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BIBLIOGRAFIA DE FRANK HERBERT

(Esta pagina se ha basado en el prólogo que hace Domingo Santos al libro "Dios Emperador de Dune".)


La obra de Frank Herbert quedó marcada por el éxito sin precedentes de DUNE (1966) compuesto por dos novelas breves publicadas originalmente en Astounding ("Dune World" en 1963, y "Prophet of Dune" en 1965) y que mereció los premios Hugo y Nébula. El libro, fue un gran impacto entre los aficionados y, sorprendentemente, un éxito inesperado también fuera del reducido mundo de la ciencia ficción.

 

Este libro fue continuado por los siguientes:

Mesías de Dune (1969)

Hijos de Dune(1976)

Dios emperador de Dune (1981)

Herejes de Dune(1984)

Casa capitular: Dune (1985)

Quizás el éxito de DUNE ha oscurecido el resto de la actividad de Herbert como autor de gran calidad, con una narrativa marcada por el estudio en profundidad de problemas de tipo psicológico y el interés por la política y la ecología. Su tema mas repetido es la investigación compleja y con gran inventiva de cómo se adaptará el ser humano a su entorno y a lo que le depara el futuro.

Otras novelas:

Destino el vacío (1966)

The eyes of Heinsenberg (1966)

El cerebro verde(1966)

La barrera Santaroga (1968)

Estrella Flagelante (1970)

Los Creadores de Dios (1972)

The Dosadi Experiment (1978)

La Peste Blanca (1982).

En colaboración con Bill Ransom publicó:

The Jesus Incident (1979)

The Lazarus Effect (1981)

El Hombre de Dos Mundos (1987), su última novela, está firmada conjuntamente con su hijo Brian. Sus relatos se han recogido en varias antologías como:

The Worlds of Frank Herbert (1971)

The Book of Frank Herbert (1973)

The Best of Frank Herbert(1975)

Eye (1985)

En 1956 vería la luz su primera novela The dragon in the Sea (El Dragón en el mar), también conocida más tarde como Under Pressure (Bajo Presión): Un thriller de ciencia-ficción mezclado con complejas especulaciones psicológicas, que se desarrollaba en un submarino en plena misión durante una guerra futura.

La novela no fue acogida con demasiada benevolencia por la crítica, si bien hoy se ha convertido en un pequeño clásico sobre un tema que por aquel entonces era puramente hipotético pero que hoy se ha convertido en una terrible realidad: el agotamiento de los combustibles fósiles y la necesidad de ir a buscar nuevas fuentes de energía.

Pero fue en 1965 el año del "descubrimiento" de Frank Herbert. El mundo entero se maravilló ante la novela que, por primera vez, planteaba de forma completa, racional y convincente, la ecología de todo un mundo, un mundo, completamente distinto al nuestro.

Dune obtuvo el éxito fulminante de público y crítica, hasta el punto de obtener los dos principales y más prestigiados galardones otorgados a las novelas de ciencia-ficción, los premios Hugo (compartido con la novela: ...and call me Conrad (...y llámame Conrad) de Roger Zelzany) y Nebula, así como el premio Internacional de Fantasía, que compartiría también con otro gran clásico: Lord of Flies (El Señor de las moscas) de William Golding.

 

DUNE

El escenario de Dune se sitúa en el lejano planeta de Arrakis, llamado Dune, un mundo cuya principal característica es ser un inmenso desierto en donde la poca agua que aún existe es el bien mas preciado que pueda poseer un ser humano.

Según el propio Herbert, la idea de este escenario le surgió de un viaje que efectuó a Florence, Oregon, en donde el Departamento de Agricultura de los EE.UU. estaba realizando un proyecto piloto para el control del avance de las dunas. Algunos otros viajes del autor a Oriente Medio, y principalmente un viaje a Pakistán, le ofrecieron nuevos elementos sobre las sociedades nómadas y la vida en el desierto. Desde hacía un tiempo, Herbert sentía deseos de escribir sobre el origen y desarrollo de las religiones mesiánicas. El Mesianismo, para florecer, necesita de unos condicionantes que produzcan en la población una tensión intolerante, sumida en la impotencia, y que puede tener su origen en la tiranía o en un entorno hostil. La tiranía era fácil de conseguir: una sociedad de tipo feudal que esclavizara a la población. El entorno hostil... ¿qué mejor entorno que el más árido desierto? No hay que olvidar que el principal movimiento mesiánico occidental nació precisamente en el desierto.

