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Este artículo de José De Ambrosio fue publicado en octubre de 1990, en el número 22 de la revista Cuasar, (República Argentina).

 

ABC DE LA CIENCIA FICCION ARGENTINA

(Primera Parte)

Al redactar en 1940 su prólogo a la ANTOLOGIA DE LA LITERATURA FANTASTICA, Adolfo Bioy Casares evocó a reconocidos artífices de la CF, H.G.Wells y Olaf Stapledon. No vaticinaba, al escribirlo, que él mismo sería un precursor del género en la República Argentina. Paradójicamente, descreía de la designación de científica para esta literatura. Ensayando una clasificación de los cuentos mencionaba;

"...los que tienen una explicación fantástica, pero no sobrenatural (¨científica¨ no me parece el epíteto conveniente para estas invenciones rigurosas, verosímiles a fuerza de sintaxis)."

El prestigioso escritor argentino, nacido en 1914 y casado con Silvina Ocampo, reúne en su obra una pulida ejecución y cierta audacia en la elección de los nudos argumentales. Dos de sus mejores novelas, LA INVENCION DE MOREL Y PLAN DE EVASION, emplean recursos osados para la corriente principal de las letras, aunque no ya para la ficción especulativa. Esas incursiones temáticas le permitieron figurar en alguna antología especializada, como también recoger un explícito homenaje cinematográfico: en HOMBRE MIRANDO AL SUDESTE, singular film de Eliseo Subiela, Denis busca en un párrafo de LA INVENCION DE MOREL la explicación de la conducta de Rantés.

Suele nombrarse entre los adelantados en estas tierras a Holmberg, a Quiroga, a Lugones, a Borges. Ninguno de ellos, sin embargo, incursionó en el distrito de la CF; fueron, sí, excelentes escritores de cuentos fantásticos. Pero Bioy transitó asiduamente por ideas propias de la línea: habló de extraterrestres, universos paralelos, eterna juventud, clones, telepatía, del espacio y del tiempo. Con precisión matemática o con fingida indiferencia elaboró historias donde la realidad tambalea, lo insólito salta a la arena de un ambiente trivial, en las que objetos insignificantes (una sirenita de oro -PLAN DE EVASION, un caballito de piedra verde -"En memoria de Paulina") sobrevivientes de avatares fantásticos permiten mantener la continuidad lógica de una acción; Bioy se resiste a pintar una incoherencia total en el cosmos.

La relación con alienígenas es, posiblemente, la más rica fuente de argumentos de CF. En "El calamar opta por su tinta", el interior del país recibe a un extraterrestre; el {"contacto" se produce, pero con características autóctonas. No hay tecnología de avanzada (a la que Bioy no tiene apego); predomina una atmósfera sencilla y apenas si se sacude el aburrimiento pueblerino. Privado finalmente de la humedad esencial, el viajero muere, provocando tan solo la nostálgica reflexión de un lugareño:

"Cuántas Américas y Terranovas infinitas perdimos esta noche."

En vida de Galileo Galilei, Giordano Bruno fue quemado vivo por anticipar la fantasía de la pluralidad de mundos habitados. Hubiera disfrutado de la lectura de "La trama celeste". Las extrañas circunvoluciones de un aeroplano horadan las fronteras entre continuos paralelos (diversos Buenos Aires acogen al piloto) dejando vislumbrar infinitas réplicas casi especulares.

No falta entre sus tramas el congelamiento de personas para sobrevivir en el tiempo ("Una puerta se abre"), ni el inminente fin del mundo ("El gran Serafín") narrado con el clima de extraña liviandad usual en Bioy. La telepatía integra más de un relato aunque en ninguno se manifieste como fenómeno general, al estilo de EL HOMBRE DEMOLIDO de Bester. Fiel a sus concepciones, Bioy la muestra como una monstruosidad individual ("Moscas y arañas"), como una forma de estrangular a distancia (PLAN DE EVASION).

