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EL LEGADO DE BHUR AKMHED

 

Estimado Señor; Mi nombre es Ricardo Gallipoli, mi profesión es la de escritor, y por extraordinarias circunstancias soy albacea testamentario del Hombre que se fuera conocido en Occidente como Bhur Akmhed. En ocasión de asumir la carga moral que imponía el hacerme cargo de sus posesiones terrenas, firmé un acuerdo de confidencialidad en la Ciudad de Londres en el otoño boreal de 1939. El mismo me obligaba, de la misma forma que consentía, el conocer sin poder divulgar el trabajo al que El Taumaturgo Saudita le dedicara cincuenta años de su vida. El compromiso firmado estipulaba una fecha luego de la cual, quien estuviera a cargo de las pertenencias del Akmhed quedaba en disposición, si así lo consideraba, de darlas a conocer al mundo. En tal fecha, 4 de marzo de 2001 fui liberado del acuerdo que protegía el secreto de sus investigaciones.

Bhur Akmhed; Arquitecto y filólogo. Filosofo y alquimista. Semiólogo y poeta, nació el 4 de marzo de 1849 en Jauf -- Hoy Saudí Arabia, al S O. De la tierra conocida como Jordania y al O del Irak --. Hijo de Yusuff Amhed Bhaarhail, matemático y numerologo que influyo en el pequeño Akmhed para que se dedicara a la ciencias matemáticas como él mismo lo hiciera, aconsejado por su padre, el mítico Jeque Abdul Asch al Asch Yusuf. Enviado a Londres, y graduado en Cambridge como arquitecto en 1872, regresa inmediatamente a su tierra y prepara la primera de ocho expediciones a la mítica ciudad perdida de Ur, con las que captaría primero la admiración y luego el reconocimiento de los mas renombrados cenáculos científicos del mundo. En su tercera expedición, y hallándose en las afueras del yacimiento, localiza en el tercer sub-nivel de una tumba hipogea la piedra filosofal de sus investigaciones: Las Tablillas de Kifri; así llamadas, por el páramo desértico que da nombre al territorio del hallazgo. En sucesivas incursiones, esta vez acompañado por el afamado geólogo Británico Julius Moras, exhuma las ciento trece lascas cerámicas que constituyen y completan el panóptico de Kifri.

Es mi deber excusarme en este punto y aclararle la índole extremadamente confidencial del material que nos ocupa. La revelación que estoy a punto de hacerle, contiene numerosos puntos de contacto con los textos que la mayoría de los legos conocen como Al Azif o Necronomicon.
Así mismo, debo confesarle que la información que brindare a continuación, no solo es inédita sino, contrastante y de alguna manera rectificante respecto del contenido del famoso texto antes nombrado. Dicho y aclarado ese punto entraré en materia.

Primero lo obvio. Las tablillas que contienen el legado de Kifri fueron exhumadas por Bhur Akmhed y su colega y amigo; El geólogo Julius Moras en el año 1886, por lo tanto adjudicarle a Abdul Alhazred (622 ? 739) los textos del Al Azif es por lo menos aventurado. Intentar explicar por lo tanto, no importa la argucia, como un alienado, desterrado y perseguido por atrocidades que nada tienen que ver con la apostasía, fue capaz de redactar en un rapto de iluminación el Al Azif es directamente inconcebible. De esos vientos devinieron estas tempestades. El Texto deliberadamente
oscuro e ilegible que se pretende hacer pasar por el Al Azif, perfeccionado y engrosado por subalternos personajes de la literatura, la magia y la nigromancia, es, debo aclarar, una superchería montada por un misógino chauvinista al que las locuras de Alhazred le cupieron como anillo al dedo. Ahora la verdad, comenzando por el nombre o Numalif.

En Yemen, la cuna del Islam, se lo conoce aun hoy como Allha Azfauar (Las crónicas del nieto de Ala). En otras palabras Las crónicas de Caín. De esto y no de otra cosa se trata el Necronomicon.
No existe en todo el texto, concienzudamente traducido por Akmhed, Moras y Simón Deville, una sola pócima que conceda poderes mágicos a quien la beba, un solo conjuro o maldición. Mucho menos alguna invocación que pretenda rasgar el velo que separa a Los Oscuros Olvidados de la raza humana. Falaz, es cada palabra del texto apócrifo que se conoce. Intencionalmente sibilino y oblicuo. Trasnochado y misteriosamente pueril. Ya veremos porqué cada uno de sus versos hacen luz, paradójicamente ahí donde solo existe el vacio.
Las crónicas del Cornudo (Dat el Haj) son en si mismas abominables, y no precisamente por el servicio que pudieran prestar a los modernos aprendices de hechicero. No poseen el secreto de la inmortalidad, no revelan el misterio de la transubstanciación. Son en realidad, el lamento aterrador de nuestro mas lejano antepasado. Son el soliloquio de un desterrado, la descripción de su obsceno maridaje con la llamada Askasech (el texto se detiene obsesivamente sobre el particular).


