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¿ESLABÓN PERDIDO?

por Sergio G. Bayona


-¡Está equivocado - dijo Javier - No es así - insistió bajando su jarra de cerveza. Era la tercera vez que amagaba a llevársela a sus labios y se detenía para retrucar a lo que se decía en la televisión en ese momento.
Dos ocupantes de la barra se alejaron enojados hacia una de las mesas del fondo del bar.
Javier apenas les prestó atención. Profesor de Genética y Lingüística de la "Universidad de Acá a la Vuelta", como decía siempre el de la barra, era un asiduo visitante de media semana al Bar de la U.
-¡Un poco más despacio! - le pidió el de la barra - Me vas a espantar los pocos clientes del miércoles a la noche que me quedan - le insistió con un tono de chanza. Al sonreírle para desestimar el tono agresivo dejó ver una dentadura que pedía urgente la intervención de un dentista.
Javier ni siquiera desvió su mirada del televisor para contestarle.
-Nadie puede quedar indiferente a las estupideces que dice ese idiota con etiqueta de científico - dijo exasperado señalando la pantalla.
El de la barra caminó rengueando hasta donde estaba Javier, se apoyó en un codo y torció su pequeña cabeza para ver lo que había enojado a su mejor cliente de los miércoles.
Era el canal de los documentales, el que sintonizaba todos los miércoles desde que perdiera una apuesta en el billar con Javier. El desgraciado no le había dicho que había sido campeón nacional hasta que terminó el partido. Pero una apuesta era una apuesta y desde entonces los miércoles se creaba una atmósfera cultural en su negocio.
Esto fue una pérdida acertada, ya que los pocos y molestos clientes de los miércoles fueron siendo reemplazados por una discreta mayoría de profesores y alumnos de la universidad cercana. Aunque no se animó a acusar de esto al cambio de programación de la televisión. Sospechaba que la publicidad que le hacía Javier en la universidad por su excelente cerveza tenía más peso que los aburridos programas que solían pasar por la noche.
El programa del miércoles a la noche era "Descubriendo el Universo" y el tema particular que había ganado la atención primero y el enojo después del Profe, como le decía el de la barra, era "El Lenguaje Humano - ¿Una Necesidad Social o una Obligación Genética?"
El que estaba hablando cuando Javier entró al bar defendía la postura de que las lenguas humanas se habían desarrollado por una necesidad social y que la gramática era el resultado de ese consenso social.
Era en este punto cuando el Profe había bajado por tercera vez su cerveza, la que ya estaba más cerca de evaporarse que de ser consumida.
-Ese tipo está trasnochado - insistió enojado golpeándose la sien con su índice.
El de la barra bajó su largo brazo y sacó un vaso del mostrador. Se sirvió una medida generosa de un licor amarillo y miró a Javier con una enorme sonrisa en sus labios. Sus pequeños ojos brillaban divertidos.
-No estaba prestando atención a lo que decía ese tío - le dijo luego de escanciar un largo sorbo - ¿Me podés aclarar de qué se trata?
Javier dejó de prestarle atención al televisor para fijar su mirada en su cerveza, como si recién la viera. Se la llevó a los labios e hizo en gesto de repugnancia cuando la paladeó.
-¡Esto está hervido! - dijo arrugando la cara.
El de la barra se rió y le sirvió otra jarra.
-Esa cerveza lleva media hora dando vueltas sobre el mostrador. Justo el tiempo que te llevó enojarte con tu programa de televisión - había un tono de burla acentuando el tu.
Javier tomó la nueva jarra de cerveza y la vació lentamente de un solo trago. El tiempo justo para ordenar sus ideas y decírselas a su interlocutor.
-Yo sostengo, junto con otros investigadores, que la capacidad del habla, y demás cosas son parte de nuestro genotipo. Ese... tipo - y señaló la pantalla con enojo - cree que el lenguaje nació como una necesidad social. ¡Puras estupideces!
-...?
Viendo que su interlocutor lo miraba fijamente, con aparente interés, Javier continuó.
-Hay pruebas suficientes para demostrar que es así. Estoy de acuerdo en que parecen meramente circunstanciales, pero en su conjunto presentan un peso difícil de desestimar - el tono de Javier había cambiado y parecía que estaba disertando a un grupo de colegas y no en un bar. Tenemos en principio el pequeño hueso hioides, aquí en la garganta - y se señaló ese punto - sin él no sería posible que articuláramos ninguna palabra. Su presencia no es accidental. Si a esto se le suman las diferentes patologías que se han descubierto en relación con el habla y lesiones cerebrales, como la afasia de Broca por ejemplo. Entonces tenemos algo que merece ser investigado a fondo. Estamos a la búsqueda de un Gen Gramatical.