Con estas premisas, Frank Herbert empezó a escribir su obra. Dune se inicia cuando Paul Atreides, un muchacho dotado de extraordinarios poderes precognitivos gracias a la selección genética a que ha sido sometida su madre, debe trasladarse con su familia del paradisiaco planeta Caladan al desértico planeta Arrakis, que su padre acaba de recibir en feudo de manos del Emperador. Dune, como se llamaba comúnmente a Arrakis, es un inmenso desierto, habitado por los Fremen, tribus nómadas apegadas a antiguas tradiciones y cuyos antepasados fueron deportados allí en épocas remotas.

Pero ese inhóspito planeta-desierto posee una gran riqueza: la Melange, una droga geriátrica y activadora de la presciencia, producto residual de gigantescos gusanos de arena que son los habitantes naturales del planeta. El gran poder económico que representa la especia hace que el planeta Arrakis sea el centro de innumerables intrigas y luchas de intereses. Allí es donde Paul Atreides, convertido progresivamente en Paul Muad'dib, la cristalización de los deseos mesiánicos de los Fremen, iniciará el largo periplo hacia su divinización...

Dune está planteada, básicamente, como una novela de intrigas y aventuras. Hay traiciones (traiciones dentro de traiciones dentro de traiciones), envenenamientos y contraenvenenamientos, clásicas luchas palaciegas a espada... Pero es sólo el decorado superficial. A lo largo de las setecientas apretadas páginas de su texto hay un profundo análisis de una sociedad tipo feudal, una reflexión política, una guerra, un estudio de los poderes paranormales, y sobre todo una tesis sobre religión. Y, por encima de todo ello, el planteamiento ecológico de un planeta que ha debido sobrevivir y desarrollarse en ausencia de uno de los elementos primordiales para la vida humana: el agua. En Dune el agua es el bien mas preciado, hasta el punto de constituir un elemento principal de cambio, la moneda del planeta. El atuendo de los hombres del desierto, el destiltraje, es una prenda diseñada especialmente para recuperar y reciclar toda el agua que exuda normalmente el cuerpo humano, y constituye un elemento básico de supervivencia. La escasez del agua es tal, que uno de los máximos dones por los que se expresa el dolor es el llanto: "Mira, le da agua al muerto..."

La civilización de Dune está grandemente inspirada en la civilización árabe. "En la cultura occidental - dice Herbert - cuando se habla de "Desierto" automáticamente aparece en la mente la idea de "Arabia", a sí que recurrí al árabe para surtirme de la mayor parte de los nombres y términos lingüísticos, y para muchas otras cosas". La sutil recreación de nombres, lugares, costumbres y actitudes son uno de los principales alicientes de la obra. Frente al decadente barroquismo de la sociedad imperial (el villano de la obra, el Barón Harkonnen, es un hombre tan grueso que para poder andar necesita sostener su cuerpo con un cinturón de suspensores gravíticos), el ascetismo y la dureza de vida de los Fremen crean un contraste realmente antológico.

EL MESIAS DE DUNE

El segundo volumen de la trilogía, El Mesías de Dune, retoma el tema donde lo dejó en el libro anterior. Sin embargo, esta segunda parte deja un poco de lado la ecología, para dedicarse más a la política y a la religión, a través del minucioso estudio de la ascensión de un hombre a la cúspide del poder político y religioso. La acción se desarrolla doce años después de la gran victoria de Paul Muad'dib sobre sus enemigos. El péndulo ha efectuado su recorrido, y los orgullosos y sanguinarios Fremen han alzado una cruzada por toda la galaxia para dominar a los planetas que no han querido aceptar a su jefe/dios como emperador. Paul, mientras tanto, inicia un ambicioso proyecto de transformar todo el planeta, convirtiendo los desiertos de Arrakis en un vergel. Eso naturalmente, hará que desaparezca la especia, producto por antonomasia del desierto. Ello hace que los grandes poderes económicos, alarmados, preparen una conjura para derribar el poder mesiánico de Paul Muad'dib. Por otro lado, los propios Fremen empiezan a murmurar contra su dios, que intenta eliminar sus seculares tradiciones basadas en el desierto. El protagonista avanza por entre todas estas intrigas guiado por la presciencia, que le muestra la inevitabilidad de su destino. Alia, su hermana, en cuyo interior viven todos los antepasados de la estirpe de los Atreides debido a lo peculiar de su nacimiento, es la primera en conspirar contra él y su proyecto de remodelación. La concubina de Paul Muad'dib y su único amor, Chani, muere al dar a luz a sus dos hijos gemelos, que nacen con todos los atributos de la anormalidad psíquica del padre, incrementados. Finalmente tras vencer las conjuras tejidas en su entorno, y habiendo alcanzado su destino inevitable, Paul Muad'dib pondrá fin a su vida a la manera Fremen, alejándose silenciosamente, ciego, a pie, y sin alimentos ni agua, hacia ese desierto que constituyó la razón de toda su vida...