Los organismos biocibernéticos (ciborgs) han contado con el desarrollo que les predice la literatura de anticipación. El cerebro humano transplantado a un sustrato inorgánico se encuentra en numerosos cuentos, componiendo desde una computadora hasta una nave viviente ("La nave que cantaba"), de Anne McCaffrey). Aunque sólo de modo embrionario, Bioy transplantó el espíritu a un bastidor ("Los afanes").

Medicina y psiquiatría ficción (comparable ésta a la del Ballard de "Nicho 69" o "Zona de terror") son impecablemente desplegadas en PLAN DE EVASION. Dentro de sus celdas, los presidiarios avizoran un horizonte marino; han sido operados y condicionados para esa ilusoria liberación.

Otro tema clásico, los clones (hay una inolvidable narración de Sturgeon, "Cuando se quiere, cuando se ama") es tomado por Bioy, aunque sólo como recurso casi accidental en un asunto amoroso ("Máscaras venecianas"). Con manipulaciones genéticas prodiga maravillas: jugando con la idea de acelerar la evolución darwiniana vence el instinto gregario en las hormigas, que construyen hormigueros individuales, y desarrolla la telepatía en las focas ("De los reyes futuros"). Hay antecedentes notables: LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU, de H.G. Wells - que el mismo Bioy cita en PLAN DE EVASION, las subpersonas de Cordwainer Smith.

Uno de los motivos favoritos de la proto CF es el del inventor aislado que arma un aparato original -e irreproducible con aptitudes deslumbrantes. Es el eje de LA INVECION DE MOREL. Huyendo del mundo, un solitario arriba a una isla que cree desierta; con asombro ve seres humanos paseando por ella. Son anómalos, visten ropas pasadas de moda, no parecen verlo ni oírlo, repiten día a día los mismos ajetreos. Tratando de aplicar un rigor lógico, el personaje desgrana hipótesis: contrajo la peste, es invisible, son extraterrestres, está en un manicomio, es un grupo de muertos. Las desecha confusamente. Concluye tropezando con la causa: una maquinaria mucho más compleja que un proyector de cine reúne ondas y vibraciones humanas, sensaciones olfativas, térmicas, táctiles, voz e imagen. Morel eternizó, con ese mecanismo admirable, unos días vividos con sus amigos en la isla; el aparato emite las figuras periódicamente. La consecuencia para quienes han sido filmados es una enfermedad feroz que mata de "afuera para adentro" en poco tiempo. El fugitivo lo descubre. Desdeña el fin próximo, atroz, que le deparará la peste; se graba a sí mismo interpolándose junto a Faustine, de quien se ha enamorado.

Los amores de Bioy -casi nunca ausentes- son tenaces, suelen persistir pese a los abismos de la muerte (" El lado de la sombra"), del espaciotiempo ("La trama celeste"), de la eternidad. Albergan una desesperanzada esperanza en el reencuentro irrealizable. El amante de la INVENCION DE MOREL patéticamente informa:

"Muchas veces intercalo con habilidad alguna frase; parece que Faustine me contestara."

Borges proclamó, en el prólogo de la novela, que era la introducción de la ficción especulativa en estas geografías:

"En español, son infrecuentes y aún rarísimas las obras de imaginación razonada...LA INVENCION DE MOREL (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau) traslada a nuestras tierras y a nuestro idioma un género nuevo ."

Otras fábulas de Bioy exploran sendas peculiares, que por su estructura y conceptos son perfectamente enmarcables en la CF. Cinceló un aventurero, Rudolf, reducido (con "un tratamiento que era una mezcla de crueldad, de supersticiones absurdas y de profilaxis francamente objetable") a unos pocos centímetros por pigmeos africanos ("La sierva ajena"); con humor, convirtió al intento de inventar un tónico capilar en un poderoso excitador sexual ("El camino de indias"); empleó el dolor de los enfermos como fuente de energía ("Otra esperanza").

