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EL AMOR Y LA CIENCIA NO SE MEZCLAN

Por RAMON GARZA WILMOT



Si hubiera sabido Esteban los bizarros, peligrosos y extraordinarios acontecimientos que le iban a ocurrir al hacer ese viaje y la situación irreversible en la que se iba a meter, mejor se hubiera quedado como estaba, viviendo una vida no muy interesante pero definitivamente segura y sin sobresaltos, disfrutando del hecho de saber que en su vida no habría sorpresas pues creía que todo lo tenía controlado, regocijándose en aquellas vacaciones en la casa junto al río, disfrutando de la paz de aquel lugar interrumpida solo de vez en cuando por la lluvia semanal, jugando al ajedrez con Carlos, pescando y redactando ese artículo sobre la influencia de los campos magnéticos intensos en el equilibrio molecular de las sales radioactivas.
Después no pudo decidir si había sido una gran estupidez ó un magnifico acontecimiento el haber ido con Nora a la cueva en donde esta le dijo que había encontrado unos objetos raros, esféricos y muy duros. Lo que ella quería cuando lo invitó a ir a esa cueva, era conseguir su ayuda y llevarlo hacia esos objetos que luego resultaron no ser esféricos y que fueron mucho mas complicados que algo que pudieran llamarse simplemente "objeto".
A Nora la había conocido por casualidad en la tiendita del pueblo que estaba a unos 10 kilómetros de donde su amigo Carlos tenia la cabaña a la que lo había invitado por unos días. Ese día, ella estaba también comprando provisiones y comida, pues vivía casi permanentemente en otra cabaña que estaba a unos tres kilómetros de la de Carlos. La platica entre ambos se inició cuando el tendero, un señor grande ya, los presentó y les dijo quienes eran y desde cuando estaban ahí.
Mientras Don Simón(que así se llamaba el tendero) molía el café de grano y preparaba el resto de la despensa que Esteban le había pedido, ellos se pusieron a platicar acerca de sus trabajos y generalidades de sus vidas. Esteban era maestro de Ciencias de la Universidad de Guadalajara y Nora la nueva amiga era medica y psicóloga, maestra de la UNAM.
- ¿Qué haces acá en estas soledades?. Preguntó Nora.
--Bueno, -- dijo Esteban.
-- Hace tres años que no tomo vacaciones. Mi amigo Carlos, su esposa Susana y sus dos hijos me invitaron a pasar unos días aquí, a descansar y a pescar en el río. La verdad es que me hacían mucha falta y necesitaba el descanso de la ciudad y de los alumnos que tengo. Y ¿tu? Nora, ¿qué hace una mujer viviendo desde hace tantos meses aquí en soledad? .
Nora le contestó con algún titubeo, como si no quisiera platicar muchos detalles del asunto y solo se limitó a decir:
--Estoy haciendo una investigación para la UNAM que me ha llevado mucho tiempo y no veo la hora de terminarla.
--¿Y eres casada? - preguntó Esteban.
--No, no, gracias a Dios.
--¿Por qué gracias a Dios? - se atrevió a preguntar Esteban y luego como si se hubiera arrepentido de haber hecho esa ultima pregunta le dijo:
--Oh, perdóname, no debí haberte preguntado lo que no me importa.
--No te preocupes - dijo ella.
-- Verás, estuve viviendo con un hombre que era muy guapo, pero un machista recalcitrante, cuando lo conocí me conquistó con facilidad y nos fuimos a vivir juntos. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que las diferencias culturales entre nosotros eran muy profundas, yo era una profesionista que estaba teniendo éxito académico y con ideas especiales acerca de la mujer, y él, mas allá del fútbol y de su trabajo de vendedor de bienes raíces, no tenia nada para dar, le molestaba la idea de que yo no estuviera a su servicio para sus necesidades domésticas, y eso que yo no tenia la obligación del matrimonio.
-- Bueno, eso desde el punto de vista intelectual, y desde el punto de vista biológico era mas un garañón que un marido, sus aventuras mujeriegas ya no las pude aguantar y así es que decidimos separarnos hace casi un año y con esto ya me pude dedicar totalmente a mi trabajo. De hecho últimamente he pensado que sus aventuras machistas fueron una excusa para que termináramos, pero en fin eso ya se acabó.¿ Y tú? ¿Eres tú casado?.
Esteban contesto:
--No, no estoy casado, ni lo he estado, te confieso que ganas no me faltan, porque creo que soy un hombre del tipo familiar pero, bueno... Hallar a una mujer que a mí me guste y que quiera casarse con un ratón de biblioteca como yo no es nada fácil y menos fácil es si no tienes dinero como nosotros los maestros ¿verdad? -- Y ambos rieron por el comentario.
En ese momento. Don Simón le dijo a Esteban que ya estaba molido su café y lista su despensa y él, no teniendo mas pretexto para continuar la plática tuvo que despedirse de Nora. Pero antes de hacerlo y como ella le había atraído bastante, la invitó a ir a pescar al río al día siguiente. Nora aceptó gustosa, le dijo que nunca había pescado y que le gustaría pasar por esa experiencia. Esteban le explicó gustoso en donde estaba la cabaña de Carlos y como llegar a ella. Se despidieron saludándose de mano y cada cual se subió a su vehículo, él traía una camioneta que era de Carlos y ella el Jeep que le había dado la Universidad.
La cabaña de Carlos a donde fueron a pasar esos días de vacaciones, estaba a unos treinta metros de la orilla del río Grijalva en el Cañón del Sumidero en Chiapas. Ahí el río corría con cierta agitación y en aquella zona en particular, las murallas del Cañón estaban cubiertas con una vegetación muy corta y con un color verde vejiga muy intenso gracias a las frecuentes lluvias de la región. Como la cabaña dentro del mismo Cañon, tanto la mañana como la noche llegaban fuera de hora, pues el sol le daba a la cabaña hasta que daban las 9 o 10 de la mañana y ya para las 6 de la tarde ahí empezaba a obscurecer.
Hacia el sur del Cañón, la pared de este ascendía con suavidad y con esto favorecía al camino para salir del lugar en automóvil. Era por supuesto, camino de terracería y estaba ahí desde que hacía muchos años, unos norteamericanos ricos lo construyeron para llegar a una mina de estroncio que resultó un fiasco. El camino sirvió para que Carlos se decidiera a comprar esos terrenos y construir ahí su cabaña a donde iba una ó dos veces por año.
La cabaña en donde estaba Nora, a tres vueltas río abajo de la de Carlos, estaba a cierta altura de la superficie del agua del Cañón en una saliente natural. La saliente era una explanada de unos 1000 metros cuadrados. Desde su orilla y hasta la superficie del río, había no menos de 300 metros de altura verticales. Hacia arriba, la parte superior del cañón estaba a unos 50 metros de la explanada y la única manera de acceder a la cabaña era caminando desde allá por una vereda mas o menos empinada. Nora tenía que dejar su Jeep allá arriba, pero no le preocupaba que se lo robaran, pues se llevaba las llaves y no había nadie o casi nadie en kilómetros a la redonda a quien pudiera interesar el llevárselo o supiera manejarlo.
Había rentado la cabaña con fondos de la Universidad a unos gambusinos y todos sus gastos corrían por cuenta de esta. Lo que allí investigaba no era nada convencional y la estaba llevando a cabo con cierto grado de sigilo, sigilo que fué lo que llevó a Esteban a meterse en esa situación que para él resulto enajenante al principio y sorpresiva al final.
Al día siguiente, Nora llegó en la mañana como había prometido, y después de las presentaciones del caso con la familia de Carlos, se fueron a un rincón del río relativamente calmado que estaba a unos dos kilómetros de la cabaña y en donde Carlos le había dicho a Esteban que quizás podrían pescar algunos bagres. La verdad, Esteban no era un conocedor del arte de la pesca, no obstante sabía apenas lo suficiente como para ayudar a Nora a preparar sus avíos y la técnica elemental para pescar. Se acomodaron u sentaron en una bonita roca, grande y plana que estaba directamente en la orilla de una olla que el río había formado. Para la hora en que empezaron, ya el sol daba de lleno en el lugar, así es que con muy buena luz se pusieron a tratar de pescar algo.
Nora sentada en la roca lanzó al agua el curricán, él le recomendó que hicieran lo posible por estar en silencio por un rato a fin de no asustar a los peces. Así lo hicieron mientras admiraban aquella mole inmensa de rocas y el correr siempre fascinante del Grijalva.
