luis Pereyra

MAS CUENTOS
 
 
 

 

Liter Area Fantástica (c) 2000-2010 Todos los derechos reservados

Webmaster: Jorge Oscar Rossi

mail: jrossi@literareafantastica.com.ar