Los perros de CIUDAD (Simak) no perciben lo que el hombre; oyen voces lejanas, ven sombras extrañas. No es totalmente biología ficción; también nuestros canes tienen sentidos con otras graduaciones, pueden captar frecuencias inaudibles para el ser humano. Bioy narra en PLAN DE EVASION estas ideas. Afirmando una noción que se remonta a Tales de Mileto, subraya que no hay una imagen unívoca del universo, y que sólo el candor y la costumbre hacen creer que todo es tal cual se lo percibe.

"Admitimos el mundo como lo revelan nuestros sentidos. Si fuéramos daltonianos ignoraríamos algún color. Si hubiéramos nacido ciegos ignoraríamos los colores. Hay colores ultravioletas, que no percibimos. Hay silbatos que oyen los perros, inaudibles para el hombre...Si miramos a través del microscopio, la realidad varía; desaparece el mundo conocido...no pude afirmarse que sea más verdadera una imagen que la otra; ambas son interpretaciones de máquinas parecidas, diversamente graduadas...Todas las especies animales que aloja el mundo viven en mundos distintos."

Frecuentemente, en sus ensueños refleja la cualidad de la mutación inesperada. Con amabilidad bromea sobre nuestras convicciones dogmáticas, nuestro realismo ingenuo, esbozando otras facetas más allá de lo visible. Parece regocijarse en lo íntimo, como el talentoso P.K. Dick, de que la solidez del entorno flaquee con la aparición de fisuras que hacen dudar de la arquitectura total del universo. "La realidad es fantástica en cualquier momento... De vez en cuando la vida nos da una visión momentánea de algo que quiebra el orden de la realidad", ha dicho en un reportaje, y lo repitió en EL HEROE DE LAS MUJERES: "El descubrimiento de una grieta en la imperturbable realidad a todos nos atrae". Compartió con Borges el placer del lógico ante la ruptura del orden pensado. Decía su amigo, inquietantemente:

"Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo con el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso." ("Avatares de la tortuga").

Los hombres y mujeres de Bioy Casares fatigan vidas rutinarias; de pronto irrumpe el fenómeno que corta la (aparente) persistencia espaciotemporal. En el siglo VI A.C. Pitágoras juzgaba que el cosmos era cognoscible por estar configurado matemáticamente. Horrorizado descubrió la raíz cuadrada de 2; la calificó de ´irracional´ porque hacía endeble desde sus cimientos todo el edificio lógico que elaborara para comprender al mundo. Bioy enfrenta a sus personajes con irracionalidades semejantes, pero ellos no se escandalizan en demasía. Es el lector quien debe dar sentido a las claves que generosamente le son suministradas. La obra de Bioy es una vasta Piedra de Rosetta, un conjunto de símbolos a descifrar; no es más que el reflejo del universo real, al que igualmente supone pleno de significados ocultos, sujeto a la interpretación humana. Admirablemente describe:

"Como en una criptografía, en las diferencias de los movimientos atómicos, el hombre interpreta; ahí el sabor de una gota de agua en el mar, ahí el viento en las oscuras casuarinas, ahí una aspereza en el metal pulido, ahí la fragancia del trébol en la hecatombe del verano, aquí tu rostro." ( PLAN DE EVASION ).

Sabe también que es sutil la variación en la trama de los cuerpos físicos que alcanza para trocar la materia; como Heráclito, piensa que todo fluye, que nada es inmutable:

"Si hubiera un cambio en los movimientos de los átomos, este lirio sería, quizá, el golpe de agua que derrumba la represa, o una manada de jirafas, o la gloria del atardecer." ( PLAN DE EVASION ).