Nora miraba pensativa hacia el río cuando Esteban la pudo ver por primera vez en detalle,(lo que no pudo hacer el día anterior en la tienda obscurecida de don Simón). No era una mujer muy bonita, pero no era fea tampoco, blanca, con la nariz ligeramente afilada; sus ojos eran color café con tintes aceitunados, delgada y medianamente alta, su pelo era castaño almendrado. Tenía unos 32 años de edad, y aún cuando no era muy guapa, tenía un algo en toda ella que era sencillamente hermoso y fascinante para Esteban. Quizás esto se debía a la forma en que el sol descomponía su luz en el brillo almendrado de sus cabellos, o quizás era sólo que a Esteban le parecía una mujer excepcional, dada que en su persistente e indeseable soltería, no había tenido mucha oportunidad para conocer y tratar mujeres interesantes y con inteligencia, como ahora le parecía que a Nora le sobraba.
Esteban, era un hombre bien parecido, estatura regular, pelo negro y liso, 38 años de edad, 14 años de maestro, carácter afable, pero solitario e introvertido, (él mismo se hallaba sorprendido de haber invitado a aquella linda mujer a pescar), tenía el defecto de descuidar su apariencia externa, específicamente su cabello algo largo. Cuando observaba a Nora ahí en el río, pescando, no podía evitar el pensar en como sería tener a una mujer como ella de compañera, o de esposa ó de amante ó como fuera.
Transcurrieron unos quince minutos sin que alguno hiciera nada, salvo el mirar el río, escuchar chapotear el agua al pegar en la roca y voltear a verse disimuladamente el uno al otro, sonriéndose entre ellos cuando tocaba que ambas miradas coincidían. De repente la caña de Nora dió un tirón y sin soltarla se levantó apresuradamente.
--¡ Ya picó Esteban, ya picó, pronto dime, ¿qué hago?!.
Gritaba sumamente excitada y alegre al mismo tiempo.
El se levantó rápidamente y le gritó...
--¡ No lo sueltes! ¡ no lo sueltes!... ¡Enreda poco a poco el carrete y mantén el hilo tenso!.
No sabía si esa era la mejor manera de agarrar al animal que Nora tenia en la caña, pero pensó que sería la manera mas lógica de hacerlo.
Nora sacó el pescado del agua y Esteban lo separó del anzuelo, mientras hacía esto, Esteban no dejaba de sonreír, sorprendido agradablemente por la actitud alegre y casi infantil con que Nora había agarrado al pez.
--Para ser la primera vez lo has hecho muy bien-la felicitó Esteban.
--Suerte de principiante.
--Bueno, es que con una principiante como tú cualquiera se deja pescar, animal ó no.
--¡Ah!-- Dijo Nora.
--Estas tratando de halagarme ¡Eh!
-- Andale, tira otra vez el sedal y deja que otro inocente bagre se deje agarrar por ti.
Y así entre platica tranquila y bromas ligeras pasaron un par de horas, en las que entre los dos lograron pescar 5 peces.
Después de eso, recogieron sus cosas y se encaminaron de nuevo a la cabaña. Mientras lo hacían, continuaron la plática que no habían terminado el día anterior.
A él le interesaba conocer mas detalles personales de Nora, y se adentró en ellos.
--Y dime Nora, las razones por las que ya no andas con ese hombre del que me hablabas ¿siguen siendo válidas?.
Se dió cuenta que no era eso lo que realmente quería preguntar, y corrigiéndose a sí mismo cambió la pregunta.
-- Vamos, ¿no te has enamorado de nuevo?.
Nora sonrió y mirándolo directamente a los ojos le dijo:
--No, no, pero estoy lista para el amor otra vez.
Esteban se sintió halagado por la respuesta y como un quinceañero a quien le salta el corazón frente a su amorcito, se sintió invitado a llevar mas lejos su atrevimiento.
--¿Crees que una mujer como tú pueda enamorarse de alguien como yo?.
Nora contesto con un lacónico:
-Sí.
Sorprendido Esteban por la respuesta, decidió abandonar la distancia que la simple amistad le indicaría y conducido rápidamente a una situación que, siendo al mismo tiempo embarazosa y feliz, lo impulsó a darle un beso mientras caminaban, un beso suave, tranquilo, sin arrebatos, largo y dulce.
Se tomaron de la mano como dos muchachos y sin decirse nada más, siguieron caminando hasta llegar a la cabaña.
Ya en la cabaña, las dos mujeres se pusieron a preparar los pescados para la comida mientras que Esteban y Carlos preparaban el carbón y platicaban acerca de los animales que había en la región y de los turistas que de vez en cuando pasaban navegando por el río .
Comieron los cuatro sin los hijos de Carlos, pues estos andaban afuera tratando de atrapar unas iguanas que habían visto en la mañana. Al mismo tiempo que comían y platicaban intrascendencias, tanto Nora como Esteban pensaban en los acontecimientos de esa mañana, a la vez que se lanzaban miradas y sonrisas furtivas, miradas que no pasaron desapercibidas para Susana quien por debajo de la mesa hacía señas a Carlos para que los viera. Pero Carlos ni cuenta se daba de las señas de ella, él seguía enfrascado platicándole a Esteban la idea de poner un restaurante para esos turistas que frecuentemente pasaban por el río pero que no se atrevían a detenerse por temor a lo que ellos creían eran indios salvajes o guerrilleros.
Terminada la comida, Nora se despidió de sus anfitriones y aparentando solo un cumplimiento, invitó a Carlos a conocer su cabaña. Este también aparentando solo cumplir una cortesía, dijo tranquilamente que sí, pero por dentro estaba a punto de gritarlo.
Ella se fué en su Jeep y Esteban la siguió en la camioneta.
Llegaron hasta la parte de arriba de donde estaba la cabaña y dejando los dos vehículos, bajaron la vereda hasta la explanada.
La cabaña de Nora era pequeña, tenia un pórtico techado, una estancia y dos cuartos, en uno tenia un equipo cubierto con tapas metálicas, unos gabinetes con medicinas y otras cosas que Esteban no pudo identificar. El otro lo utilizaba de recámara. La estancia la hacía de cocina, tenía una alacena y un pequeño comedor, además, tenía ahí a su computadora, enlazada con un celular a Internet sobre un escritorio rústico, y en el pórtico una mecedora de madera. La decoración aunque era muy sencilla, no carecía de un toque femenino delicado conseguido con flores que había recogido de los alrededores. Disponía de energía eléctrica gracias a la pequeña planta de luz que tenía la cabaña, y que le permitía hacer uso de un pequeño refrigerador y utilizar su equipo de investigación.
Se sentaron en las escalerillas del pórtico a descansar y entonces Esteban le pregunto a ella:
-- ¿Y tu familia Nora?, ¿Tienes familia?.
--Si, claro, mi mamá vive en México y ahora yo vivo con ella normalmente. Tengo un hermano más chico que yo. Papá murió hace tres años.
--¿ Y tú? .
--Bueno yo tengo dos hermanas, una mayor y otra mas chica que yo, las dos están casadas muy bien, pero mis papás murieron cuando yo tenía tres años de haber terminado la carrera y tuve que trabajar muy duro para sacar adelante a la menor. Ahora eso ya esta resuelto y me puedo dedicar a mí... Oye Nora --le dijo con lentitud.
-- No puedo quitarme del pensamiento el beso que nos dimos hoy en la mañana, ¿y tú?.
--Yo tampoco-dijo ella, al mismo tiempo que acercó sus labios a la cara de Esteban.
Y él volvió a besarla. La primera sensación que tuvo fué de ternura, pero al prolongarse el beso, esta sensación fué cambiando a algo que parecía amor y luego... luego hablaron las hormonas, el beso se tornó apasionado, casi furioso, desesperado, Esteban dejó escapar la presión retenida por la falta de amor y de sexo de tantos años, y ella no se quedó atrás. Se levantaron de las escaleras y entraron ansiosos a la cabaña y a la recámara de Nora.
Esa tarde, las guacamayas aprendieron nuevos gritos, los jaguares nuevos rugidos y el río nuevos murmullos.
Un amor muy intenso y rápido se había apoderado de él. El corazón le daba saltos y pensaba después del primer trance amoroso, recostado en la cama con Nora a su lado:
--"Tuvo que haber pasado la casualidad de hallarnos en el Sumidero al mismo tiempo para que nos encontráramos dos seres humanos ordinarios como nosotros, pero que estabamos predestinados el uno al otro".
Luego se entregaron el cuerpo sin recatos timoratos y disfrutaron de sí mismos toda esa tarde y hasta el día siguiente.
¿Como habría de pensar Esteban? Si estaba en las nubes, que ese amor del que estaba gozando lo llevaría hasta la situación en la que se enfrenta a la vida con la muerte, al conocer con el ser y a la ciencia con el amor. Si cegado por el que sentía por ella estaba listo para entregar hasta su alma al diablo para conservarla y no dejar ir lo que acababa de encontrar. Nora se había metido en su mente y en su corazón como el agua en la arena del desierto cuando de casualidad le llueve.
