MI MUERTE ES AZUL

Este cuento se inspiró en la obra «Desnudo V», del artista plástico y escritor Eduardo Poggi.

Desnuda es perfecta, o eso me parece. La veo enorme, soberbia, con esos senos que son tetas, porque senos, en su caso, no significa nada.  “Senos” es casi un eufemismo a la hora de describir esas… ¿montañas?, ¿globos?, ¿deliciosas prominencias? …no…tetas, no hay otra palabra: soberbias tetas en el soberbio cuerpo de una soberbia hembra. Ese cuerpo no inspira poesía, inspira lujuria, hipnótica lujuria, catártica lujuria.

Ahí está, parada, con las manos detrás de la cabeza y el cuerpo girando en una pose de estatua griega clásica: las piernas hacía un lado, el torso hacía el otro. Una belleza al completo y por completo indiferente a lo que la rodea.
A mí, por ejemplo.

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LA CADENA

La vida, su vida, es una farsa. Hace como que le gusta ser contador, como que tiene experiencia, como que le importan sus vecinos, su familia, pero no…

…no le importa nada…bueno, no nada, no le importa eso…. ser contador, hacer como que tiene experiencia, como que le importan sus vecinos, su familia…

Es un actor de día completo. Le gusta pensar eso. No, no es un actor. Es un fraude de día completo. De chico imaginaba otra vida para él.

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LA LLAMADA

El hedor se anunciaba desde cincuenta metros, o más.
Primero era algo dulzón, después era insoportablemente dulzón.
Cuando llegué a la puerta me tuve que parar, en parte porque estaba aturdido por tanto ladrido de los perros y en parte porque ahora el olor era simplemente asqueroso, no hay otra palabra.
No soy de estomago delicado ni mucho menos, pero me vinieron arcadas.
Me sobrepuse, uno se sobrepone a casi todo, y abrí la puerta.
Todo estaba normal a la vista, me dije después de vomitar. Al olfato, en cambio, era “lo más podrido”, “la putrefacción”, no sé como definirlo.
Con un pañuelo tapando boca y nariz y tratando de respirar lo menos posible me metí en mi casa. Como dije, todo lucía normal a la luz de la tarde.
Bueno, no todo.

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