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EL MUNDO DEL CINE

J ELWOOD ELSINORE, GENIO INCOMPRENDIDO

Yo nací para mirar / lo que pocos quieren ver.

Cinema Verité, Charly García, 1981.

 

Se oyen las voces de dos hombres discutiendo la posibilidad de crear una raza superior por medio de manipulaciones genéticas. La cámara (nerviosa - movimientos bruscos, cambios de foco repentinos) muestra el ramaje desnudo de un árbol, un cielo plomizo, un gris paisaje urbano. De pronto, emprende un rapidísimo travelling desde las ramas hacia una ventana que puede adivinarse del otro lado de la calle. El travelling se detiene, y a través de la ventana vemos a dos hombres que conversan. Uno de ellos está sentado y el otro, que viste un guardapolvo, está de pie. La imagen siguiente muestra el primer plano de un gorrión que parece espiar hacia el interior de una habitación. La cámara se aleja lentamente del gorrión, y al ampliarse el campo vemos un gabinete científico (profusión de hornallas, pizarrones con fórmulas abstrusas, probetas). Cuando la cámara detiene su retroceso, vemos la espalda y la nuca de un hombre que parece observar cómo otro hombre sentado enciende una pipa, o tal vez cómo el gorrión de pronto levanta vuelo y se pierde de vista.

Así comienza El hombre que se desmayaba los domingos, la primera película del director norteamericano J Elwood Elsinore. Además de la primera cámara subjetiva que adopta la perspectiva de un pájaro, la película tiene otras razones para ser especialmente recordada: es el primer filme en el que se usó una minicámara, disimulada en una de las tostadas de un desayuno americano, y el primer filme en el que un actor se traga una minicámara por accidente.

Éstos y otros bizarros galardones hacen de J Elwood Elsinore una figura única en la historia del cine. Acerquemos un poco la lente a su recuerdo, antes que termine de perderse detrás del horizonte del olvido.

Sabemos que J Elwood Elsinore nació en la zona rural de Alabama en 1939. Poco más conocemos de esos datos que suelen obstruir los primeros renglones de toda biografía: ni siquiera sabemos si la J de su nombre es en verdad una inicial, dado que Elsinore no permitía que la escribieran con un punto a continuación.

En 1956 lo encontramos desafiando a Ernest Hemingway a pelear tres rounds de boxeo y a beberse tres botellas de Bacardi. En 1957, al salir del hospital, decide estudiar cine. Hay quienes buscaron establecer una relación causal entre estos dos acontecimientos; son las mismas personas que no pueden garabatear una biografía si no hay en ella un momento en el que el sujeto tiene la revelación de quién es. Tal vez ni siquiera Elsinore sabía por qué eligió estudiar cine, y en el fondo no tiene ninguna importancia.

Elsinore estudió cine en Los Ángeles, donde conoció a Jim Morrison, Francis Ford Coppola y George Lucas. También conoció a Jacques Delutault, un canadiense que después fue chofer de autobuses en Montreal, hecho obstinadamente ignorado por todos y cada uno de los biógrafos de Elsinore, quienes sin embargo apenas pueden resistir la tentación de mencionar su amistad con Morrison, Coppola y Lucas.

En 1966 se afilia al pequeño Partido Comunista norteamericano. En 1967 filma sus primeros cortometrajes. En realidad, se trata de largometrajes que debieron reformularse por problemas financieros (una constante en la vida de Elsinore). El primero es Karamazov el hijo único. Es de lo peor de la obra de Elsinore: sus agujeros argumentales lo hacen poco menos que incomprensible. El segundo es Drácula; dura poco más de cuatro minutos, y es recordado por los cinéfilos de todo el mundo porque el malvado conde retrocede ante la visión de una hoz y un martillo, en vez de un crucifijo.