Luego de aquellas maravillosas tarde y noche para ambos, en la mañana Esteban se levantó y mientras Nora todavía estaba dormida, le dejó un pequeño mensaje en una libreta que encontró en el escritorio:
" Voy a la cabaña de Carlos a decirle que no se preocupe, que estoy aquí contigo, regreso al mediodía.
Esteban"
Y se fué a la cabaña de Carlos.
Regresó tal como lo había dicho. Ella lo estaba esperando:
--¿Cómo te fué con Carlos?.
--Bien-contesto Esteban, --me preguntaron los dos , como era obvio, porque no vine dormir anoche y yo les explique que nos habíamos enamorado rápidamente y que ya no quisimos separarnos. Les dió mucho gusto y me mandaron saludarte.
--Me da mucha pena, ¿no pudiste decirles otra cosa?.
--Vamos, no seas tímida, ya somos adultos- dijo Esteban.
-- Sí, tienes razón-contestó ella.
-- Son muy agradable los dos-Añadió.
--¿Y sus hijos?.
-- Agarraron dos iguanas y quieren llevárselas de mascotas a México.
Nora le dijo algo contrariada:
-- Espero que no lo hagan, porque esos animales no sobrevivirían fuera de aquí, y si los agarra Ecología se van a ver en problemas.
-- Se los dije, y Carlos se quedó tratando de convencerlos de no llevárselas.
Pasaron a la estancia en donde Nora ya había preparado comida para ambos.
Comieron tranquilos, acariciándose las manos cuantas veces el cuchillo y el tenedor se los permitían. Terminaron con un café negro, y fué Esteban quien inició esa plática que lo llevaría a los acontecimientos que en seguida les narro.
--Dime Nora, ¿Qué es esa investigación que estas haciendo acá? Aquí no hay laboratorios ni gente de la ciudad ni nada, solo la selva, el río y algunos indios lugareños.
Nora le contestó:
--Mira Esteban, esta investigación la he llevado a cabo con algo de reserva porque estoy tocando un asunto que la poca gente de por acá considera muy privado y religioso, y si esto se conociera más, probablemente no podría seguir adelante ó los indios de aquí me correrían por meterme con sus asuntos.
--Recuerda que soy psicóloga además de médico, tengo también un posgrado en antropología y conozco las cosas que pueden suceder si no respetas las creencias de esta gente.
--Bueno ¿y de que se trata?.
Insistió Esteban.
--¿Haces un estudio de las religiones precolombinas o algo así? .
--No precisamente-- dijo ella.
--Estoy estudiando las costumbres de aquí, particularmente estoy interesada en un lugar, una cueva que los indios consideran sagrada, a la que solo su chaman tiene acceso.
--¿Su chaman?-- preguntó Esteban.
--Yo creía que esta gente era mas que nada católica y que ese tipo de creencias ya habían desaparecido.
--Sí-- le dijo ella.
--Pero hay un grupo en particular que ha resistido los embates de la religión occidental y aunque por fuera parecen ser católicos mezclados con algo de paganismo precolombino, en realidad, solo lo hacen para mantener fuera a los curiosos como tú y yo.
-- Son los lacones, un grupo muy pequeño y prácticamente desconocido de indios que yo descubrí y en cuyo círculo estrecho logré penetrar hace seis meses.
--Y ya que lograste penetrar en ese grupo, ¿qué papel te han asignado ellos?¿ Eres la bruja blanca, la mujer doctora ó qué?.
--Bueno mira, yo como médico me auxilié un poco con antibióticos cuando surgió un brote de gastroenteritis entre los pocos niños lacones que hay. Ellos se aliviaron, su chaman (que también es el jefe) se puso contento, me felicitó y ya con esto se inició el desarrollo de su confianza, para que después me platicara algunos de sus secretos, entre ellos el de la cueva.
Durante varios meses los ayudé con su salud y hasta asistí a una parturienta con problemas. Nunca habían visto una videograbadora ni sabían que existía algo así, cosa que los maravilló muchísimo cuando vieron su propia imagen grabada.
--¿Qué secretos? . Mujer, platica que ya me tienes intrigado con este asunto de la cueva.
--le preguntó Esteban.
--¿Qué lengua hablan?, ¿Cómo te comunicas con ellos?.
--Hablan una mezcla de maya y náhuatl entre sí, pero también hablan español, aunque mal, hasta ahora, solo he podido entrar a la cueva una vez pues está en un lugar muy difícil de alcanzar, pero te diré que lo que ahí ví me dejó con la boca abierta.
--¿Qué era mujer? ¡Habla!.
Esteban era más que nada, un científico. Lo extraño del tema de la plática lo tenía en ascuas y su curiosidad científica lo llevaba a querer participar de un acontecimiento que aunque no sabía de que se trataba, estaba seguro que contenía algo que valía la pena investigar.
Y aquí está Esteban, metiéndose poco a poco en un asunto que no le corresponde por causa de haberse enamorado de Nora. Y a esta llevándolo hacia allá, no solo porque él le gustaba mucho, sino porque necesitaba su ayuda desesperadamente.
Nora continuó:
-- La cueva está a unos treinta kilómetros de aquí, en un paraje rocoso, ó creo recordar que en un cerro pequeño que tiene la forma de un medio huevo parado. Para llegar ahí tienes que hacerlo a pié, pues no hay manera de que el Jeep entre. Lo más que te puedes acercar en él son unos 10 kilómetros, lo que sigue de ahí en adelante es solo selva y agua.
--Necesito que me ayudes a llegar ahí. Yo puedo llegar sola, pero no puedo cargar todo la comida y el equipo que necesito para investigar más a fondo el lugar y lo que tiene adentro.
--¿Qué dices, vienes conmigo?.
Era como preguntarle a un pez si quería vivir en al agua.
--¿Claro que sí, cuando vamos? ¿Qué hay adentro?, ¡Dime!.
Ella siguió adelante:
Podemos irnos mañana en la mañana y para en la noche estaremos ahí. En cuanto a lo que hay adentro solo te diré por ahora que es un objeto ó algo así, esférico o semiesférico, parece duro y emite unas luces que definitivamente no son eléctricas; hay también una especie de litera o cama, pero, ¿para que te platico más?. Tú ya lo verás, y como eres doctor en Ciencias me podrás ayudar a tener una buena idea de lo que se trata.
Al día siguiente, después de otra noche de romance y de liberación de hormonas, se levantaron temprano, y luego de desayunar abundantemente, subieron la vereda con dos mochilas, unas cosas de Nora, comida enlatada y cargaron el Jeep.
Nora le pidió a Esteban que llenara el tanque con gasolina que tenía en un tambor y empezó a acomodar sus cosas.
--¿Qué llevas ahí?.
Preguntó Esteban, viendo lo que ella ponía en el Jeep.
--Comida en latas, un electroencefalograma, un electrocardiograma y una cámara de video que funcionan con baterías, suero anticrotálico, jeringas y una pistola.
--¿Qué?.
--¿Para qué quieres una pistola al investigar?
--Mira-- dijo Nora, -- Cuando vas a caminar diez kilómetros por la selva en donde casi nadie a pisado antes, te encuentras con muchos bichos raros, y no quiero que nos veamos en una situación peligrosa sin llevar alguna protección.
--Está bien, está bien-- dijo él, -- pero me vas a permitir que yo la lleve, si no mi masculinidad se verá seriamente afectada.
Nora se rió a carcajadas y se la dió. Era una pequeña escuadra 0.380 algo vieja y con solo dos balas en el cargador y una en la recámara.
--Y el equipo médico, ¿Para que es?.
--Mira-- le dijo ella, --necesito hacer unas pruebas allá que son fundamentales para mi investigación y para eso lo traigo.
--Pero oye, el electrocardiograma y el electroencefalograma que llevas se les ponen a las personas ¿a quién se los vas a poner?, ¿A ti o a mí?.
--No hombre, mira: necesito saber la influencia en la mente de las personas de esa cosa que ví, pues creo que tiene algo que ver con los estados alterados de la conciencia y quiero que tú los manejes mientras que yo lo experimento.
--Mujer, me está dando cuidado lo que dices; ¿Estás segura que no significa algún riesgo para nosotros?, pués según me dijiste, vamos a estar muy lejos de cualquier auxilio.
--No te preocupes-- contestó ella, --prometo que en ningún momento permitiré que algo que no pueda controlar, suceda. Te lo digo como médico, ¿ok?.
--Si tú lo dices, yo lo creo. - le dijo.
Y le dió un beso en la mejilla.