Las Crónicas de Dat el Haj (de aquí en adecente me referiré al texto empleando la denominación popular de Al Azif) relatan minuciosamente como Caín (Azfauar), pactó con el Demonio para engendrar a la raza humana. Y de los resultados nefastos de aquel pacto.

Antes de continuar y adentrarme directamente en la sustancia del texto y sus implicancias para la raza, permítame hacer una somera cronología que aclare el infortunado ¿error? que, durante siglos, mantuvo engañada a la hermandad del Necronomicon. Prometo ser breve pero esclarecedor. Luego podrá usted comprobar cada uno de los datos que expondré a continuación;

· Las Tablillas de Kifrí designan a su autor como Epherhamet, hijo de Jubal y Ada, y tatara, tataranieto de Henoch, hijo de Caín
· Las Tablillas fueron enterradas por Tubal en tierras de Nod y allí permanecieron
ocultas e ignoradas por mil años.
· Las primeras trece tablillas, que resultan una reseña cuasi histórica y genealógica de la raza humana, fueron empero, transmitidas oralmente de padres a hijos y de estos a nietos, en tanto el texto permanecía a cuarenta metros bajo la arena del desierto del Sinaí
· Un Sacerdote de la primera dinastía Tinita (3315 ? 3100 a de JC), desentierra las Tablillas de Kifrí y las pone a disposición del Faraón Aethofontes II, quien ordena la trascripción a sus sacerdotes amanuenses, utilizando diversos idiomas. En esa época, presumiblemente siguiendo ordenes del Faraón, son destruidas las tablillas originales ejecutadas por Epherhamet.
· Durante la dinastía de Akenaton I o Amenofis IV o Al Amarna (ap. 1358 ? 1340 a de JC) Las tablillas son trasladadas a Akhetatón (ciudadela de Akenaton). Allí, en las criptas secretas de la ciudad Fortaleza del Faraón Maldito, vuelven a ser transcriptas, esta vez al hierático sobre cerca de ochocientos cortes sagrados (22 por 47 centímetros) de papiro madre. El Juego de Tablillas de arcilla desaparece en esa época hasta la exhumación posterior a manos de Akmhed en 1886. Los papiros conteniendo El Al Azif, por el contrario, fueron intensamente utilizados en el diario ritual Faraónico hasta la destrucción de Akhetatón por Ramses I. Durante el incendio de la Ciudadela y posterior asesinato de Akenaton I su corte y la totalidad de la casta sacerdotal, los rollos del Al Azif son casi completamente destruidos por las llamas. Alguien, no sabemos quien, logra rescatar del fuego cien rollos conteniendo un resumen aliterado del texto al que acompañaba una paráfrasis del ritual místico en el que se utilizaban los papiros del Al Azif. Precisamente aquí nace el lamentable equivoco que transforma un resumen litúrgico en el libro maldito mas famoso de la historia.
· El texto, seriamente tergiversado por los sacerdotes de Akenaton, junto con los papiros que sustancian el rito al Dios Único (Aton), son introducidos en la corte del Califa Amru (639 - 643 d de JC), convertidos ahora en ciento trece rollos que, sobre alimentados por la tradición oral que los precede, son entusiastamente aceptados por los cenobitas de Amru como el Al Azif.