Lúcido, Demócrito de Abdera aseguraba que nada existe aparte de átomos y el vacío; Bioy, que sus infinitas permutaciones generan las formas de nuestras experiencia: el hombre debe traducir las imágenes y aplicarlas. Roza la concepción de que la historia humana no es más que una gigantesca película de algún Steven Spielberg cósmico de la cual somos (involuntarios) protagonistas.

"Puede pensarse que nuestra vida es como una semana de estas imágenes -discurre en LA INVENCION DE MOREL- y que vuelve a repetirse en mundos contiguos".

Resulta indiferente que se trate de la función de gala del estreno o una reiterada proyección; como dice el personaje: "Es cierto que para las imágenes tampoco hay próxima vez (todas son iguales a la primera)".

Influyendo en el pensamiento posterior Parménides de Elea sostuvo que las formas, olores, colores, movimientos que percibimos, son una ilusión de nuestros sentidos; el ser, argüía, es único, inmutable, infinito, eterno, inmóvil. Zenón, su célebre discípulo, trató de probarlo a los incrédulos griegos con perdurables -magníficas paradojas, como la de Aquiles y la tortuga. Aunque ningún filósofo crea seriamente en la veracidad de esa doctrina, instauró en las siguientes generaciones el hábito saludable de la duda. Bioy, más inclinado a la fluyente concepción de Heráclito, lanzó empero a sus (anti)héroes a la ardua interpretación del entorno a partir de sus insuficientes sentidos:

"Fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver." (LA INVENCION DE MOREL).

La engañosa comprensión de la realidad es el nudo central de PLAN DE EVASION; con complicados arabescos va entretejiendo los hilos narrativos, enhebrando planos diversos de acción y de interpretación. Enrique Nevers, su protagonista, vive confusas experiencias colmadas de significados ocultos, alguno de los cuales descifra, otros desteje su tío Antoine, a quien escribe largas misivas, y el resto es una gama de símbolos reservados a la sagacidad del lector. Nevers, oficial de la marina francesa, es destinado a las islas de la Salvación, en la Guayana, presidio famoso de Dreyfus y Papillon. Se encuentra con un extraño gobernador, Castel, comportamientos misteriosos en la población y aún en los animales (un caballo no reconoce el pasto, hay que metérselo en la boca para que no se muera de hambre). Ofrece una profusión de claves referidas a la captación de lo existente por los sentidos, y sus deformaciones; se mencionan obras y autores que trataron el tema: Plutarco, Goethe, Rimbaud, Baudelaire, William James. Repitiendo el esquema de LA INVENCION DE MOREL, Nevers ensaya justificaciones: hay una conspiración, Castel está loco, él mismo está loco, algún alcaloide o una peste originan esas conductas anómalas. Finalmente puede examinar el pabellón que ocupan, en cuatro celdas desiguales -dispuestas de tal modo que cada una tiene al menos una pared en común con todas las demás, tres presos y el propio gobernador. Los cubículos, como sus ocupantes, están pintarrajeados; "las puertas se disimulaban en manchas de las paredes", los "enfermos" quietos "pero en actitud de moverse" no responden a los estímulos exteriores. En realidad se mueven imperceptiblemente. Castel murmura frases incoherentes: "la medalla es el lápiz y la lanza es el papel, los monstruos somos hombres y el agua quieta es cemento, a,b,c,d,e,f,g,h,i,j,k,l,m,ñ,o,p, q". Más adelante Nevers comprenderá que el funcionario procuraba asirse a la visión del mundo recordada, disímil de la que le presentaban los sentidos. Un incomparable informe de Castel brinda a Nevers la explicación de tantos absurdos: el gobernador quiso dar la libertad a sus presos dentro del penal. Para tan portentoso fin efectuó una serie de operaciones "en el cerebro y a lo largo de los nervios", redujo los movimientos, combinó el oído con el tacto, modificó sus sistemas visuales de manera que vieran "como por lentes de largavista puestos al revés", y dejaran de percibir los colores como colores, "una pared vertical, pintada de azul y amarillo, aparecería como una playa; con ligeros toques rojos, como un mar". El efecto es prodigioso: creen estar en una isla desierta; no hay paredes, sólo el mar y el horizonte lejano. Para llegar a esa mutación, Castel parte de su propuesta sobre la percepción de lo circundante:

"Podemos describir el mundo como un conjunto de símbolos capaces de expresar cualquier cosa; con sólo alterar la graduación de nuestros sentidos leeremos otra palabra en ese alfabeto natural."