Partieron de ahí con Nora en el volante. El camino que siguieron era al principio relativamente fácil, pero a medida que avanzaban hacia el Este, la vegetación les fué cerrando el paso. Nora se guiaba primero, por la brecha que ya había recorrido una vez antes, y luego por las piedras que había ido dejando amontonadas cada 100 metros en esa primera ocasión cuando vino con el chaman, y ya de regreso a su cabaña. A este, no le había preocupado que ella marcara el camino, pues sabía que un par de semanas la selva las escondería, pero Nora más lista que él, orientó las piedras de tal modo que cada montón le dijera en que dirección estaba el de atrás. Así es como pudo seguir la huella inversa del camino yendo hacia la cueva. Aunque un poco lento, la guía de las piedras era segura.
Por fin llegaron hasta un punto en donde el Jeep ya no pudo seguir, se bajaron de él y cargando las mochilas, las cantimploras, y todo los demás, iniciaron la marcha hacia la espesura.
Iban bien preparados para la jornada, pantalones de mezclilla, botas de excursionista, camisas de manga larga, gorras, cuchillos, y todo lo necesario para pasar unos días en la selva.
Caminaron unos seis kilómetros en aquel océano de verdura interrumpido de vez en cuando por el rojo y el violeta de unas flores muy grandes que colgaban de los árboles. Habían avanzado con dificultad, abriéndose camino a machetazos cortando las ramas bajas, los carrizos y buscando las señales que Nora había dejado, cuando llegaron a un claro que se habría en la selva en el que había unos hormigueros no muy grandes y que permitía ver hacia delante hasta a unos treinta metros de distancia. Del otro lado del claro se veía pasar un arroyo y en él una fosa que acumulaba agua. Se dirigían hacia allá para llenar sus cantimploras, cuando una sombra sigilosa se les adelantó. Se detuvieron para observar que era esa sombra, y con el aliento agitado por la caminata y la sorpresa vieron al animal. Era hermoso, grande y majestuoso. Su piel amarilla, moteada en negro, brillaba con los pocos rayos de luz que le daban en el lomo. El jaguar se acercó lentamente a la fosa a beber agua. La fiera ya los había notado, pero sabiéndose dueño y señor de aquella selva volteó a verlos antes de beber y emitió un gruñido de advertencia y de desprecio por aquellos extraños y luego, bebió con lentitud.
Esperaron a que aquel jaguar apagara su sed. Y cuando lo hacían Nora giró la cabeza y le dijo alarmada a Esteban en voz alta...
-- ¡Saca la pistola, otro jaguar viene atrás de nosotros!.
Esteban volteó rápidamente y vió que otro animal se les venía encima. Era más grande que el primero, y Esteban apenas alcanzó a notar al momento de su violento y feroz ataque, que en la frente tenía una mancha negra y grande que semejaba un tercer ojo.
Apenas tuvo tiempo de sacar la pistola y disparó dos tiros hacia el animal que los atacaba como si fuera el demonio mismo. Falló ambos, pero el ruido de los disparos fué suficientemente alto como para que la fiera frenara su ataque y se detuviera dudosa. Él, le hizo un tercer disparo, procurando esta vez apuntarle mejor, sin embargo, el tiro resultó alto por suerte para el jaguar, y este, salió corriendo, perdiéndose y escondiéndose en la espesura. Los dos viajeros se volvieron a mirar hacia el arroyo, pero el primer jaguar ya no estaba ahí.
--Vamos a esperar un poco a ver si ya se fueron-dijo Nora.
--Sí - la apoyó Esteban, y se quedaron en silencio por un rato tratando de comprobar que el silencio les indicara que los dos animales se habían ido.
Así pasaron unos cinco minutos al cabo de los cuales Esteban dijo:
--Creo que ya se fueron, vamos a llenar las cantimploras.
Se acercaron al arroyo y todavía con cierto temor, las llenaron.
Continuaron su camino por la selva por varias horas mas, hablando generalidades y con ratos de silencio interrumpidos por los ruidos de las guacamayas y el chapoteo de algunos pequeños pantanos y arroyos. Después de varios intervalos de descanso y búsqueda de las señales de Nora por fin llegaron al lugar que habían estado buscando.
El lugar estaba en un claro de la selva de unos 200 metros de radio, rodeado por ébanos, cedros y otros arboles muy frondosos y altos. No era realmente un cerro como Nora le había dicho a Esteban, era una gran roca en el centro del área que efectivamente tenía la forma de medio huevo, con la parte mas angosta hacia arriba. Toda, era una sola roca, con algunas fisuras obscuras y cubierta en algunas partes con un musgo color café verdusco y algunas plantas altas tupidas con hojas muy pequeñas.
La exploraron alrededor buscando la entrada a la cueva, lo cual hicieron más ó menos rápidamente, pues la roca tenía unos cuarenta ó cincuenta metros de diámetro y otros tantos de altura. Ya para esa hora, el día estaba terminando y no podían hacer mas, así es que decidieron descansar, cenar y dormir para empezar de nuevo al día siguiente. Así lo hicieron, pero en esta ocasión el cansancio era tanto que hasta las hormonas se fueron a dormir. Se acostaron junto a la roca dejando al fuego encendido para alejar a algún animal curioso o peligroso y para poder ver si algún bicho venenoso se les acercaba.
La noche cayó sobre ellos poco a poco. El silencio se hizo imponente en la roca, los animales parecían temer aquel lugar pues no se oía a ninguno.
Despertaron al salir el Sol. Se salieron de sus bolsas para dormir y se dirigieron hacia un ojo de agua que habían visto el día anterior próximo al lugar, hicieron sus necesidades matutinas y se lavaron.
Luego se dispusieron a desayunar algo, reavivaron el fuego de la noche y lo hicieron.
Terminado el desayuno de huevos revueltos que hizo Nora y el café que hizo él, empacaron las cosas y se dispusieron a buscar la cueva de nuevo.
--¿Cómo hallaremos la entrada?- preguntó Nora.
--¿Qué recuerdas de ella?-- Le preguntó a su vez Esteban.
--Era un agujero de unos tres metros de diámetro en la base de la roca y creo recordar que el sol le daba de frente.
-- ¿Cómo a que horas entraron?- preguntó él.
-- Como a esta hora también... Ah, entonces debe dar frente al Oriente-recapacitó Nora.
--Vamos, debe estar del otro lado.
Y hacia allá se dirigieron.
Después de buscar un rato, Esteban apartó unas ramas de las pocas plantas que allí había y encontró lo que parecía ser la entrada de la cueva.
--Nora ven... parece que encontré algo, creo que es la cueva-le gritó.
Ella acudió de prisa y dijo:
--Sí, esta es, ya la hallamos, vamos a limpiar bien la entrada.
Con los machetes hicieron el trabajo descubriendo el agujero. Era la entrada a la cueva un agujero semicircular de unos tres metros de diámetro. Penetraba en la roca horizontalmente y no era absolutamente obscuro. Nora y Esteban prepararon sus lámparas de carburo, dejaron en la entrada sus cosas y excepto por la pistola al cinto, agua para beber y las lámparas, no llevaban nada más.
Esteban iba al frente, después de caminar unos veinte metros a lo largo de la cueva, el agujero empezó a descender bruscamente y a girar a su derecha y a la izquierda en sucesión. Luego de otro trecho, el camino en la piedra dejó de descender y de torcerse, y se empezó a notar una claridad que venía desde el interior. Vieron por fin, a una "sala " si podemos llamarla así, que estaba según él estimó, a un nivel mas bajo que la superficie exterior. Una luz bastante clara la iluminaba inexplicablemente para Esteban, hasta que este no vió que la luz provenía de un gran agujero en la parte superior de la sala. De hecho, estaban en el mero centro de la roca aunque mas abajo, y la luz que iluminaba el lugar era nada menos que la luz del día desde arriba. La roca era hueca en su mayor parte.
El agujero era tan grande que el Sol podía iluminar indirectamente el lugar sin necesidad de lámparas por lo menos durante unas cinco horas del día.
Esteban se sentó a mirar el lugar mientras Nora buscaba algo con la mirada atenta e inquisitiva.
La sala era una bóveda muy alta, amplia y simétrica, sin detalles interiores salvo la llegada del túnel desde afuera. Estaba limpia, pues toda ella era de pura roca y no había vegetación de ningún tipo.
--Allí, Allí está-gritó Nora muy excitada.
Esteban dirigió la vista hacia donde ella señalaba y miró algo que no pudo entender con claridad que forma tenía. Se acercaron a eso y lo miraron asombrados.
No era una cosa, o una sola cosa, era mas bien un aparato que parecía a primera vista una mesa de billar, pero sin patas y más grande. Estaba situado en un nicho en la roca que al principio no se había notado. En un extremo de la mesa (así le llamaron) y sobre ella, estaban montados esos objetos que Nora había visto cuando vino con el chaman, eran dos semiesferas de unos treinta centímetros de radio que estaban una frente a la otra dejando entre sí un espacio de otros treinta centímetros aproximadamente. Esteban se acercó a las semiesferas y pudo comprobar que mas que semiesferas, eran dos parábolas de revolución, la mesa era de un material que parecía plástico, color gris y marrón. Le pareció que más que una mesa semejaba una cama, ya que en el lugar entre las dos parábolas había un saliente que podría perfectamente acomodar una nuca, grande, como si fuera una almohada.