· Benam Al Buthy , fue el primer Califa ortodoxo de la dinastía Omeyana (ap 657 - 749 d de JC). Bajo su terrible y despótico reinado, fue atrapado y conducido al Califato de Damasco el sexto de los custodios de los papiros Al Azif ; Nemen Alfawi. El portador, que apenas había tenido el tiempo suficiente para esconder el Al Azif fue confinado en las mazmorras subterráneas del palacio, donde es muerto luego de ser torturado sin resultado por espacio de dos años. Durante su cautiverio Alfawi traba relación con su vecino de celda, un ladrón de caravanas y embaucador llamado por muchos Sisigadaon, aunque su verdadero nombre era Abdul Alhazred .
· Alfawi era un puro de corazón cuya vida había estado consagrada al cuidado y protección del texto sagrado. Reconoce su destino y por alguna causa que se nos escapa, le ha tomado cariño a este bribón de ojos claros y le revela su tesoro. Durante meses y en susurros Alfawi confía a Alhazerd el secreto que guarda con su propia vida haciéndole saber el sitio donde reposaban los papiros del Al Azif. Alhazred, que conoce la tradición que sobrevuela el texto santo, demuestra un vivo interés en las palabras del anciano sacerdote llegando incluso a prometerle traspasar las escrituras, una vez libre, al séptimo Portador, según el deseo que le declara Alfawi. Este despreciable ser, es a los ojos occidentales el autor del Al Azif.
· Muerto Alfawi en el 712, Alhazred planea su fuga de la cárcel Imperial.
Soborna a uno de sus carceleros y huye en medio de la noche confundiéndose con los viajeros de una caravana que parte hacia Meyadin, a orillas del Eufrates. En mitad del camino abandona el convoy de peregrinos y se interna en la desolada planicie de Tadmor. Allí, siguiendo las instrucciones de Alfawi desciende una gruta excavada por el viento y exhuma los papiros del Al Azif. Con ellos entre sus ropas y en absoluta soledad, marcha hacia el desierto de Jauf al Norte de Arabia, atravesando en la jornada los territorios de Siria, Jordania e Irak.
· Alhazred llega al Oasis de Yhoghod, en mitad del desierto de Jauf en el año 714. Es ahí donde decide detenerse, y efectivamente lo hace por espacio de diez años. Esa época, que resulta de una paz esclarecedora para su animo, es la que Alhazred dedica a la tarea de traducir los papiros en su poder.
En soledad y durante siete años Alhazred traslada los caracteres arameos, elamitas, avestanos y coptos al árabe, y les da el nombre de Allha Azfauar (Crónicas del Nieto de Adán). Pero no se detiene ahí. Mancillando los escritos sagrados del Faraón Akenaton, agrega de su propia cosecha ochocientas líneas de escritura que, cree le servirán luego para granjearse el beneplácito de la corte del Califa en Damasco. Es ahí donde aparecen por primera vez en el texto las invocaciones a los Dioses del desierto, a los Señores Nocturnos y específicamente, se presenta para desvirtuar por completo el texto litúrgico Egipcio, la raza que él cree ver todas las noches surgir de la arena del desierto y a los que les asigna el nombre de Bhutriamenes (Los Olvidados).