Indica que vivimos "devorando fragmentos de un mundo que nos incluye"; describe a la física como una interminable extensión de protones y electrones irradiando en el vacío o el conjunto de irradiaciones de una materia que no existe.

Hace mucho que la ciencia descubrió que los átomos no son aquellos pequeños elementos compactos que imaginó Demócrito; diversas partículas habitan el mundo subatómico, comportándose muchas veces como ondas de probabilidad, según la mecánica cuántica. El cosmos es una trama de esquemas de energía; Castel (Bioy) lo volcó en su informe, para expresar la dudosa subsistencia de lo que denominamos realidad. No es la única alusión a la difícil disciplina de los cuantos; los múltiples universos de "La trama celeste" han sido sugeridos por Everett como solución de una paradoja: todas las alternativas de las transiciones cuánticas se concretan en continuos distintos.

Su interés por el enmascaramiento del universo inferido llevó a Bioy a urdir elegantes malabares con el espacio y el tiempo. Aquel espacio que para lo geómetras de la Hélade era una extensión abstracta, para Kant una forma de nuestra intuición y para Newton y sus discípulos todavía permanecía inalterablemente fijo, fue afectado por una profunda transformación conceptual apenas comenzado el siglo XX; Einstein aseveró -lo probaría un célebre experimento astronómico- que el espaciotiempo se curva, que la gravedad no es más que la deformación que en el mismo producen los cuerpos. La teoría de la relatividad suscitó ondas concéntricas; no sólo la física sintió el impacto. "La realidad (como las grandes ciudades) se ha extendido y se ha ramificado en los últimos años", comienza "El perjurio de la nieve". Los personajes de Bioy se confunden con alteraciones que derrumban siglos de Astronomía y de Geografía; deben adaptarse a las nuevas, absurdas condiciones que les propone el medio. Esos inciertos territorios, empero, no los sorprenden en exceso; con frecuencia ponen su atención en detalles triviales.

Pitágoras pensaba que el mundo era una esfera; tres siglos más tarde, Eratóstenes midió con notable aproximación un arco de meridiano. Magallanes y Elcano no se cayeron en los abismos oceánicos y confirmaron la sospechada redondez terráquea. Sin embargo, en "De la forma del mundo" un túnel vegetal une en cinco minutos el Delta del Paraná y el Uruguay. El guía de la historia, altanero, refuta al novato:

"Usted dice que es redonda porque se lo contaron, pero en realidad no sabe si es redonda, cuadrada o como su cara."

No es el único sobresalto para los cartógrafos lectores de Bioy. "Un viaje inesperado" reflota otra teoría científica, la deriva de los continentes propuesta por Wegener en 1912, que tuvo que esperar varias décadas para ser admitida. El elemento fantástico no es el desplazamiento, es su imposible velocidad, que en día logra lo que requiere millones de años a la naturaleza. El planeta se transforma, los brasileños esquían en el Plan de Azúcar, en La Habana corretea una nueva variedad de renos, prosperan los cafetales en Tierra del Fuego.

Peor aún (para nuestras tímidas certezas) es el diagrama cosmológico sugerido en "El cuarto sin ventanas". El universo es un inconcebible poliedro, uno de cuyos vértices está, casualmente, en la Tierra, más puntualmente en un cuarto de Berlín Oriental.

Dos soles y dos lunas alumbran al enamorado de LA INVENCION DE MOREL. Sin escándalo, rememora que Cicerón ya contó sobre dos soles "en el consulado de Tuditano y Aquilio".