En 1968 es expulsado del pequeño Partido Comunista norteamericano. También ese año obtiene los fondos necesarios para filmar su primer largometraje, el citado El hombre que se desmayaba los domingos. El dinero fue aportado por Hugh Hefner, el magnate de Playboy. La línea argumental no era muy novedosa pero era atractiva y eficaz: un grupo de científicos al servicio del Pentágono intenta crear un superhombre que pueda servir como soldado en las guerras del futuro; el jefe del equipo de científicos se compadece del destino del pobre Frankenstein y lo deja huir; el Ejército norteamericano sale a cazarlo; el monstruo es acorralado y muerto, no sin antes sembrar la destrucción a su paso. Pero Hefner intervino e hizo que el argumento, que orillaba la ciencia-ficción y bordeaba el cine de terror, se desbarrancara en los abismos de la pornografía: por voluntad de Hefner, el superhombre deviene supermujer; la supermujer (rubia, alta, 98-64-98), por un defecto metabólico debido a una falla en el proceso de su creación, morirá si no mantiene decenas de relaciones sexuales cada día, ya sea con hombres, mujeres o animales, con un partenaire a la vez o (preferentemente) con varios. Elsinore no quiso transar y abandonó el proyecto a las pocas semanas de filmación. No pudo evitar que su nombre figurara en la ficha técnica como director (junto al del mecenas). Hefner ni siquiera cambió el título original.

El genio visual que Elsinore demuestra en la película no pasó desapercibido: la crudeza de algunas escenas seguramente influyó en los dos cortos que filmaran John Lennon y Yoko Ono por esa misma época: Violación y, especialmente, Autorretrato (aquel estudio, de cuarenta y pico minutos de duración, del pene de John en erección parcial y total).

En 1970, Elsinore decide filmar el asesinato de Abraham Lincoln. Como hacer una película de época era demasiado para la financiación que disponía, se vio obligado a adaptar la trama al vestuario y las locaciones que podía conseguir. En Los últimos días de Lincoln, entonces, se ve un curioso desfile de legionarios romanos que manejan taxis neoyorquinos en vez de carruajes, enanitos verdes con uniforme de soldados confederados y mohicanos armados con AK-47. A Lincoln lo mata un samurai: algunos críticos creyeron ver en ello un homenaje a Akira Kurosawa.

En 1971, los pertinaces problemas financieros vuelven a hacer que dos de sus proyectos, nacidos como largometrajes, terminasen convertidos en cortometrajes. Elsinore despacha el éxodo judío de Egipto en los nueve minutos y fracción de Los Dos Mandamientos. En un prodigio de síntesis, aplaudido por los críticos del New York Times, el Washington Post y el Chicago Herald Tribune, compendió en 4'34" los noventa y ocho años de la apasionante vida, obra y genio de Bertrand Russell.

Al año siguiente, acorralado por las deudas, decide trabajar en una película por encargo. No logra terminar la filmación de Las doce violaciones del miserable Cardigan de Missouri: fue expulsado por el productor tras una agria discusión que acabó con éste en el hospital y con J Elwood Elsinore en la cárcel. El director era tan perfeccionista que filmó veinticuatro veces la escena de la violación de una adolescente virgen. Pero como, para cada toma, el obsesivo Elsinore requería una verdadera adolescente virgen desempeñando ese papel, creyó imprescindible emplear y descartar, sucesivamente, veinticuatro actrices. Cuando se disponía a filmar la vigesimoquinta toma y ya era difícil conseguir candidatas, amenazó al productor con golpearlo si no le traía a su hija menor.