· En el año 725 Alhazred, cargando más de cien años, regresa a Damasco con un solo pensamiento en la cabeza. Se entrevistara con el Nuevo Califa; Cthulhu Alluf. Se presentará a él y entre otras cosas pondrá en sus manos el texto del Al Azif con un detalle agregado a ultimo momento. Le dirá que las voces del desierto le comunicaron que cada invocación será bienaventurada, solo si se le ofrece un sacrificio al Dios de las columnas de humo de Khadhat; El ser supremo del Desierto que, no es otro que Cthulhu. Lamentablemente para Alhazred, El Califa que era un virtuoso Musulmán e interpreta cada una de sus palabras e insinuaciones como blasfemias abominables, ordena encerrarlo hasta darle destino, en la misma celda donde Alhazred pasara dos años en compañía del sacerdote que le reveló el secreto de los papiros Al Azif. Ironías del destino.
· Solo tres Califas Omeyas sucedieron a Cthulhu Alluf ; Abhdala III, Bahawi Al Bahawi y el joven Asham Asif I (El Devoto de Ala). Este último ordenó la decapitación publica de Alhazred en abril de 739. No existe, y en esto coinciden todos los historiadores, un testigo contemporáneo que nos relate las contingencias de su muerte. Hubieron sí innumerables murmuraciones y leyendas sobre el particular, algunas teñidas de misterio y otras, que a la postre se constituirían fundamento de la fábula que precedería al libro y a su conspicuo poseedor para siempre, que insinuaron directamente el carácter preternatural de la desaparición de Alhazred. Lo cierto es que, el verdugo bajó el alfanje sobre el cuello absorbido del anciano fabulador, sin prestarle demasiada atención. Los manuscritos puestos en manos del Joven Asham Asif fueron agregados a la hoguera que sucedió a la ejecución de Alhazred, aunque nuevamente fueron rescatados de las llamas por manos anónimas que, los custodiaron hasta devolverlos a la arena en el desierto de Hail al sur de Jauf .
· Debo detenerme en este punto. El conjunto de papiros, a esta altura considerado por todos el Al Azif, son exhumándoos de su tumba de arena y sílice por la tribu del desierto que se denominaba a si misma Los Oscuros Olvidados; La tribu nómade de los Bihail Turghett, mas conocidos como Tuhareggs. En el año 812 aproximadamente.
· Lo que hoy denominamos Grecia, perteneció al Imperio Romano de Oriente desde el siglo III hasta bien entrado el XIII. La así denominada, provincia de Acaya se hallaba a siglos del esplendor Helénico y del fasto de su época imperial. Sus dirigentes e intelectuales respondían al marco instituido por el concepto oriental de pensamiento, ya fuera en el terreno político, militar o el de las ideas. No existía un espíritu Griego en el pensamiento de nadie que viviera en aquella época en el territorio griego. En otras palabras, cuando nos referimos a Grecia en el contexto y el tiempo que nos ocupa, debemos saber lo hacemos sobre el mundo Árabe Dicho esto, avanzo sobre otra falacia institucionalizada por el xenófobo de Nueva Inglaterra que, utilizó este opaco período de la historia para contextualizar el viaje del Al Azif a occidente.
· En 1166, muchos Defensores de la Fe regresaban a Europa de la Segunda Cruzada y con ellos, hacían aparición no solo bolsas cargadas con astillas de los huesos de santos y profetas cristianos inmolados por la fe. También desembarcaron en el puerto de Marsella especialmente, los rumores y leyendas que antecederían al texto apócrifo, setenta y cuatro años.
· El 12 de agosto de 1241, dos meses antes de la muerte de Gregorio IX, el Jesuita y Guerrero Mássimo Conditti, hace constar en el libro de Registros Sacristales de la basílica de San Pedro (L; VL, Cap; 701, Hoja; 1314) –este registro en particular, puede hallarse hoy en la Biblioteca Vaticana (Asuntos Externos) - el contenido de un cofre entregado en mano al Cardenal D´veglio, y de cuyo contenido Conditti hace el siguiente pormenor: Seis cuerpos (dieciséis pliegos) de papiros de origen árabe en mal estado de conservación - Cinco cuerpos de papiros de origen árabe en regular estado de conservación - Once cuerpos de papiros de origen árabe en buen estado de conservación - Seis cuerpos de papiros de origen árabe en muy mal estado de conservación. Recolectados en territorio del Negheb. Autor o Autores de la colección; Cada uno del
los corazones de los cuerpos, están autografiados por un Tal Abdul Alhazred.
· El moribundo Gregorio IX no está en condiciones de interpretar, traducir o imponer la prohibición, (argumento inverosímil) de un material del que desconoce su contenido. Con casi ninguna fuerza y la voluntad quebrantada, acepta la propuesta del Cardenal D´veglio, quien le sugiere haga trasladar el manuscrito a Pádua para su traducción, estudio e investigación. El cofre es confiado al jesuita Conditti con la orden de escoltarlo hasta La Basílica de Nuestra Señora de la Anunciación, en Pádua. Debía permanecer en El Santuario hasta que los arqueólogos papales completasen el trabajo encomendado. D´veglio por su parte, le solicitó a Conditti un informe mensual con los avances en el trabajo de traducción e interpretación de la obra.
· Las intrigas palaciegas que se sucedieron a la muerte de Gregorio IX, son dignas de otro informe. Baste decir que una semana después de las pompas fúnebres, Celestino IV, se ajustaba casi con sus manos la Mitra Avellanada.
Es cierto que por circunstancias realmente misteriosas, el papado de Celestino IV duro un suspiro, cuatro meses, durante el cual se corto la conexión entre Mássimo y las flamantes, aunque efímeras autoridades Vaticanas. Un correo de D´veglio le comunica al Jesuita, que por el momento los trabajos con los papiros debían suspenderse. D´veglio le ordenaba consignar el material en manos de las autoridades de la Basílica y regresar rápidamente a Roma.
Mássimo acepta volver, pero llevando el Al Azif consigo. Desobedeciendo así el mandato de D´veglio y adoptando un criterio que alteraría nuevamente el destino del texto.
· El marco político que había impulsado y bendecido a Capitanes de la Iglesia como Massimo Conditti a participar de Las Cruzadas, llegó a su fin con el ascenso al trono Papal tanto de Celestino IV, como de su sucesor Inocencio IV en 1243. La animadversión demostrada por los nuevos funcionarios hacia los sacerdotes guerreros, queda demostrada en la decapitación del ministerio de D´veglio quien, disminuido moral y físicamente vuelve a su tierra en El Venetto y desaparece de la escena oficial. Esto deja a Massimo Conditti sin protección y disminuido políticamente. El frió atardecer del 6 de enero de 1242, Mássimo atraviesa las puertas de Roma y casi sin tiempo a desensillar, toma conocimiento de una disposición Papal que ordenaba detenerlo y confiscarle sus pertenencias.
· Por sus memorias, sabemos que ayudado por una Dama de la Corte de Saboya, íntima de D´veglio, Mássimo es trasladado de incógnito al puerto de Génova donde con el nombre de Lothar Ébert se embarca hacia España en el Buque de carga Gaviotta de bandera Siciliana.
· Sabemos que Mássimo Conditti, o Lothar Ébert desembarca en Aragón en el puerto de Oropeza. Sabemos que se hospeda en el Castillo del Señor de Berenguer; una edificación Morisca, enclavada en las sierras en Morella. Sabemos que en el año 1251 Sebastián de Berenguer le presenta al librero alemán Gunther M’hass. Sabemos que M’ hass traslada el texto a Toledo. Y sabemos que M’ hass edita por primera vez en esa ciudad española el Al Azif cambiándole el nombre por el de Necronomicon.
· El texto del Al Azif, fue traducido parcialmente al latín por los amanuenses de Pádua. Y fue así porque los escribientes seleccionaban los párrafos del texto arábigo y los transferían primero al italiano coloquial. Solo como paso posterior era trascripto al idioma oficial. De tal suerte, que solo la primera parte del Al Azif estaba concluida. M’ hass invita a completar el trabajo a su editor un tal Wormius. Así, la tercera parte del texto fue traducido al italiano, una décima parte de ella al latín y el resto al alemán. M’ hass editó tres ejemplares manuscritos del Al Azif en noviembre de 1259; El primero en Alemán, el segundo en Castellano y el tercero Latín.