Tan enigmático como el espacio, el tiempo estimuló las reflexiones de físicos y metafísicos. Regular, metódico, implacable en su marcha como la "blitzkrieg" alemana de 1939/40, avanza hollando todo a su paso; también el hombre es su víctima y las generaciones van quedando olvidadas a la vera del camino del rodillo temporal. Heráclito definió su esencia: la mutación de un mismo cuerpo en instantes diferentes. Esa famosa expresión sobre la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río (con un significado visible -el río no es el mismo y otro un estrato más profundo -nosotros tampoco somos los mismos) anticipó el moderno concepto de entropía como señal de la "dirección" del tiempo. Kant le reservó la misma órbita subjetiva que al espacio; Borges, de modo similar, adaptó el esquema de Berkeley a una especie de ´idealismo temporal´. La física einsteniana le confirió igual rango que a las dimensiones espaciales; integrado con ellas constituiría en adelante una novedosa entelequia: el espaciotiempo.

Bioy, que no organizó las usuales excursiones de la CF por el espacio y el tiempo, prefirió la fantasía metafísica. El tiempo está presente en sus intrigas narrativas: acentuando sus facultades elásticas lo comprimió, lo estiró, lo detuvo; señaló que el subjetivo (que es variable) no difería del conjetural tiempo objetivo. En definitiva postuló la inexistencia de este último. "El tiempo no dura para siempre lo mismo" (EL HEROE DE LAS MUJERES) dijo, y también "de nuevo pareció que el tiempo se ensanchaba" ("De la forma del mundo"), atribuyéndole, curiosamente, una cualidad espacial.

Borges señaló que solía regresar eternamente al Eterno Retorno ("El tiempo circular", en HISTORIA DE LA ETERNIDAD); también Bioy. Imaginó, como J.G. Ballard en "Escape", la perpetua reiteración de los sucesos, una calesita con los mismos sujetos, idénticos movimientos, igual música. Los hindúes pensaban al tiempo como una rueda. El Eterno Retorno propone una eternidad en episodios, la ilimitada reproducción de los destinos individuales, sin variación, sin rebeldía en los maquinales actores. "La eternidad rotativa puede parecer atroz al espectador; es satisfactoria para sus individuos. Libres de malas noticias y de enfermedades, viven siempre como si fuera la primera vez, sin recordar las anteriores" (LA INVENCION DE MOREL). El robinson llega a deplorar su existencia lineal, no cíclica; comprende que cada instante es precioso porque es único y que los que se derrochan ("se pierden en los descuidos") son irrecuperables.

La doctrina pura, en la concepción de Nietzche, está expuesta en "El lado de la sombra". Reaparece una gata ya muerta; no otra igual, la misma. Lo justifica: "Si pides una explicación, te recuerdo el eterno retorno de que hablan Nietzche y otros. Tendríamos un eterno retorno limitado, por ahora, a una gata. A los elementos que originalmente formaron el animal, dispersos cuando la quemazón del hotel, un golpe de azar los habría reunido de nuevo, de manera idéntica". La dificultad extraordinaria de la recombinación se complica con la -mucho más probable posibilidad de que se filtren componentes insólitos, generando monstruos de Frankestein. No se le escapó a Bioy: en LA INVENCION DE MOREL barruntaba que "para formar un solo hombre ya disgregado, con todos sus elementos y sin dejar entrar ninguno extraño, habrá que tener el paciente deseo de Isis, cuando reconstruyó a Osiris". Es concebible una complejidad aún mayor: la recreación podrá duplicar un momento dado de un cuerpo, pero nada asegura que el doble proseguirá la misma evolución del original, incorporando y desechando idénticas moléculas, de modo que al instante siguiente ya puede ser distinto.

VAMOS A LA SEGUNDA PARTE

(c)José De Ambrosio, 1989

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