La crítica, y los propios lectores, calificaron esta parte de la trilogía como muy inferior a la primera, en parte debido a la ausencia del carácter épico que dominaba el primer volumen, al dominio de la intriga por sobre la profundidad temática, y al hecho de que, pese a ser un lúcido estudio sobre la ascensión de una dictadura mesiánica, no aportaba mucho de nuevo a la gran riqueza de imágenes desplegadas en el primer volumen.

 

HIJOS DE DUNE

Hijos de Dune nos sitúa 20 años después del inicio de la serie. Los dos hijos de Paul Muad'dib, Leto II y Ghanima, aún niños, gobiernan Arrakis y el Imperio, con su tía Alia como regente. Dune ya es un vergel, en las ciudades se desperdicia incluso el agua, "y los habitantes de Arrakis tienen esas detestables redondeces de carnes propias de los cuerpos henchidos en agua". Alia ha reafirmado hasta el límite la religiosidad creada por Paul Muad'dib, al tiempo que sometía al planeta en una sofocante burocracia que amenaza con reducir el imperio a la esclavitud. El anhelo de Alia, ya planteado en el libro anterior, es volver a los orígenes, destruir la obra creada por Muad'dib, en aras de un mesianismo no menor que el de su hermano, aunque de signo diferente. Pero para conseguirlo deberá enfrentarse a Leto II, que ha heredado todos los poderes de su padre, y que tiene también en su interior a todos los innumerables antepasados de su raza y de la de los Fremen. Y deberá enfrentarse también a un misterioso predicador ciego, reseco y carcomido por el desierto, que aparecerá de pronto para predicar contra la corrupción que ha traicionado el espíritu del profeta, y que muchos identifican como el propio Mesías revivido.

Hijos de Dune vuelve a situarse a la altura del libro original. Al planteamiento ecológico del mundo sin agua de Dune, Herbert antepone aquí la remodelación de todo un planeta. Al mesianismo que impregna toda la obra, le añade en este tercer volumen un nuevo elemento épico: la evolución humana hacia la consecución de un superhombre. Leto Atreides, en comunión con el desierto de su padre, se transformará, se dejará "invadir" por las truchas de arena, el primer paso biológico en la evolución de los gigantescos gusanos de arena ahora en vías de extinción, y se convertirá en un ser distinto, un superhombre que, al final del libro, personificará la salvación última del planeta y, con él, de todo el universo.

 

 

DIOS EMPERADOR DE DUNE

Retomando los elementos establecidos en las tres anteriores novelas, y centrando su mirada en la figura, más mesiánica que nunca, de Leto Atreides II, ya convertido en un monstruo sobrehumano, Herbert ha dejado transcurrir tres mil años de tiempo desde el final de la trilogía y la elaboración de su "cuarto Dune". El éxito del libro ha sido tal en los Estados Unidos que su primera edición estaba ya prácticamente agotada antes de salir al mercado, y tras su aparición ha permanecido varios meses a la cabeza de los libros más vendidos... en su edición cara de tapas duras.

Dios Emperador de Dune retoma la tradición de los libros anteriores de la serie. Abandonando aquí ya casi definitivamente la acción y la intriga, el libro nos ofrece una interesante reflexión sobre la predestinación del destino humano, y un profundo análisis sobre la soledad del poder. En parte gusano, en parte hombre, Leto II deambula por los subterráneos del gigantesco mausoleo que es su ciudadela de Arrakis, rodeado por la única extensión de desierto que queda en su planeta. Odiado como un tirano y adorado como un Dios, rodeado por el coro digno de una tragedia griega de sus guardianas, Leto II prosigue su lenta metamorfosis que, con su destrucción, traerá la salvación de la especie humana.

HEREJES DE DUNE

Muchos años en el futuro con relación a la época en que se desarrollan los anteriores libros. Tras la expansión galáctica después de la muerte de Leto Atreides, comienzan a regresar los habitantes de Arrakis. El delicado equilibrio entre los diferentes pueblos que habitan el planeta será supervisado por Sheeana, una joven capaz de controlar a Shai-hulud, el gigantesco gusano de arena.

 

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