· El primer manuscrito reposa hoy día en el sexto subsuelo (incunables) de la Biblioteca de la Ciudad de Héidelberg, en Alemania. El segundo, debido a una historia digna de otro informe, se halla en el sector Incunables de la Biblioteca de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina. El tercero de los manuscritos, se pierde durante doscientos veintiún años para aparecer en el 1480 en las manos de la Reina de Castilla y Aragón, Isabel de Castilla, puesto allí por el Mitómano y fabulador francés Felipe Degast. Degast entrega a la Reina Española dos ejemplares míticos, El famoso Libro de las Maravillas y Monstruos, escrito e ilustrado por él mismo, y un ejemplar del Necronomicon en perfecto estado de conservación. Se trata de la edición latina.
· En el año 1487 el Impresor Alemán Juan Gútemberg, imprimió entre otras cosas El Catholicon, La Biblia, y El Necronomicon. Todos en Alemán y directamente extractados de la única fuente disponible El texto Latino de la Reina de Castilla y Aragón.
· Para el año 1523 el texto es estudiado y, por supuesto, desestimado por la intelectualidad europea. El libro, por lo menos uno de ellos, es llevado a Inglaterra y entregado a Lord Leopold de Wallpole que, es quien primero menciona en sus escritos el famoso texto inciatico. Lovecraft, que jamás se acercaría a libro, abreva del texto de Wallpole creando una genealogía que, como en un deslucido hilván, roza la verdad de tanto en vez.

Eso es lo que tengo para decir, por ahora, sobre el texto conocido como Al Azif, o Necronomicon. Se trata de una superchería como acaba usted de leer. Una que como casi todos los fraudes, deben beber algunos sorbos de la fuente de la verdad. Lo cierto es que la obra que diera origen a la fábula, estamos hablando de las Tablillas de Kiffrí, o las Crónicas de Caín (Dat el Haj), recopiladas por su descendiente directo Epherhamet, no es al presente de conocimiento publico. En otras palabras El Necronomicon; traducido por Akmhed, Moras y Deville está depositado en un cofre en el último cajón de mi escritorio.

Quedando a su disposición, lo saludo atentamente
(c)
Ricardo Gallipoli
ricardogallipoli@argentina.com


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