Las dos semiesferas estaban hechas con un material que parecía metálico, y era duro como le había dicho Nora. Estaban sujetas a la mesa directamente por su canto y sin que mediara ninguna clase de tornillo o algo semejante. A un lado de la mesa había unos dispositivos que parecían controles de volumen de un radio pues comprobaron que eran giratorios, tenían unas marcas que parecían corresponder con otras semejantes en la mesa. Esas marcas parecían alguna clase de símbolos imposible para ellos de descifrar.
--¿Qué te dije? -- dijo al fin Nora, no te dije que es para quedarse con la boca abierta viendo esta cosa.
--Aparato-la interrumpió Esteban.
--Esto no es solo una cosa, es un aparato-- insistió.
--Lo que sea, ¿que crees que haga este aparato aquí tan lejos de la civilización y en donde solamente los lacones y ahora nosotros sabemos de él?.
--No tengo la menor idea... Oye Nora. Cuándo viniste con el chaman aquí ¿qué fué lo que hicieron? ¿Qué te dijo ese hombre que era esto? ¿Qué explicación te dió?.
--Bueno, él me dijo que como yo estaba en contacto con sus dioses curando enfermedades que ellos no podían curar y hablando con el pasado, entonces él me iba a enseñar como se comunicaba con ellos y así es como me trajo...
Cuando llegamos aquí, me pidió que me sentara sin decir nada y que solo observara, se acostó en la mesa y puso la cabeza entre las dos cosas esas redondas, me dijo que su antecesor le había ordenado nunca poner las perillas en el mero extremo del giro pero no supo decir porque. Luego con la mano derecha, movió la primera perrilla esa de la mesa y creo que con la izquierda debió haber movido la otra del otro lado porque yo no lo pude ver desde donde estaba... El aparato hizo un sonido parecido a un silbido leve y en el interior de las dos esferas empezaron a formarse unas luces de color azul que iluminaron la cara y la cabeza de el chaman. Este se quedó como dormido por unos quince minutos, luego se apagaron las luces y el hombre se despertó y se levantó.
--Yo le pregunté que había pasado, y él me dijo que cuando se queda dormido es cuando se comunica con su otro si mismo y este otro si mismo le dice que es lo que debe hacer y que cosas que van a pasar.
--También me dijo que todos sus antecesores habían hecho lo mismo desde hacía tantos años que ninguno de ellos sabía quien había sido el primero.
--¿Y que es lo que tú quieres hacer? ¿Ponerte en el lugar del chaman, mover las perillitas y a ver que pasa?.
--¿No lo ves?- le dijo Nora.
--Este aparato lo puso aquí una tecnología muy avanzada, por lo que dijo el chaman debe ser algún tipo de dispositivo que permite alcanzar estados alterados de conciencia que quizás podamos controlar, ¿quién lo hizo?, quien sabe, ¿extraterrestres?, Patrañas, yo no creo en eso, pero espero que el mismo aparato nos dé la respuesta a estas cosas. Pero para saberlo hay que usarlo y arriesgarse.
--Espérame-protestó Esteban.
--Tú me prometiste que no haríamos nada peligroso y ahora quieres ponerte en esta mesa eléctrica, tu famoso chaman tenía práctica en esto, él ya había recibido enseñanza de otros y tú no sabes nada.
--Tienes razón Esteban, pero toda investigación trae consigo algo de riesgo y no vamos a repasar la historia de la ciencia para confirmarlo. Además, la recompensa de este descubrimiento puede llegar a ser fabulosa. Mira, te propongo lo siguiente: me pongo el encefalograma y el cardiograma, inicio la prueba en el rango mas bajo de las perillas, y si algo raro sucediera, tú regresas las perillas al inicio y me sacas. ¿Cómo la ves?.
--Y yo ¿como voy a saber sí algo raro te sucede con tu equipo?, yo no soy médico para saber cuando hay una bronca ó no, así es que me parece que no va por ahí mi chula.
le reclamó Esteban con cariño.
--Mira Nora- continuó Esteban.
--Esto es algo muy importante, tú eres médico y yo no, lo único que se me ocurre es que yo sea quien se suba a la chimistreta esta y seas tú quien vigile mi cerebro y mi corazón por si algo me pasa.
Nora calló, pensando en lo que Esteban le había dicho, se volteó a mirar a la mesa y luego cerró los ojos. Trataba de decidir si aceptaba lo que él le proponía ó posponía el asunto completamente hasta conseguir ayuda externa más completa.
Pensaba que si traía mas gente del exterior, y en el supuesto de que los convenciera de que la mesa existía, las consecuencias para los lacones sería desastrosa ya que toda su estructura social estaba soportada por lo que el chaman decía y este por el aparato, también le daba algo de temor el que Esteban se sometiera a su experimento, pero el temor residía mas que nada en que no sería ella quien observaría el resultado. Hacerlo ella estaría bien, a fin de cuentas era su investigación, pero Esteban tenía razón, sería más fácil controlarlo todo con él como sujeto de experimento y ella como médico de control.
--Vamos Nora-no hay otra salida-le apuro él.
-- Esta bien-- dijo ella.
-Vamos a hacerlo--.
Regresaron a la entrada, y trajeron su equipo médico y la cámara de video con la que luego tomaron película de todo el proceso. Para antes del mediodía ya estaban otra vez en la sala.
Esteban se subió a la mesa y se acostó como Nora le indicó. Ella le conectó los electrodos del corazón y los de la cabeza, mientras lo hacía Esteban preguntó:
--¿Qué esperas ver en el encefalograma?.
--Sucede esto Esteban - habló la científica.
--El cerebro al funcionar en diferentes estados como cuando estás despierto ó dormido, ó cuando estas desmayado e incluso cuando estas hipnotizado, genera pulsos eléctricos en forma de ondas que pueden ser leídas con el encefalograma. Se ha encontrado que para diferentes estados de la conciencia según el caso, se generan diferentes ondas cerebrales Estas ya han sido identificadas con claridad pues se distinguen unas de otras por la amplitud y la frecuencia que muestran en el encefalograma y por el estado psíquico de las personas.
--Si-dijo él mientras Nora continuaba poniéndole los electrodos.
--He leído algo de eso, sé que hay cuatro tipos principales de ondas.
-- Las beta-dijo ella.
-- Son las que se generan cuando uno esta despierto en la vida ordinaria, son las de más alta frecuencia y amplitud. Luego están las alfa, estas se producen en los estados de alta concentración y atención, cuando no piensas en nada y solo estás a la expectativa.
--Luego están las teta... ¡y no te rías bribón!... Estas son típicas del sueño. Y por último las delta, las de mas baja frecuencia, tienen entre medio y cuatro ciclos por segundo, son características de los estados subconscientes como los que alcanzan los monjes y budistas orientales.
-- Yo quiero saber que piensa y que tipo de ondas se generan en el cerebro de quién esta sometido a esta máquina, y también que le sucede a esa persona, no solo físicamente sino mentalmente.
--Ahora, entrando en detalles y por lo que ahora deduzco, el chaman movía dos perillas, una a la izquierda de la mesa y la otra a la derecha, pero no sé para que sean cada una, así es que lo único que podemos hacer es probar una cosa a la vez. Primero moveré la izquierda a la primera división y tu me dirás que pasa, luego dejándola ahí muevo la otra y vemos de nuevo y así seguimos hasta que podamos hallar un patrón de respuesta que nos permita definir que hacen cada una. Yo, claro voy a estar monitoreando los diagramas para estar segura que tú estas bien.
--¿Estás de acuerdo?.
--Adelante Nora, a ti me encomiendo con esto y que sea lo que Dios quiera-suspiró Esteban.
--¡Vamos, vamos!, yo cuidaré de ti mejor que de mí misma.-- No me arriesgaré a perderte de ninguna manera aún cuando tuviera que desbaratar esta cosa.
Esteban se acostó confiado en la mesa y puso la cabeza entre las dos parábolas ó semiesferas, extendió los brazos a su lado y esperó a que Nora procediera.
Nora se movió hacia el lado izquierdo de Esteban y giró la perilla apenas una división, volteó a ver a Esteban para ver como estaba. El estaba igual.
-- Dale Nora. -dijo.
--Ya lo hice-- dijo ella.
--¿Qué sentiste?.
--Nada-contestó él.
--Bueno, ahora voy a mover la de tú lado derecho.
--Okey-fué la respuesta.
