INTERCAMBIO CULTURAL

Nos cortaron la luz.

Lloramos y gritamos, pero no les importó, como a nosotros no nos hubiera importado el llanto de las cucarachas, en caso que esos bichos pudieran llorar.

Eso éramos para ellos: cucarachas.

 

Así que nos cortaron la luz y esperaron a que el calor, la falta de agua y la pudrición de la comida hicieran el resto.

A la semana, los que quedamos éramos peores que los peores animales, pero seguíamos vivos, hambrientos pero vivos.

Los atacamos para matarlos y comerlos o comerlos y matarlos en el proceso, daba igual.

Nosotros somos humanos y ellos no.

Esta es nuestra casa. Ellos venían de otro lado. De las estrellas, del espacio, de otro planeta, de la misma mierda, importaba lo mismo.

Esta es nuestra casa.

No nos van a cortar la luz y quedarse mirando. No iban a sacarnos la energía de nuestras maquinas y esperar a ver como nos morimos.

Los vamos a comer…y si dejamos a algunos, será para que les cuenten a sus compañeros, allá en las estrellas, en el espacio, en otro planeta o en la misma mierda que los humanos somos muchos, una verdadera plaga, unos seis mil millones; y que mil o dos mil o tres mil millones menos no hacen la puta diferencia y que nos gusta matar y comer y que, ahora, ellos son nuestro bocado favorito.

Y que tarde o temprano les devolveremos la visita…

Jorge Oscar Rossi, enero de 2009 (a la memoria de  Alfred Bester)

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