NUEVAS COSTUMBRES

Adalberto me quiere mucho. Era y sigue siendo muy bueno conmigo.

Lo que pasa es que, un vez muerto, se volvió un tanto esquivo, como demasiado encerrado en su persona, siempre tirado en el mismo rincón, sin moverse ni hacer nada.

 

¡Pero eso no significa que se haya vuelto malo!

Los gatos son poco obedientes. En general, les gusta ir de un lado para el otro y solo aparecen cuando llega la hora de comer.

Adalberto, desde que murió directamente no hace ningún caso. Nada que le diga lo conmueve.

Bueno, pero insisto en que no se ha vuelto malo porque, por otro lado, ahora no da el menor trabajo. No ensucia. ¡Ni siquiera come! Más que una cuestión de bondad o maldad, lo suyo es un cambio de hábitos.

También lo noto diferente de aspecto con el paso del tiempo. Es curioso como una nueva forma de comportarse suele producir una modificación en la apariencia de las personas y de los gatos.

Lo cierto es que me gusta la actual vida de Adalberto,  ¡tan quieta!, ¡tan despreocupada’. Me pregunto si a mí me  iría igual de bien como a él con un cambio así.

La verdad, dicho sea entre nosotros, si no fuera que el suicidio es una cosa fea, le quitaría el cuchillo que le clavé hace un mes y lo usaría para matarme.

(C) Jorge Oscar Rossi, 1993

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