Esta vez si pasó algo, por el lado interior de las semiesferas se notó la emisión de una luz que provenía del metal o lo que fuera de lo que estaban hechas estas. La luz era algo azulosa y su intensidad variaba a un ritmo casi constante. La luz le daba a Esteban en el cráneo mismo, iluminándolo levemente. Mientras un leve silbido se escuchaba proveniente de la mesa, Esteban cerró los ojos.
Nora volteó a ver sus aparatos y anotó las lecturas de la frecuencia de las ondas cerebrales:
una mezcla de ondas beta y teta, no hay señales de ondas delta ni alfa
fb 14cps
ft 5 cps
rc 55 lpm normal
Con esto quería decir:
frecuencia beta 14 ciclos por segundo
frecuencia teta 5 ciclos por segundo
ritmo cardiaco 55 latidos por minuto. Forma :normal
Nada cambió en los siguientes minutos, transcurrieron unos ocho de ellos y repentinamente la máquina se apagó por si misma. Esteban abrió los ojos y preguntó:
--¿Ya?.
--Ya-contesto ella, y en seguida:
--¿Qué sentiste?.
--Nada, absolutamente nada, solo me quede dormido y con la misma facilidad con la que me dormí así me desperté. Como si solo hubiera cerrado los ojos e inmediatamente los hubiera abierto, solo que la sensación de que el tiempo pasó no desapareció.
Nora : --estuviste dormido 8 minutos y 13 segundos.
--Vaya. Y ahora ¿qué sigue?- preguntó Esteban.
--Nora: probaremos ahora dejando la derecha en donde está y moviendo a la izquierda una división mas.
Al hacerlo notó que las dos perillas habían regresado solas a su posición original. Esteban volvió a acomodarse y Nora movió la perilla izquierda hasta la segunda división y la derecha a la primera. De nuevo las luces azules, el zumbido y Esteban dormido.
Esta vez el tiempo que Esteban estuvo dormido y la máquina funcionando fué mas largo, a los 16 minutos y 26 segundos se despertó.
--¿Qué sentiste ahora?- Preguntó Nora ansiosa.
Esteban: --lo mismo que la vez pasada ¿cuánto tiempo estuve dormido ahora?.
--Exactamente el doble de la vez anterior-dijo ella.
--Ah... entonces la perilla izquierda podría ser la que controla el tiempo del proceso y cada división de ella es un múltiplo de 493 segundos-dijo él.
--Sí, parece ser que es así... entonces la derecha debe controlar la intensidad del proceso y es con esta con la que hay que tener mas cuidado.
--¿ Y los diagramas?- preguntó él de nuevo.
--Igual que la vez anterior, sin cambios.
--Oye Nora, ¿no se te hace raro que esta máquina funcione sin una fuente de energía visible de ningún tipo?, ¿No crees que debiéramos tratar de ver que contiene adentro y de donde y cómo se generan esas luces azules que se ven en las esferas?.
--Casi estoy de acuerdo contigo Esteban, pero como tú mismo lo puedes ver, esta cosa no tiene ni un solo tornillo, parece como si la hubieran hecho de una sola pieza, como a una escultura. Mientras estabas dormido me puse a revisarla y no le hallé tornillos ni partes por ningún lado salvo las dos perillas. Además, no nos conviene revisarla ahora, no vaya a ser que la descompongamos y echemos todo a perder.
--Bueno. ¿En donde estamos hasta ahora? Preguntó él, y contestándose a sí mismo dijo:
--Parece que solo hemos averiguado para que sirven las dos perillas, pero no sabemos hasta donde nos pueda llevar este experimento. Tenemos que seguir probando.
--Hay en la perilla derecha cuatro posiciones posibles y hasta ahora solo hemos probado la primera y no ha pasado nada salvo que te dormiste Esteban.
--Tenemos que ir mas arriba Nora, ponme en la segunda posición de la derecha y en la tercera de la izquierda, veremos que pasa.
Se volvió a recostar en la mesa en la posición normal, cerró los ojos y esperó que Nora efectuara los movimientos.
La luz azul subió en intensidad y la oscilación bajó en la frecuencia, Nora observó que la frecuencia cardiaca de Esteban bajó a 45 lps y se empezaron a mostrar las ondas alfa.
El empezó a soñar, sueños que suelen ser ordinarios para cualquier persona normal. Soñó que en la casa que tenían sus papás cuando él era un niño había un muro que la rodeaba, pero el muro era transparente y él podía ver lo que pasaba afuera de ese muro. Ahí afuera pasaban repetidamente unas personas que nunca había conocido pero que siempre vestían ropa a la usanza de la época de Cristo.
Luego empezó a soñar en Nora, soñaba que ella era una viejita que lo peinaba al mismo tiempo que le cantaba una canción en un idioma que no entendía. Luego continuó soñando pero esta vez entró en una pesadilla. El tenía que pasar por un llano con algunos árboles pequeños y cuando estaba caminando por ahí para cruzarlo se vió atacado de pronto por tres leones con melena negra, corría tan rápido como podía, pero sus piernas no le respondían y fué alcanzado por los leones que lo empezaron a devorar vivo.
--Sácame de aquí Nora-pensaba.
--Sácame por favor.
Su angustia y terror eran extraordinarios, pues de este sueño no podía despertar como en las pesadillas normales. Y entonces se dió cuenta de algo, mientras los leones se lo comían en el sueño, él era su propio espectador y se dió cuenta que sabía que estaba soñando y al hacerlo sus temores desaparecieron de inmediato. Ya no fué solamente parte del sueño, fué también el espectador del mismo. Luego habiéndose dado cuenta de esto, ya que era consciente de que estaba soñando, deseó que esa escena de los leones devorándolo desapareciera, y en ese mismo instante la escena desapareció. Luego deseó soñar con Nora y lo hizo tal como. Deseó soñar que era suya de nuevo y lo consiguió. Y era tan real la sensación del sueño que casi podía tocarla y olerla como en la realidad física. Todo esto sucedía para él a la velocidad normal que tendrían estos acontecimientos en el mundo físico. Se dio cuenta aún estando dormido que no solo era consciente de que soñaba, sino que, además, tenía control sobre sus sueños.
De repente, todo se acabó, despertó en la mesa y en la cueva con la Nora real y se quedó mudo del impacto que aquel acontecimiento le dejó.
--Esteban, Esteban, ¿Cómo estas?, ¿Cómo te sientes?-- Le preguntó asustada un poco Nora.
-- Estoy bien Nora, solo me quedé pensando en lo que sucedió durante el sueño.
--¿Qué pasó? ...dímelo.
El se enderezó y sentado en la orilla de la mesa le narró tan bien como pudo recordar los acontecimientos de sus sueños y también lo mas importante de todo, el control que tuvo sobre ellos.
--Eso es lo que se llama un sueño lúcido Esteban, algunas personas especiales tienen esa capacidad, capacidad que en alguna de esa misma gente ha significado su destrucción como personas normales de la sociedad.
--¿Porqué? ¿Qué quieres decir?.
--Pues como esas personas pueden vivir en sus sueños todo lo que quieran imaginarse y desear, con una sensación tan real de ellos como la realidad física misma, entonces prefieren vivir en esa ficción creada mas que en la realidad externa y en consecuencia acaban rechazando a esta última hasta el grado de que no vuelven a despertar y se quedan en un estado catatónico del que no los saca nada sino un dolor físico muy intenso ó la muerte.
--¡A la fregada!, menos mal que esta máquina te saca de ahí aunque no quieras, si no quien sabe que pasaría! - exclamó Esteban.
--Mira esta máquina puede ser muy peligrosa si no sabes como controlarla.
--No te preocupes,--- le dijo ella.
--Ya empiezo a captar como funciona y qué hace. Me parece que es una versión muy superior a esos aparatos que ya existen para inducir las ondas cerebrales, esos que se venden mucho en España para inducir las ondas alfa, los que se llaman de biofeedback. ¿Por qué creo esto? Mira... y le enseño las gráficas del encefalograma.
-- Tus ondas alfa con una frecuencia de 7 cps se manifestaron mezcladas con las teta cuando estabas soñando eso, creo que las luces azules y muy probablemente campos eléctricos variables en las semiesferas, generen estos estados alterados por inducción, en la conciencia. ¿Me pregunto? ¿Hasta donde llevarán las otras posiciones de la perilla derecha?.
Y la curiosidad científica siguió predominando por encima de la prudencia.
Decidieron seguir adelante con el experimento, a Esteban lo motivaba mas que nada el ayudar a su querida Nora. Pensaba que sí le ayudaba bastante en lo que estaban haciendo, ella no podría dejar de amarlo y, además, a él también lo movían los hilos de la curiosidad, curiosidad científica y personal.