Elsinore salió de la cárcel recién en 1974. Ya por entonces, se había convertido en un cineasta de culto; para un pequeño pero fiel grupo de admiradores, era un genio incomprendido. En el Festival de Cannes del año siguiente, presentó una película (cuyo guión había escrito mientras estaba en prisión) que era un explícito homenaje a Alfred Hitchcock y sus filmes Psicosis y Los pájaros: la terrorífica Psitacosis. Los críticos no se la tomaron muy en serio, pero a Elsinore poco le importó, porque entre cóctel y cóctel, se dio el gusto de compartir su lecho con la por entonces muy joven Sharon Stone: un error de la organización del festival hizo que a ambos se les asignara el mismo cuarto de hotel. La Stone, siempre tan generosa con todos los hombres a los que, por un error de la organización del Festival de Cannes, se les asignaba el mismo cuarto que a ella, acogió a Elsinore entre sus brazos por varios días, hasta que partió para socorrer a otro hombre con similares problemas de alojamiento.

La segunda mitad de la década del setenta halló a Elsinore obligado a sobrevivir haciendo trabajos para la TV: desde documentales sobre la historia de las prótesis dentales hasta avisos comerciales de máquinas de escribir. En 1979 recibió el encargo de dirigir la filmación de un videoclip del grupo punk inglés Che Guevara & The Godzilla Offspring; Elsinore se empecinó en filmar el primer videoclip mudo de la historia del rock y el proyecto se fue al diablo. También se peleó con Stevie Wonder cuando le sugirió filmar un video usando la olvidada técnica del cine Braille.

En 1980 publicó un monumental ensayo, de casi 2000 páginas de extensión, en el que analizaba las influencias del Popol Vuh en la obra de Akira Kurosawa, llegando a la conclusión de que no había ningún hecho que pudiera sostener semejante hipótesis.

En 1981 se encarga de la puesta en escena de la comedia musical Las ruinas de Nueva Pompeya y Villa Lugano en Broadway. El día del estreno hubo un problema gremial con los músicos de la orquesta, por lo que Elsinore, de acuerdo con los productores, decidió utilizar los servicios de un DJ y de un grupo de amigos: el DJ editaba la música y los amigos del director simulaban tocar los instrumentos. El experimento resultó bien, pero cuando se solucionaron los problemas con los músicos, Elsinore decidió probar con el DJ y la orquesta sonando en forma simultánea. ¿Por qué? Porque, por casualidad, el DJ había inventado el scratching: la técnica por la cual se manipula físicamente la rotación del disco para producir sonidos. La combinación de scratching y orquesta fue un rotundo fracaso: entonces, la gente no estaba preparada para aceptarla.

Sus últimos trabajos revelan una decidida vocación experimental: en 1984 se estrena Apocalipsis Galáctico, un extraño collage de fragmentos de, entre otras fuentes, Apocalipsis ahora y La guerra de las galaxias, obras de sus ex compañeros de estudios Coppola y Lucas. El argumento (hasta donde hay un argumento): un oficial, el capitán Willard (Martin Sheen) es enviado por el Imperio a las selvas de Camboya con el fin de asesinar a un desertor, Obi Wan Kenobi (Sir Alec Guinness) y así evitar el triunfo de La Fuerza. La explosión de la "Estrella de la Muerte", por obra de un ataque del Vietcong, es comentada por el astrónomo Carl Sagan, quien hace un valiente discurso en defensa de las selvas tropicales, defoliadas por el empleo del "Agente Naranja".

En la última escena, el capitán Willard toma el control remoto del televisor, lo dirige al cielo nocturno y aprieta la tecla de apagado. La luna y las estrellas cesan de brillar. The End. Es el adiós de Elsinore al cine.

Cansado de luchar, Elsinore se casó por interés con una viuda rica y decidió dedicar su tiempo a montar una empresa de venta de equipamiento para consultorios de dentistas. Se hizo millonario en pocos años. En una entrevista concedida a Leonard Maltin en 1990, dijo que por fin sentía que era feliz, y que en realidad, el cine no le gustaba.

J Elwood Elsinore murió en 1993, de una indigestión con caviar. Está enterrado en La Jolla, California, en una tumba que está a pocos pasos de la del escritor Raymond Chandler.

(c) Pablo Martín Cerone
 
 

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