-¿Eso es posible? - lo interrumpió el de la barra. - A fin de cuentas el color de piel es una respuesta a las presiones del medio. En el transcurso de los milenios es posible que surgieran aquellas características que beneficiaran la supervivencia. Tal vez la necesidad de comunicación era tan grande que sólo sobrevivieran aquellos que la tenían. Cuando no existe el estímulo adecuado la característica tiende a desaparecer. Las muelas del juicio existen porque antiguamente las piezas dentales se desgastaban rápidamente y debían ser reemplazadas por otras nuevas. Ahora las expectativas de vida se han multiplicado por tres, gracias, entre otras cosas a la buena alimentación, que al mismo tiempo es más blanda y pre tratada, con lo que el desgaste dental es casi nulo y hace innecesarias las piezas de recambio. Las muelas del juicio van en camino de desaparecer y son cada vez menos los que las tienes a todas.
Javier miraba de hito en hito al de la barra. Nunca hubiera imaginado que tras ese delantal que se lavaba una vez a la semana (los lunes, cuando el bar permanecía cerrado) hubiera tan profundos conocimientos de la ciencia. Los programas de los miércoles tienen la culpa, pensó cínicamente.
-Suponete - seguía hablando el de la barra - que exista alguien que se aísle completamente del resto del mundo, o un grupo que lo haga. Sin el estímulo adecuado serían incapaces de desarrollar una base idiomática compatible con las que existen en la actualidad. Ellos desarrollarían su propio lenguaje como producto de la competencia y de su conocimiento del mundo. Quiero decir que no habría una base común para generar un diccionario, a raíz de que los estímulos y las necesidades que dieron nacimiento a su idioma no son comunes a ninguna otra sociedad, por lo tanto su lenguaje será diferente por completo.
El de la barra sonrió, con esa particular muestra de dientes e incisivos.
-El tipo de la tele tiene razón, me parece - terminó con una sonrisa.
-Lo que yo digo - comenzó despacio Javier - es que cualquier sociedad, esté lo aislada que esté, por el tiempo que quieras, generará un idioma sobra las mismas bases genéticas que el resto de las sociedades humanas. La Gramática Universal es el Estado Inicial, es anterior al aprendizaje, el que fija la existencia de los parámetros de un lenguaje determinado y no otros. Por extensión, ese idioma será inteligible para las otras sociedades humanas. Es así como está inscrito en los genes. Hay muchos de ellos a los que no se ha mirado todavía. La gran tarea es determinar ese gen gramatical. Las diferencias idiomáticas surgen de la interacción del genotipo con el medio. Aprendés una gramática en especial y no otra. Pero la habilidad existe, si no fuera así, no podrías aprende otras lenguas. Aunque siempre lo hagás con cierta dificultad.
-Si lo que decís es cierto - dijo el de la barra - alguien con bases genéticas compatible con los humanos podría desarrollar un idioma afín. Todos los animales tenemos la misma base genética por habernos desarrollado a partir de la misma sopa biológica primordial. Si las golondrinas desarrollaran un auténtico lenguaje, sería posible entenderse con ellas - hizo una pausa - O como los chimpancés - soltó finalmente.
-¡¿Eh?! - alcanzó a decir Javier, sin terminar de entender hacia dónde apuntaba el de la barra.
-Digo, los chimpancés comparten el 99.99% de los genes con los humanos. Si ellos desarrollaran un idioma, sería inteligible para los humanos, o al menos sería posible la comunicación en una base de igualdad
-¡Ah...! Así es. Si pudiera diferenciar el Gen Gramatical en los humanos -dijo Javier mirando soñadoramente al vacío - y resultara que también existe en otros primates, sería el próximo premio Nobel. Podría enseñarle a hablar a las hormigas, como dijo Gepetto.
El de la barra se lo quedó mirando. La cerveza de Javier había vuelto a calentarse. La charla se enfrió.
A la medianoche el bar estaba cerrado y las luces del frente estaban apagadas. El de la barra pasó a la trastienda, donde la temperatura era la misma todo el año. Un gran invernadero con plantas tropicales hablaba de un pasado añorado vivido en las selvas del África o del Amazonas. Las ropas del de la barra fueron abandonadas al azar, las enormes botas, hechas a medida volaron a un rincón. El patizambo que atendía la barra estiró sus largos brazos peludos, se tomó de una rama baja se balanceó y se impulsó hacia arriba. Sus pies, con los pulgares en oposición, se tomaron de otra rama y se elevó hasta ella. Se acomodó arriba y comenzó a reírse de las idioteces que había escuchado esa noche de miércoles.

(c)Sergio G. Bayona

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