Ella por su parte, se Imaginaba los reconocimientos que tendría cuando informara al mundo exterior lo que había descubierto. Haría que la UNAM la financiara para transportar la mesa hasta México y.... momento, recapacitó ¿y los lacones? ¿Qué sería de ellos? . Bueno nada les va a pasar. Caviló
--Ni que comieran los sueños de el chaman, y, además, ¿que son unas cuantas mentes indígenas que se frustren porque su religión obsoleta desaparezca comparado con lo que el mundo podría descubrir con el aparato?. Y, además, no era la existencia misma del aparato un acontecimiento extraordinario. Bien valía todo la pena, no era hora de rajarse.
--Vamos, mi cielo-le dijo Esteban a Nora.
--Ya estamos metidos hasta la coronilla con esto, tenemos que llegar hasta el final.
Dicho esto, se trepó de nuevo en la mesa, se recostó en la posición de prueba, se reacomodó los alambres de los electrodos y esperó a que Nora hiciera lo suyo.
Nora movió las dos perillas a la tercera posición.
La primera sensación que tuvo fué como sí un viento muy fuerte pasara sobre él, como si estuviera en lo más fiero de un huracán. Luego sintió que su propio yo empezaba a reducirse de tamaño dentro de su cabeza, dejó de tener conciencia y sensaciones de su cuerpo al mismo tiempo que se iba concentrando, pero concentrando en el sentido estricto de la palabra, como sí al reducirse en tamaño también aumentara la densidad de su conciencia, de su yo. Luego, ese viento lo arrebató de su cuerpo, ya no estaba contenido dentro de él, flotaba sobre la escena contemplándose a si mismo, a su cuerpo y a Nora y todo lo que estaba en la cueva. El seguía siendo él, en eso nada había cambiado, no sentía que estuviera dormido sino que estaba bien consciente, todo era sumamente claro. Veía lo que Nora hacía, como graficaban los aparatos sus ondas cerebrales y su ritmo cardiaco. Notó que apareció una cuarta onda en el encefalograma y que tenía una amplitud y una frecuencia menores que las alfa que Nora le había enseñado antes. Su ritmo cardiaco bajó todavía mas, a 30 lps y su respiración se hizo mucho mas lenta. Notó la preocupación de Nora por eso y también que ella casi estuvo a punto de detener el asunto. Pero que luego se detuvo arrepentida.
Luego quiso saber que más podría hacer en ese estado y pensó en salir de la cueva, al instante en que lo deseó, se encontró de pronto afuera de ella. Podía ver el sol de mediodía directamente sin que le molestara para nada en los ojos. ¿Qué?. Se dió cuenta que el sol no lo podía molestar por la sencilla razón de que no tenía ojos. No obstante, sí era capaz de recibir las imágenes, los sonidos, los olores y todas las sensaciones normales de los cinco sentidos sin que tuviera órganos para experimentarlos. Habiéndose dado cuenta de que pudo salir de la cueva con solo desearlo, deseó ir hasta la casa de su hermana la menor y ver que estaba haciendo. Instantáneamente se sintió transportado allá, la observó preparando la comida en la cocina, estaba preparando una ensalada mientras algo estaba en la estufa. Asombrado de esa capacidad recién descubierta o mejor dicho inducida, decidió probar mas lejos. Pensó : quiero ir a el espacio exterior y ver la Tierra como la ven los astronautas. Y allá fué inmediatamente. Desde arriba podía ver la esfera azul y marrón, observó las nubes que estaban acá y allá, distinguía las costas de cualquier país que quisiera, contempló a la Tierra en la parte en que es de día y en la parte que es de noche, contempló los relámpagos de varias tormentas sobre Europa, la belleza de un huracán en el Caribe Mexicano y las luces de las grandes ciudades en la noche.
Luego volteó hacia atrás, se quedó absorto con el espectáculo, un espectáculo jamas contemplado por humano alguno con esa claridad. Vió el cielo estrellado sin que le estorbara nada para hacerlo, con prístina claridad distinguió la Vía Láctea, las Constelaciones y los planetas mayores, Júpiter brillaba en todo su esplendor, y Marte lo invitaba a visitarlo. Allá fué a dar el yo de Esteban. Visitó sus profundos cañones y elevadas montañas, sus casquetes polares y sus cavernas interiores. Lo encontró aburrido y decidió continuar mas allá. Se pregunto:
--¿Hasta donde podría llegar deseándolo?----¿A dónde iría si pudiera?.
Miró hacia una dirección sin significado especial y su visión o lo que eso fuera se cruzó con la nebulosa de Orión.
--Orión, ahí te voy-pensó ó mas que pensar, fué, porque en ese estado ya había caído en la cuenta de que no se piensa, pues el pensar es una función cerebral y él no tenía nada material consigo, en lugar de pensamientos, él era el pensamiento mismo, no había una diferencia entre el ser pensante y los pensamientos, los dos eran la misma cosa, y no solo eso, también con los sentimientos como el temor y el asombro pasaba igual, de tal modo que todo él era una sola cosa, carecía de partes, nunca antes fué él tan él como cuando estaba en ese estado.
De nuevo, se encontró frente a la Nebulosa con la misma facilidad con que había salido de la cueva. La nebulosa brillaba con sus colores rojizos y azules en todo su esplendor, en su interior miles de estrellas se apretaban e irradiaban sus colores, que iban desde el rojo sangre hasta el azul blanquecino. Estaba anonadado por el espectáculo, si tuviera ojos hubiera llorado de felicidad.
Luego despertó, el tiempo marcado por las perillas ya había transcurrido. Abrió los ojos y dijo calladamente: ¡Bendito Dios!.
--Dime pronto ¿qué pasó? Cuéntame-lo apuró Nora.
--Déjame levantarme y tomar algo de agua. Mientras te platico.
Sin separase de la mesa para no desconectar los electrodos tomó el agua que Nora le dió en la cantimplora, terminó de beber y le contó lo sucedido con todos los pormenores que pudo recordar.
Ella estaba maravillada, ni por asomo se hubiera imaginado lo que podía hacer esta máquina. Era una autentica máquina para efectuar "efc".
--¿Sabes que es esto? - le preguntó a él.
--No estoy seguro de nada, solo sé lo que te acabo de contar.
--La máquina te produjo una experiencia artificial fuera del cuerpo -le dijo.
--Es algo que se cree que solo ha estado en la imaginación de los místicos o en algunas personas pertenecientes a sociedades secretas esotéricas. Nunca ha sido probado científicamente que eso sea posible. Se habla mucho de eso pero nunca, oye bien, nunca, se ha probado experimentalmente que sea un hecho científico, y ahora nosotros estamos en el umbral de hacerlo. La trascendencia de esto será extraordinaria. El hecho, la prueba de que la conciencia se pueda separar del cuerpo implica la alta probabilidad, casi la seguridad de que el ser humano tenga alma, alma que no muere al morir el cuerpo. Y si todo eso es cierto, de ahí, a probar científicamente que Dios existe hay solo un pequeño salto. La trascendencia para la humanidad sería tal, que este paradigma cambiaría todas, absolutamente todas las concepciones de la ciencia.
--Lo entiendo-dijo Esteban.
--Lo entiendo muy bien. Pero, ¿Qué tal si todo resulta ser solo un estímulo poderoso a la imaginación y no sea realmente cierto?.... Necesitamos probar que es cierto, que no sea lo que yo te platico la prueba que buscas. Necesitamos diseñar un experimento que no nos deje lugar a dudas.
--Sí, tienes razón-contesto ella, y en seguida:
--Lo primero que quiero hacer, es someterme yo misma a la mesa, y quince minutos después cuando esté en ese estado al que llamaré "estado efc", tú iras al exterior de la cueva fuera de mi vista y mis oídos, pondrás a trabajar la cámara de video con dirección a la selva para que grabe algún acontecimiento, aunque no sea notable, y yo al despertar como habré estado allí podré decir de que se trata. Lo que corroboraremos con la cámara. Como tú no estarás presente, de este modo eliminaremos cualquier efecto de transmisión de pensamiento entre tú y yo, pues la prueba será con algo que no tiene conciencia como la cámara.
Esteban le ayudó a conectarse los electrodos de los dos equipos médicos, ella se acostó, cerró los ojos y esperó a que él moviera las perillas. Esteban las movió hasta la tercera posición y luego se puso a observar las gráficas. En pocos segundos el ritmo cardiaco de Nora bajó a 35 lpm y se empezaron a generar las ondas alfa y las delta.
Espero los quince minutos que habían acordado y salió al exterior de la cueva. Puso a trabajar la cámara dirigiéndola a unos arboles cercanos y se regresó al interior.
A los 24 minutos y 39 segundos después de que inició la prueba, Nora despertó.
Abrió los ojos y se quedó con la mirada viendo al vacío. Estuvo así un minuto ó dos y luego volteó a verlo.
--¡Fui mas lejos Esteban, no solo hice lo que tú yendo a lo más grande sino que, además, me fuí a lo mas pequeño!. Penetré en el mundo de lo pequeño, en el mundo de los átomos y de los electrones. No podría interpretar de ningún modo lo que vi, yo no soy físico como tú, pero sí te lo puedo describir. Deseé ver un átomo de carbono y cuando lo hice me sentí transportada a un mundo de absoluta obscuridad, en ese mundo obscuro flotaban unos remolinos de luz que no iluminaban a nada, como si fueran un foco que no tiene nada que alumbrar. Unos de ellos giraban en un sentido y otros en otro y unos alrededor de otros, a veces se revolvían sobre sí mismos e invertían su giro. De vez en cuando, de los remolinos salían unas figuras que parecían unas bandas que golpeaban a algún otro y este respondía emitiendo a su vez otra banda. Era increíble créeme, pero eso no fue lo mejor. Por alguna razón desconocida, estando ahí desee ver a mi papá y de pronto me vi frente a una escena que ya había olvidado con él. Vi cuando yo tenía 7 años de edad y él me llevó a una feria. Me subió a los caballitos y luego me compró un algodón, vi cuando un muchacho maloso pasó corriendo a mi lado y tumbó mi algodón sin detenerse. Yo me puse a llorar y él me consoló y me compró otro.
--Mira, lo que pasaba fue tan real que ví cosas que pasaron que yo no pude ver en ese momento cuando era niña. Por ejemplo, vi un choque entre una camioneta y un camión urbano a dos cuadras de donde estabamos. Pensé: estoy viendo el pasado tal cual fue y sí así es ¿Podré ver el futuro también?. Iba a hacerlo cuando me acordé que tenía que hacer el experimento con la cámara y me dirigí hacia allá inmediatamente. Esta máquina no solo te permite la experiencia "efc", también te permite ver el pasado y quizás el futuro.
--Te puedo decir que es lo que grabó la cámara. Nada notable al principio, algunos pájaros rojos y amarillos cruzaron la escena en los primeros minutos y luego hubo una agitación muy intensa de ramas en la selva como si algún animal grande se hubiera peleado ahí.
--Esta bien-dijo Esteban.
--Déjame ir por la cámara y comprobaremos de una vez por todas si esto que nos ha pasado es una realidad o solo son sueños inducidos por la mesa.
Diciendo esto se dirigió de inmediato al exterior, recogió la cámara y regresó a donde estaba Nora. La pusieron a reproducir lo grabado, y vieron como unas guacamayas rojas y amarillas pasaron volando por el frente y minutos después, un agitado movimiento en las ramas de los arboles al fondo de la selva les confirmó lo que querían. La experiencia "efc" era absolutamente real.
--Nora, ya no me queda ninguna duda, la "efc" es real, pero no hemos comprobado todavía la capacidad de la mesa para que se pueda viajar por el tiempo. Es necesario otro experimento mas antes de terminar por hoy pues en unas dos horas más ya no habrá suficiente luz del día. Me pondrás los electrodos y me subiré de nuevo a la mesa, estando allá trataré de ver nuestro futuro inmediato aquí en la cueva, trataré de ver que es lo que tú vas a hacer en la próxima media hora, en las próximas horas, y luego que despierte lo escribiré en un papel. Así cuando hagas algo que yo haya escrito te lo enseñare y comprobaremos que sí se puede ver el futuro.
--De acuerdo-contestó ella.
--Y observa mi reloj para que sea mas preciso el experimento.
De nuevo Esteban se subió a la mesa y ella le conectó los electrodos de el encefalograma y el cardiograma. El cerró los ojos y esperó.
Unos segundos después ya estaba en estado "efc". Observó a Nora mirando las gráficas y pensó:
--¿Que será de la humanidad dentro de 1000 años?.
Miró a la Tierra desde arriba, todo parecía igual que la vez anterior, las nubes, las tormentas, las costas, pero... no hay luz en las ciudades en el lado nocturno. ¿Qué pasó?. Se acercó hasta las ciudades mismas, especialmente a la ciudad de Guadalajara. Todo estaba en ruinas, todavía había edificios y calles y todo lo que él conocía, pero no había gente o casi nadie. Solo algunas personas todas garrientas y sucias deambulaban por los restos de lo que una vez fué la perla de Jalisco. ¿En donde está la gente? ¿Que pasó con la gente?. Luego, fue transportado a un planeta distinto a la Tierra y con mucha agua y mucha vegetación como él sabía que era la Tierra. Contempló ciudades hermosas, con arquitectura desconocida para él, brillaban las paredes de los edificios por si mismos en la noche, en una noche alumbrada por dos lunas. Vió la gente de esas ciudades, eran gente como uno, como cualquiera pero notó unas características físicas de esa gente algo distintas a los seres humanos actuales. Eran más pequeños y delgados, hasta mas hermosos. Hablaban una mezcla de lenguas entre el inglés el español y otro idioma que le pareció japonés.
El lado diurno de ese planeta estaba alumbrado por un sol amarillo también y que era igual al Sol nuestro. Solo que parecía estar mas lejano. Vio como la gente viajaba a otros planetas sentados en unas esferas en las que cabrían hasta 30 personas. Las esferas se elevaban del suelo con toda la gente adentro y a una velocidad altísima llegaban a los otros mundos en cuestión de un par de horas. La gente de aquel lugar no trabajaba, la comida la obtenían del campo que en ese planeta era muy fértil y hermoso, este era cuidado por robots que se encargaban de darles y proveer todas sus necesidades físicas, necesidades que se habían reducido mucho cuando descubrieron y consiguieron como reducir su altura. Pues siendo la mitad mas pequeños, todas sus otras necesidades se habían reducido también, la comida, la vivienda, la energía, la ropa, etc. Todo los demás sería consumido en menor cantidad al haber reducido sus dimensiones. Esteban se dió cuenta de que esa era la humanidad del futuro, humanidad que había abandonado a su planeta de origen por causa del deterioro que en los siglos 21 y 22 la misma humanidad le causó.
Luego se acordó de Nora y el final de su experimento y regresó a la cueva. Nora estaba pensativa.
Nora estaba en otra dimensión, por su mente cruzaban los siguientes pensamientos:
--Esto es definitivamente cierto, es el descubrimiento del siglo y yo lo he logrado, bueno Esteban también ha estado aquí y yo voy a tener que compartir con él este éxito. ¿Pero porque? ¿No fuí yo quien lo trajo aquí y quien le dijo como hacer la prueba? ¿Quién convenció al chaman de traerme? Fuí yo, no Esteban. ¿Por qué he de compartir con él lo que es solo mío?.
Los celos profesionales y el egoísmo de quien se ve ante una situación tan especial como esta y que tanta trascendencia tenía, empezaron a corroer a Nora.
--Este descubrimiento es tan importante que de seguro obtendré el Premio Nacional de Ciencias, el reconocimiento mundial y muy probablemente. ¡Hasta el premio Nobel!. Si no hubiera sido por mí, él nunca hubiera llegado acá, es más, ni siquiera tenía la mas mínima idea de esto, el triunfo es mío y solo mío. El amor, ¡Ja¡ me hace los mandados, donde quiera se pueden conseguir hombres, Esteban no me hace falta.
Esteban desde su estado observó que Nora movió la perilla derecha hasta el tope.
En ese momento, sintió que abandonaba la cueva. Se sintió de pronto en medio de una obscuridad absoluta. No veía, no oía, ni percibía nada. Obscuridad y silencio absoluto, solo él era la única presencia en esa nada apabullante que lo rodeaba.
Luego, empezó a notar que enfrente de él se empezó a formar un débil resplandor. Como no tenía nada que le sirviera de referencia no podía saber si era una cosa pequeña o lejana la que se estaba formando frente a él. El resplandor creció rápidamente y en unos segundos se hallaba plenamente frente a él. Notó que el brillo tenue color dorado que veía, provenía de un agujero o túnel que se agrandaba con rapidez. De pronto se sintió succionado por ese agujero y se deslizo por dentro de él a una velocidad inimaginable.
Luego, alcanzó a ver el extremo del agujero, ahí había una luz sumamente intensa hacia la que se sentía atraído sin control, la turbulencia lo jalaba sin piedad. Se detuvo por fin repentinamente, había salido del túnel y se encontró en un lugar todo hecho de luz. Tres seres altos, luminosos y hermosos lo miraban con amor.
Nora volteó a mirar el electrocardiograma y el electroencefalograma. Las dos gráficas eran una línea absolutamente recta.
Tomó la pistola que Esteban había dejado a un lado, recogió la cámara, los aparatos y se dirigió a la salida.
En la entrada de la cueva la aguardaban dos figuras hambrientas, una era grande, hermosa y majestuosa, la otra tenia en la frente una mancha que parecía un tercer ojo. Ella sacó la pistola y jaló del gatillo.

 (c) Ramón Garza Wilmot,  1999.
 
 

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